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Suicide Club: Sexo, mentiras y cobardes…

Publicado por yogursinsabor en Viernes, 26 marzo, 2010

“… yo me encontraba en la puerta de la residencia esperando a que Nana bajara con la chaqueta que se le había olvidado (y eso que hacía un frío curioso aquella mañana), cuando él llegaba con su bicicleta rosa, y al encontrarse con mi inexpresiva mirada, me dijo:
- ¿Que hay?
- Hola – lo saludé con naturalidad.
- Ha pasado mucho tiempo ¿Donde has estado metida?
- Me salió un orzuelo en el ojo…
Ni siquiera terminé la frase, porque me quedé loca al ver que se sentaba a mi lado… ¡Será mamón! Me tuve que armar de paciencia para controlarme:
- Así que mala de un orzuelo eh… – empezó sonriendo con aquella sonrisa que ahora tanto asco me da – Has estado muy rarita estos días…
- ¿Tu crees?
- ¡Pues sí! Por las mañanas te saludo y te haces la loca, en clase apenas me miras y cada vez que voy ha hablar con Nana y estas tú te vas pitando…
Nos quedamos en silencio, un silencio incómodo para mí porque tenía clavados esos ojos de cobarde mentiroso. Fue entonces, como si fuera un milagro, cuando vi mi oportunidad:
- ¿Sabes que pasa? Que lo que quiero es huír de ti; no me interesa tenerte en mi vida… porque para mí has perdido todo lo que tenías de hombre cuando me llamaste porque me hechabas de menos y por pasar de ti al día siguiente llegaste a clase lleno de chupetones. Pero hay algo que me consuela de esta triste historia de amor. ¿Quieres saber que es?
- ¿El qué? – me preguntó, fulminándome con la mirada.
- Que la tía que te tiras es fea como un demonio.
En ese instante salió Nana, y con una sonrisa en el rostro, tomé su brazo y juntas, dejamos atrás al Demonio de Rostro Angelical.

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Suicide Club; La directora de Producción que descubrió el secreto.

Publicado por yogursinsabor en Domingo, 21 marzo, 2010

Se llamaba Nayra Monzón Pérez.
Tiene 20 años.
Parece sacada de una revista de moda infantil.
Por lo visto han publicado su guión literario como el mejor de muchos años.
Pero es una cateta.

Hechos vistos por la directora de producción:

Desde que llegué al instituto, oí que las pocas chicas que habían en Realización Audiovisual eran unas monadas. A mí no me preocupaba eso, es más, ni siquiera me importa. No soy de esas chicas que trasnochan para arreglarse el pelo y se levantan con el kirikí del gallo para maquillarse… no me gusta vestir camisetas estrechas y tampoco llevar cinturones de vaquero. Sin duda, me considero muy diferente a ellas… tengo mi propia personalidad y en cuestión de chicos siempre que he ligado ha sido gracias a mi personalidad.
A estas alturas de curso, me ha quedado claro que incluso soy más inteligente que ellas gracias a mi experiencia en el primer corto que realizamos con los otros grupos. Pero a pesar de todo, creo que esta vez será diferente…
La primera vez que vi a la tal Nayra yo me encontraba en mi primera reunión como ayudante de producción y ella apareció buscando a uno de los chicos de realización. Él en cuestión era rubio, con ojos azules y de una belleza angelical fuera de mi estilo… y ella, ella parecía una muñequita de porcelana envuelta en bucles y de aspecto delicado. Una preciosidad. Admito que daba envidia ver a esa pareja, pero lejos de la envidia, en seguida comprobé quién era el postor en esa relación cuando ella apareció por el umbral de la puerta buscándolo con la mirada. Parecían una pareja de Hollywood.
Durante el corto no entablé ninguna conversación con el muchacho, pero las veces que me figé en él era porque lo oía alzando la voz y con el teléfono en la oreja. A la larga, justo el día que me enteré que la chica iba a ser directora del próximo corto, llegó a mis oídos que esa pareja tan envidiable habían roto.
La primera vez que entablé algún tipo de conversación con esa chica fue una noche en la que yo estaba lo suficientemente ebrio como para emborracharme con Yared y Patri… y para acordarme de todo lo que vi en el baño. Yo me encontraba en el Hada Verde, un bareto gótico famoso por sus absentas de cannabis, bebiendo hidromiel acompañada por mis amigas, cuando me entró la urgente necesidad de ir al baño.
Cuando entré en el baño la mareante y jacosa música electro sonaba como un eco molesto… dejando hueco a unos ruidos que descubrían a alguien que había abusado del alcohol… y ese alguien, no era ni más ni menos que la tal Nayra… Cuando abrió la puerta y nuestros ojos se encontraron, su rostro lloroso, enrojecido, se tensó y bajó rápidamente la vista. En ese momento yo estaba lo bastante ocupada para preguntarle si quería un pañuelo, pero ahora que lo pienso… ¿Me habría reconocido cuando descubrí su secreto?
Al principio pensé que podría haber sido a causa del alcohol… pero ahora que lo pienso sospecho cual es el problema… Su manera de actuar, sus largos silencios, su rostro asustado cuando alguien la miraba, su aguda torpeza… si que es patética para llegar a eso.
Y ahora la tengo en frente, leyendo en voz alta el famoso guión literario que han calificado todos los profesores como “El mejor en todos mis años de enseñanza”. Junto a ella se encuentra un chico que tiene más pluma que un pavo real, el chico coreano de sonido y una chica rubia, Sara, mas desabrida que un chocho.
Cuando terminó de leer intercambió una amistosa sonrisa con el de sonido dejando claro que el chico había sucumbido los encantos de la pelirroja.

Y ahora que la tengo en frente, y ahora que le enseñaré una introducción a la presión… me pregunto… ¿Que le llevaría a hacerse eso?

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Suicide Club; la torpe chica pelirroja

Publicado por yogursinsabor en Jueves, 11 marzo, 2010

Realmente esa chica era patética.

Visto por un chico con ojos rasgados;

Aquella mañana se me hizo pesada hasta que entró en el aula. Ya la había visto caminando a hurtadillas por el estudio buscando a True, pero hasta entonces no me había fijado en ella más de cinco segundos.
El día que me figé en ella yo estaba sumido en un profundo aburrimiento fingiendo escuchar al profesor de Física que había traído mi profesor de Física para que nos explicara las ondas de noseque tipo de radio… Entonces ella entró… acaparando la atención… No la acaparó por su llamativo pelo rojizo, sino porque al entrar en el aula la vi cayendo de boca (menos mal que mi “verdadero” profesor de Física la agarró antes de que rozara el suelo). No pude evitar sonreír… una sonrisa que se congeló al toparme con sus enormes ojos almendrados, su tez pálida que contrastaba con sus afilados y sonrosados pómulos… Aquella chica realmente era una belleza.
- ¿Que haces aquí? – le preguntó Elías, el que hacía que daba Física y nos traía a un profesor de verdad.
- Vine a capturar – musitó con la mirada baja – Es que abajo están todos los editores ocupados.
- Esta bien, esta bien… pero desenchufa los altavoces.
Asintió y cruzó el aula con un sigilo propio de un gato. Yo estaba sentado en la primera fila pero no me preocupaba la manera tan descarada en que la observaba.
Se detuvo entre los dos programas de edición hasta que se sentó en el que estaba en la esquina, junto a la ventana que daba al patio interior del instituto. Encendió el ordenador, abrió el Final Cut y metió la cinta en el editor… bueno, lo intentó un par de veces… hasta que yo me di cuenta de cuál era el problema; que estaba apagado… Sin duda verla en apuros era más entretenido que escuchar a este pesado.
- Mierda – la oí mascullar, ganándose la atención de alguno de mis compañeros.
Se me escapó una risita al ver la cara de mosqueo que puso el profesor.
- Creo que deberías encenderlo – le dijo Anton, uno de mis compañeros que estaba sentado cerca de ella.
Su cara, despejada de mareantes bucles pelirrojos, se enrojeció como su cabello. Asintió, se giró, encendió el cacharro y las barras aparecieron en la ventana del Final Cut.
Empezó a capturar imágenes que por lo que pude llegar a ver eran de calles y coches… Nunca he sabido muy bien de qué trata la especialización de Realización… porque tanto como a los de Imagen como a estos los veo con las DVCAM rondando por ahí… solo sé que los de Imagen se dedican a iluminar lugares.
- ¿Está Nayra por ahí?
Helen era la tutora de los chicos de Realización Audiovisual… y era la profesora más rara con la que me había topado en mi vida. Asomó su huesuda cara por la puerta buscando a la tal Nayra que resultaba ser la preciosa pelirroja:
- ¿Por qué estás aquí? – oí que le preguntaba su profesora.
- Los otros editores están ocupados – le respondió ella más roja que un tomate… seguramente por ser el centro de atención de tantos ojos masculinos.
- ¿Tienes aquí el guión técnico?
- ¿Cuánto queda para que empiecen a rodar tus chicos? – le preguntó Elías a la profesora.
- Empiezan la semana que viene – contestó la mujer mirando a su alumna – ¿Lo tienes o no?
La chica asintió, nerviosa:
- Voy a la cafetería así que puedes dejarlo sobre mi escritorio.
La chica volvió a asentir y la cabeza de su profesora desapareció.
En el tiempo que transcurría la clase yo miraba fugazmente a la muchacha que estaba capturando vídeos hasta que terminó de guardarlos en su disco duro externo y desaparecer llevándose consigo las ganas de conocerla.
Afortunamente, luego volví a verla rondando por los pasillos en busca de True, a quien afortunadamente le preguntaron por ellas mis sobrecargados compañeros:
- Ah, se llama Nayra… la conocí hace tiempo – respondió con su inusual indiferencia – Es buena piba y tal…
- Dirás que está buenísima – bromeó Luis, El Humilde.
Lo único que sabía de esa chica es que se llamaba Nayra… y True tampoco es que estuviera por la labor de extender su información sobre ella así que me bastaba con toparme con ese cabello rojizo por casualidad.
Pero días después, algo que nunca imaginé que pasaría ocurrió. En temas de rodaje, a los de segundo nos toca el marrón de encargarnos del audio de los novatos de primero… y yo hasta entonces no tuve en cuenta que podría tocarme en su grupo.
Tenía una excusa para hablar con ella… Bueno… realmente era una obligación porque nuestro tutor no tenía tinta para imprimir los guiones técnicos y nos dijo que habláramos con nuestro nuevo grupo de rodaje para que los fotocopiáramos.
La cogí hiendo hacía la sala de Multimedia… cuando oyó su nombre dio un respingo y se giró:
- ¡Hola! – le saludé con una sonrisa – Soy Yong, Pedro Guerra nos dijo esta mañana que nosotros pondríamos el audio en el corto de ustedes.
Al reaccionar, me devolvió una sonrisa que iluminaba su rostro de porcelana:
- ¡Ah, hola!
- No tenemos tinta para imprimir el guión… ¿Me podrías dejar el tuyo para fotocopiarlo?
- Ayer fui a la oficina de mi padre así que imprimí varios.
Empezamos a caminar en dirección al aula de Multimedia:
- Vaya… – dije sin saber con qué proseguir.
- Ya le estaba preguntando a Pedro Guerra quienes serían los chicos de sonido que nos tocarían esta vez. Ando estresadísima estos días…
- ¿Tú que función desempeñas en el rodaje? – le pregunté, contento de que ella pareciera de esas personas que le gustaban hablar:
- Soy la directora – respondió, ya sin sonreír.
- ¿Y no te asusta eso? – le pregunté con ganas de reír.
- ¿Por qué parece que te vas a estallar de la risa?
- Porque por mi experiencia sé que vas a sufrir lo insufrible.
Ella se limitó a sonreírme… realmente parecía que aquello no le importaba… Y cuando supe el por qué… me arrepentí de haberlo sabido.

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Suicide Club; antes de hacer un cortometraje lea las instrucciones o consulte a su médico de cabecera

Publicado por yogursinsabor en Martes, 9 marzo, 2010

Suicide Club.

Capitulo 1. ¿Cómo llegaste a ser directora?

“Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros. Por eso me encanta.”

Nota de la autora; cualquier parecido con la realidad es pura casualidad:)

Todo empezó el verano pasado, cuando saqué de nota media una cifra de la que soy muy humilde de no alardear. Desde que estudié el bachillerato de arte supe que quería estudiar en La Laguna Historia del Arte para transmitir mi pasión sobre las obras de Tiziano, Miguel Ángel, Da vincia turistas de todo el mundo… pero la vida da muchas vueltas… En mi caso fue la coacción de mis padres a estudiar un ciclo superior con el pretexto de:
- No vamos a pagarte una carrera que no te servirá de nada el día de mañana.
Y yo le respondí:
- ¿Y porqué le dejaste a Joel estudiar Historia?
- Porque por aquella época no había crisis – acertó a contestar mamá – Nayra, ahora son pocas las carreras que tienen salida y más si has sacado el bachillerato de arte. ¿Por qué no pruebas con un Ciclo Superior?
- Sacaste muy buena nota en Imagen y Sonido – intervino mi hermana mayor – Creo que hay un ciclo de eso en el Politecnico.
- ¿Eso para que sirve? – preguntó Joel, mi otro hermano.
- Creo que para hacer cortos y esas cosas – le respondió mi hermana – Vamos, eso es lo que me ha dicho Duna.
Mamá sonrió:
- ¿A ti no te gustan tanto las películas? ¡Deberías probar algo de eso!
- Una cosa es que me gusten las películas y otra que quiera hacerlas – le contesté con susceptibilidad – ¡Quiero hacer Historia del Arte!
- ¡Ya coño con la niña! – exclamó papá – ¿Por qué se empeña esta juventud a estudiar algo que no tiene salida?
- Se llama amor al arte, papá – le dijo mi hermano con sequedad.
- ¿Y por eso tu doctorado me cuesta más que tus cinco años de carrera? – respondió mi padre con tono despectivo.
Después de aquella discusión se avecinaba una hilera de acontecimientos en mi vida… un nuevo instituto, una nueva clase, un nuevo círculo de amigos y una nueva relación. Hasta entonces, yo siempre había sido ese tipo de persona que no entablaba una estrecha relación fuera del compañerismo, pero aquel año académico fue una excepción porque creí que había topado con gente que yo creía que era de confiar… Pero como ya te dije, la vida da muchas vueltas y por eso tarde o temprano te das cuenta que te has equivocado… sobre todo con esa persona qué crees que no te traicionará o que es como tu la has idealizado… Ese fue mi error; confíar.

Siempre hay algo de lo que arrepentirse… de lo único que me arrepiento es en haber confiado en él y sus camelos… en haber tomado en cuenta sus comentarios… porque gracias a eso peso 51 kilos… No debí hacerlo… pero lo cierto es que si no lo hubiera hecho no estaría donde estoy ahora; en la reunión más importante de mi carrera académica y que marcaría mi futuro profesional. No sé si Claudia y Eloy han hecho bien dejando este cortometraje a mi cargo… aunque creo (espero que no sea así) que ha sido porque realmente sienten lástima por lo que me acababa de pasar. Y aquí me ves; delante de un grupito de gente en un lugar sobrecargado de aburrimiento, estrés, irritación y las pocas ganas de estar ahí.
Me asusta la mirada inquisidora de Diana, la directora de producción, la cara soberbia de María la directora de iluminación y la cara de aburrimiento de los chicos de sonido. ¡Que se fastidien! A mí tampoco me hace demasiada gracia quedarme después de comer… pero es lo que hay ¿No? Prefiero adelantar las cosas que dejarlas a última hora… Además, creo que los de sonido no se sienten muy molestos por estar aquí a dos semanas de sus exámenes. Aunque entiendo la cara de mala ostia de la de producción… por el examen-cruxificción de Elias y tal…Y bueno… por la de iluminación no me preocupo… siempe la he visto con esa misma cara de comer chochos agrios.
- ¿Empezamos o que? – pregunta Diana con un tono poco amigable – Tengo cosas que hacer ¿Sabes?
- Y nosotros – respondió un chico de sonido; el único coreano que recordaba haber visto en el instituto – Pero no te preocupes por eso – añadió dirigiéndome una sonrisa.
Le devolví la sonrisa… y me di cuenta que hacía tiempo que no sonreía.

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Guión Literario – "El chico del ojo vago"

Publicado por yogursinsabor en Martes, 9 febrero, 2010

El chico del ojo vago

El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad.
George Bernard Shaw

Situación: Parada exterior o interior del Hoyo

Voz en off de Odile::
“Aquel día estaba sumida en mi propio aburrimiento; me había saltado las aburridas clases de don Elliot con una excusa que no tenía nada de mentira; me estaba quedando dormida y como era de mala educación hacerlo delante del profesor, prefería marcharme y dormir en mi propia cama. Sé que es una excusa no muy válida, pero me entenderían si asistieran a una de sus “estimulantes” clases sobre la propagación de la luz.
En el momento en que bostecé al recordar la Teoría Copuscular, vi algo que me llamó la atención; un chico. No era especialmente guapo pero tenía “ese algo”, ya sabes… ese atractivo especial que tienen cierto tipo de personas que te paras a mirarla dos veces por la calle… en mi caso, fue la seguridad que emanaban sus pasos, la forma tan desgarbada en la que se colgaba la mochila, su camiseta desteñida con un contraste de colores fríos y cálidos, sus pantalones anchos que arrastraba por el sucio suelo de la estación y sus deportivas que lo delataban como patinador.
Pero el factor más impactante de su atractivo, era, sin más ni menos, que su ojo vago. Cuando se sentó en el mismo banco y a unos pocos centímetros, sentí que no había marcha atrás; había quedado atrapada”

Yago mira a Odile y esta se sobresalta, desviando la mirada hacía el frente, avergonzada. El chasquea la lengua, asqueado y desvia la mirada hacía otro lado. Ella aprobecha para mirarlo y Yago le devuelve inmediatamente la mirada:

Voz en off de Yago:
“Aquel había sido uno de esos días en los que te preguntabas “¿Como puede existir esta persona en el mundo?… me había levantado a las seis y media para llegar a las ocho y enterarme que la vieja chocha no venía a clase por su tercera baja psicológica… Si lo llego a saber no hubiera escogido Cerámica de optativa… . Aun así, sentía llegar a casa, que la vieja me preguntara porque llegaba tan temprano y después de contestarle me preguntara ¿Y las otras claseS? Buff… si ella tuviera que aguantar al reprimido de Literatura y a la neurótica de Francés me entendería perfectamente… Pero como soy un adolescente se me estará permitido mentir ¿No? Bah, que más da… no íbamos a hacer nada interesante en clase.”

Yago coge a Odile mirándole:

Voz en off de Yago:
“Al verla me pregunté “¿Y esta qué coño estará mirando?” Bueno… era evidente lo que estaba mirando… Estoy acostumbrado a que la gente se quede mirando a “Ambli” y que luego se estremezca, que al hablarme la miren de reojo y que intenten fingir que no existe… pero jamás me había topado con alguien que la mire con tanto descarado. Cuando la volví a pillar mirándome me ofusqué “¿De que iba esa chiquillaja?”

Voz en off de Odile:
“¡Ah! ¡Me ha pillado! ¿Habré sido muy descarada?”

Yago: ¡Hola! (la saluda con hostilidad y le guiña el ojo sano)

Ambos desvian la mirada en dirección opuesta… pero ella, duditativa, se gira hacía él:

Odile: Perdona… pero… ¿Te conozco de algo?
Yago: Eso mismo me pregunto yo (responde él con una voz cargada de sarcasmo)
Odile: Entonces ninguno nos conocemos.

Yago le dirige una mirada llena de incredulidad
:
Yago: Pues no… pero por lo que me he dado cuenta te gusta intimidar a la gente.

Odile deja de mirarle, avergonzada.

Odile: Lo siento, no pretendía ser tan descarada…
Yago: No te preocupes, es normal que te quedes mirándolo.
Odile: ¿Mirándolo? (Pregunta extrañada)
Yago: Sí, mirándolo (responde molesto)
Odile: No te sigo…
Yago: ¡Coño, el ojo! (gruñe el chico señalándolo con el dedo)
Odile: Ah… ¡El ojo!
Yago: ¡Sí, el ojo! (dice el imitando la voz de la chica) ¡No me digas que no te has dado cuenta de mi ambliopía!
Odile: ¿Amblio… qué? (pregunta ella extrañada)

El chico gruñe unas palabras que ella no entiende

Yago: Nada… ¡Olvídalo!
Odile: ¿Se llama así? Es decir… yo creía que se llamaba “Ojo vago”
Yago: Esa es la manera más vulgar.
Odile: (Sonriendo) Y la más fácil. Lo siento por ser tan descarada.
Yago: ¿Nunca antes habías visto a una persona con el ojo vago?
Odile: ¡A mi abuelo!
Yago: Te recuerdo a tu abuelo.
Odile: ¡No es eso!
Yago: ¿Entonces?
Odile: Una chica no dice esas cosas.
Yago la mira con incredulidad:
Yago: Supongo que no… (dice con un suspiro)

Odile se inquieta, como quien busca las palabras adecuadas para decirlas:

Odile: ¿De verdad quieres saberlo?
Yago: Realmente no lo sé.
Odile frunce el ceño: ¿Quieres o no?
Yago: No te abrás escapado de algún psiquiátrico ¿Verdad?
Odile se cruza de brazos: Repito ¿Quieres saberlo o no?
Yago: Esta bien… quiero saberlo.
Odile: ¡Eres muy guapo!

Hay un momento de silencio entre ambos. Yago desvia la mirada y suspira:

Yago: Mira… a mí las bromas así como que…
Odile: ¡No es ninguna broma! ¡Es verdad! ¡Eres muy guapo!
Yago: ¿Tu abuelo también lo era?
Odile: Mi abuela dice que sí… ¡Pero tu lo eres más eh!
Yago: Ya veo que es genética lo de tu familia.
Odile: ¡Ya lo creo!

Ambos se quedan en silencio de nuevo, un silencio que es roto por Yago:

Yago: Y bueno… entonces… te parezco guapo ¿No?
Odile asiente. Yago sonrie asintiendo y luego mira al frente:
Yago: Anda, ha llegado mi guagua.
Yago se levanta y se gira hacía Odile:
Yago: Tengo que irme. Ha sido un placer conocerte.
Odile: Odile… Ha sido un placer conocerte, Odile.
Yago: Bonito nombre…. Odile. El mío es Yago.
Odile: ¡Te buscaré por el Tuenti!
Yago avanza hacía la guagua y Odile se levanta:
Odile: ¡QUE SEPAS QUE ERES MUY GUAPO!
Odile sonríe.

Voz en off de Odile:
Cuando supe su nombre sabía lo primero que iba a hacer cuando llegara a casa:
-Encender el ordenador.
-Conectarme a Internet.
-Buscar a todos los Yago de la isla.
- Y una vez le encuentre… agregarle a Yago, el chico del ojo vago.

Voz en off de Yago:
Fue en ese momento cuando admitiría que su extraño juicio no parecía hacerle justicia a su físico… pero igualmente estaba loca. Aunque… bueno… si me agregaba…. empezaría a saltarme las clases con mas frecuencia

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Guión Literario: La vida es un chiste.

Publicado por yogursinsabor en Domingo, 31 enero, 2010

“A fin de cuentas, todo es un chiste”
Localización: Bar Síbaris. Parque de Santa Catalina. Las Palmas de Gran Canaria. Noche.

Voz en off de Dácil:
“¡Maldita Inma! ¿Para que me hace venir hasta aquí con este puto frío si sabe que aun no va abrir? ¡Y yo sin el dichoso móvil! En peor momento se me ha ocurrido un arranque de orgullo… Aunque, viéndolo desde otro punto de vista me ahorraría el mal trago de no cogerle el teléfono a este capullo. ¡Pero eso no quita que me esté muriendo de frío!
Odio el clima de este lugar… es tan variable como la menstruación Tania… por la mañana hace 30 grados y por la noche 17… ¡No lo entiendo! Los meterólogos, mi abuela y sus amigas descartan que sea a causa del cambio climático pero en mis veinte años recuerdo primaveras calurosas, veranos infernales, otoños sofocantes e inviernos “suaves”. Y cuando digo “suaves” me refiero a temperaturas que no obligan a la gente a llevar encima una camiseta, un jersey y una cazadora para protegerse.
Inma ¿Donde coño estás? ¡Es que no lo entiendo! Si sabe que hemos quedado a las siete y media… porque se empeña en levantarse a las seis de la tarde e ir a comer a un lugar donde tardan años en hacer una ensalada de col…”

Dácil se da cuenta que hay una mujer frente a ella que observa la fachada del bar, baja la vista y camina calle abajo. Cuando ha llegado al otro extremo de la calle, da media vuelta y camina calle arriba.

Vozz en off de Dácil:
“¡Vaya!Parece que no soy la única que espera por Inma y su madre. Si está dando esas vueltas es porque el bar abrirá en breve (si no es que debería estar abierto ya).

Ah… que cansancio mental… Me gustaría saber si me estará llamando ese cabrón. Espero que sí, para que comprenda de una vez que no quiero saber nada de él… Si lo hubiera sabido antes… ¿¡Por qué soy tan tonta!? Debería haber puesto fin a esa relación desde que “No sé lo que siento por ti” salió de su boca. ¡Tonta de mí! Si lo hubiera echo me hubiese ahorrado lágrimas y quebraderos de cabeza.”
Dácil observa que la mujer vuelve a estar frente a ella observando la fachada del bar, baja el rostro y prosigue su camino calle abajo.
“Calle abajo, calle arriba, calle abajo, calle arriba… buena forma de luchar contra este puto frío… no como yo que lo he sucumbido plantándome aquí, junto a un pirata de yeso. Ahora que me fijo… todos los clientes de la madre de Inma son peninsulares que van a media tarde para beber una copa de vino y leer el Marca… Nunca antes había visto a esa mujer… por no decir, que nunca antes había visto a una mujer dentro del Sibaris que no fuera la dueña y sus hijas. Pero bueno, al menos no son unos borrachos pesado pero mucho tienen que aguantar por las peleas que se originan en el bar de al lado… un antro lleno de colombianos que siempre se pelean por mujeres.”

La mujer vuelva a hacer el mismo recorrido, observando la fachada del bar:

Voz en off Dácil:
“Me recuerda al gato de mi prima Luz… siempre que cruzaba el salón se detenía a observar brevemente a mi tío Esteban y seguía su camino a cualquier punto de la casa. Ah… tengo mono de macar teclas con números… a un número en especial… ¡Pero solo para insultar! Sin embargo… ¿Que insulto me falta por decirle, por gritarle…? Le he dicho cosas realmente crueles pero aun así, no me he quedado a gusto. ¡Que sentimiento tan contradictorio! Por un lado me apetece hablar con él, pero me da tanta rabia lo que ha hecho que no me quedo a gusto insultándolo… Y por otro… me apetece no saber nada de él. Dinia cree que la mejor arma para combatir contra él es la indiferencia. No sé si es la mejor manera… solo sé que cuanto más lo pienso más me desespero…
¡Tengo que quitarme a Adal de la cabeza de una puta vez!¡Cabrón manipulador!… Ay Dios… tengo que dejar de pensar en él”
Dácil sacude la cabeza. La mujer se detiene frente a ella y observa de nuevo la fachada. Dácil suspira y le dice:
- Disculpe… ¿Usted también está esperando que abra el bar?
La mujer la mira y sonríe:
- No cariño, yo soy puta.

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"No quiero morir"

Publicado por yogursinsabor en Miércoles, 2 diciembre, 2009

- ¡¡ODILE!!
El aullido desgarrador de May se ahogó con el estallido de cristales.

Sentía como la brisa invernal se clavaba en su piel.
Sentía como descendía lentamente sin saber a donde… No, si lo sabía… sabía que descendía hacía la muerte y por ello no quería abrir los ojos… Entonces, recordó el momento en el que vio por primera vez la guadaña de la Muerte y la luz… aquella luz que no pudo alcanzar porque una mano cálida la agarró y la devolvió a la vida.
Yago.
¿Eso significaba que no le vería más? ¿No vería más aquellos ojos que tanto le gustaban? ¿No volvería a oír su voz… ni a oler su aroma a menta?

Nuevamente se encontraba en aquel vagón, sentada en el asiento rojo. A través del cristal no se podía ver nada más que oscuridad.

“No… no quiero morir… ¡Esto debe ser una pesadilla!” pensó aterrada.
Abrazó sus piernas con fuerza y hundió su rostro, desolada.

“Es que no puedes morir, Odile”, dijo una voz.
La misma voz que le ayudó a asesinar al vampiro Drake… la misma voz que la alentaba a sacar el poder que ella tanto temía.

“No sé quien eres en realidad… pero… ¿Puedes sacarme de esta?”

“¿No decías que no querías mi ayuda?, le preguntó con escalofriante sorna la vocecilla.

“Quiero vivir”, reconoció Odile.

“Quieres volver a verle” rió él “Mucho debes amarle para querer mi ayuda”.

“¿Me vas a ayudar o no?”, preguntó molesta.

“No debería, pero si no lo hiciera sería un gran desperdicio… después de todo, eres mi ama”.

Odile se mordió el labio inferior para esperar el Gran Golpe… pero no pasó nada.

“¿Qué pasa?”, le preguntó a la voz. “¿Por qué no me ayudas?”

“No lo necesitas. Abre los ojos, Odile”

Los abrió.
El cielo estrellado de Fantasy se iba alejando rápidamente.
Iba a llegar su hora…
“Yago”

¡ODILE!
Una luz dorada surgió en la oscuridad y se abalanzaba sobre ella a gran velocidad… Odile ni siquiera tuvo tiempo de preguntarse que era esa luz hasta que sus ojos reconocieron qué se trataba de él… de Yago, el Arrebatador.
¡YAGO! – lo llamó con los ojos anegados de lágrimas.

Las lágrimas de la niña aterrizaban en el rostro del ángel que descendía velozmente para aferrarla una vez más.

Y cuando sus manos se entrelazaron… y cuando sus ojos se encontraron… un intenso resplandor dorado surgió de Yago.. haciéndolo más bello que nunca.
La estrechó entre sus brazos y ella, temblorosa, descansó su cabeza en su hombro.

¡Has venido! – sollozó la niña.
¡Claro que lo he hecho! – dijo él con voz temblorosa… tenía unas tremendas ganas de llorar – ¡Te dije que no te separaras de mí en la fiesta idiota!
Ella dejó escapar una sonrisa nerviosa. Su corazón latía aceleradamente. Alzó la mirada, chocándose con la del muchacho… fue entonces cuando se dio cuenta que estaba flotando en el aire entre los brazos de Yago.

¡Eh, mirad! ¡En el cielo!
El bonito suelo de palacio estaba bañado de una sustancia negra. Las enormes mesas estaban volcadas o destrozadas, al igual que las sillas, cuyas sobrevivientes estaban dispersadas por la sala o ocupadas por algún Cazador exhausto, cansado o herido.
Aun alejados uno de otros, observaban a través del aquella ventana por la que había salido un ángel disparado… como una hermosa luz dorada flotaba en el aire.
Lo ha conseguido – susurró Elba con una radiante sonrisa.
Ian también sonrió y se dirigió al pequeño anciano que estaba de pie encima de una de las pocas sillas que habían quedado intactas.
Por lo pelos ¿Eh?
Lo único que le voy a echar en cara a ese loco es el susto que nos ha dado.

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Summer Wars: El viejo loco

Publicado por yogursinsabor en Viernes, 2 octubre, 2009

Anoche vi un musical de Johnny depp y llegué a una conclusión de la que muchos me darán la razón si la captan en seguida; los musicales y cine porno tienen algo en común.
Ahí queda eso.

El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temeroso, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad.
Victor Hugo

- ¿A dónde estamos hiendo exactamente? – le preguntó Yaiza a su amiga.
Arrastraba los pies… como el que se resigna a caminar. Elba se preguntaba lo mismo, pero con más entusiasmo y buscando la diversión. Las callejuelas de aquel pueblo eran tantas y tan estrechas que no se había topado con la misma y les costaba avanzar por la multitud de personas que se paraban para curiosear lo que se vendía. La música resonaba de todos lados y el olor a comida, (de la cual no sabrían apreciar de qué clase) flotaba en el aire, acompañándolas. Aquello parecía surrealista, pensaba Yaiza. Hacía unas horas no había ni un alma por esas mismas calles.
- ¡Eh, ustedes!
Ambas se pararon. No es que fuera evidente que las estuvieran llamando pero les daba esa impresión… Creo que a ti también te ha pasado. Pero a ellas les costó descubrir de quien provenía esa voz.
- ¡Aquí, en frente!
Elba y Yaiza se encontraron con una cara arrugada como una pasa, con unos ojos hundidos que recordaban a un cierto personajillo artístico, a una barba canosa y a un ancianito calvo y con gafas de sol que escondían una mirada. Elba enarcó una ceja, con incredulidad. Yaiza, dubitativa, se señaló con el dedo.
- Sí, ustedes.
Ambas se dirigieron una breve mirada.
- ¡Vengan de una vez, coño! – les gritó él y las dos dieron un respingo.
No pasó cinco segundos para que las dos estuvieran frente a aquel extraño personajillo, que aguardaba de pie al otro lado de una mesa llena de una bisutería compuesta por minerales de distintos colores. Elba creyó que era para convencerlas de comprar algún anillo o collar, pero Yaiza dudaba; nadie podría tratar así a un cliente. A no ser que fuera un fan del doctor más rudo y desagradable de la televisión.
- ¿Nos llamaba? – le preguntó con amabilidad.
El ancianito era unas tres cabezas más bajo que ellas… y eso que las chicas no superaban los 1’60. Elba notó cierto parecido a un gremlin. Una sonrisa se dibujó en su interior.
- No veo a otra mocosa confiada por aquí – contestó el hombre con una voz de pito que difícilmente podrías contener la risa.
Por eso, Elba optó por incorporarse y fingir un ataque de tos. Yaiza sabía muy bien que le estaba pasando y en peligro de contagiarse, optó por mantener la compostura.
- ¿Para que nos llamaba? – preguntó.
- Ustedes no son de aquí – le respondió él – ¡Como puedes preguntarle eso a un puestero! ¡Es que no ves que te quiero vender o que!
Ese alzamiento de voz se ganó otro ataque de tos. Elba decidió alejarse fingiendo que lo estaba pasando mal. Y es que era para pasarlo mal. A mí me ponen delante a un enano con mal genio y voz de pito y por narices tengo que reírme… hasta tú te reirías. Sin embargo, Yaiza no se reía… estaba totalmente perpleja ante la actitud del arisco vejestorio:
- ¿Le habla así a todos sus clientes? – porque sino, no le extrañaría que nadie se acercara a su puesto.
- Solo a los que merecen la pena – contestó él dibujando una amplia sonrisa en su arrugada cara.
- Tendré que sentirme honrada ¿No? – dijo con cierta ironía la chica, ajena a la ardiente cara de Elba, quien seguía aguantándose las ganas de reír.
- ¡Por supuesto! – la voz del anciano era silbante, graciosa, pero firme desprendiendo respeto, por muy difícil que te resulta imaginarlo – Porque les voy a leer el futuro.
A Elba le entraron más ganas de reír y Yaiza se preguntó como iban a salir de ahí… bastante agobiada estaba por la muchedumbre de gente como para aguantar a un viejo loco. ¿Pero realmente ese viejo estaba loco?, se preguntaba de repente la muchacha:
- ¿Leer el futuro?
El asintió con brusquedad, y al levantar la cabeza clavó sus lentes en los ojos de la muchacha, sobresaltándola… porque la amplia sonrisa del ancianito loco se había esfumado:
- Así es. – alzó la ceja izquierda, como quien se siente sobrevalorado – ¿O es que acaso piensan que estoy loco?
La cara de incredulidad de Yaiza fue su respuesta:
- Bueno, da igual. Lo haré de todos modos.
- ¿Es usted un especie de oráculo? – preguntó, no, habló por primera vez Elba. Ya no sentía la necesidad de echarse a reír porque las cosas que tenían que ver con la adivinación le interesaban profundamente hasta tal punto de no recordar al pirata árabe de esa famosa película.
Y por primera vez, el anciano le prestó atención.
- Si así lo fuera… ¿Me creerían?
“Es evidente que no, viejo loco” , pensó malhumorada Yaiza. En ese mismo momento recibió un accidental empujón de la gente que transitaba a sus espaldas. ¿Sería su merecido? Quien sabe.
- Bueno – contestó Elba con una sonrisilla maliciosa, la misma que empleaba para regatear con los gitanos del mercadillo – Si nos leyera el futuro gratis claro que me lo creería. Es que somos estudiantes ¿Sabe?
El hombre volvió a elevar una ceja.
- Si dejara de cobrar a mis clientes por ser “estudiantes” – recalcó moviendo los dedos – viviría en la calle.
- ¿Nos quiere decir que vive de lo que le cuenta a la gente? – preguntó visiblemente sorprendida Yaiza.
- De ver el futuro de la gente – contestó – Se nota que no son de aquí… Mucha gente viene a verme para que les lea el futuro, para quitarle sus males de ojo… Pero no suelo elegir a mis clientes.
- Y por eso somos afortunadas ¿No? – concluyó Yaiza, dibujando una sonrisilla nerviosa, porque empezaba a estarlo – Bueno – tenía que salir de ahí, aquellas cosas le ponían los pelos de punta – es muy tarde, tenemos que irnos El…
- ¡De eso nada! – la cortó son una amiga sacando el monedero de su bolso lila – ¿Cuánto nos daría por leernos el futuro?
- 20 euros cada una.
- Que seamos de ciudad no quiere decir que seamos ricas. ¡Y mucho menos tontas! – protestó Yaiza.
- Diez – dijo su amiga, ansiosa.
El viejo suspiró, resignado:
- Tenía que intentarlo. Pero me queda el consuelo de que alguno haya picado.
- Seguramente no eran estudiantes – dijo con sarcasmo Yaiza.
Él no dijo nada. En silencio, se quitó las gafas de sol, deslumbrándolas con unos ojos tan puramente blancos. Yaiza pronto empezó a sentirse incómodo… y culpable:
- No soy ciego – dijo el, al ver como lo observaban las chicas – Simplemente tengo los ojos así.
Aun así, Yaiza y Elba no salían de esa mezcla de culpabilidad y sorpresa.
- ¿Por quien empiezo? – preguntó él, sacándolas de su ensimismamiento.
Ambas se miraron… y era evidente quien iba a hacerlo. Elba le tendió la mano al viejo:
- ¿Qué estas haciendo? – la chica retiró la mano, confusa – Tu has visto mucho la tele, niña.
- ¿No lee el futuro así? – preguntó Yaiza, tan confusa como su amiga.
- En el cine se lee así. Tampoco uso las cartas. Me basta solo con mirar a una persona a los ojos.
- ¿Le vamos a dar veinte euros para que nos mire a los ojos? – balbuceó la chica – ¡Venga ya!
Elba, aun esperanzada, buscó la mirada del ancianito y pronto la encontró… ¿El resultado? Un inesperado escalofrío en la nuca:
- ¿Qué opinas de la palabra amor, chica?
Se restregó el cuello… y a duras penas contestó:
- El amor es para las películas.
Yaiza la miró… Elba era así de cortante con ese tema. Seguramente te parecerá una estupidez la contestación de la chica, pero viniendo de una niña que ha crecido en el seno de una relación inestable por parte del guaperas de Isaac y su mujer, comprenderías la postura de Elba. De ahí a que la chica nunca tuviera una relación estable con un chico, de ahí a los tantos rumores que ponían en duda la moralidad de Elba. Yaiza sabía que su amiga no era virgen, que no era ninguna santa cuando se trataba de un chico, o varios… pero era una buena persona… tan solo que no estaba dispuesta a caer en eso… ¿O sí?
Finalmente el anciano contestó:
- Quien se ríe del amor… acaba enamorado.
El corazón de Elba ganó velocidad y nuevamente volvió a recorrerle un escalofrío por el cuello.
- ¿Qué quiere decirme con eso?
- Que este verano te enamorarás – contestó Yaiza – Algún día tenía que tocarte.
Su amiga le dirigió una mirada malhumorada. El viejo, ignorando la conversación, continuó, pero con Yaiza:
- Y tú te enfrentarás con tu peor enemigo. Superarás tus miedos.
A Yaiza también le recorrió un escalofrío por el cuello y también el corazón empezó a bombearle con rapidez. Aunque no lo dijeran, era evidente que se empezaban a sentir inquietas… Por eso mismo no se regañaron cuando le pagaron al anciano.

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Summer Wars: ¿Lambrusco?

Publicado por yogursinsabor en Viernes, 2 octubre, 2009

Aquella noche, todas las chicas eran guapas en Bahía Blanca. Los puesteros estaban felices por la abundante clientela. Las luces, de diferentes colores marcaban el paso y adornaban las callejuelas del pueblito. Todos los habitantes de Bahía Blanca estaban felices por las fiestas de Santa Flavia. Los niños reían y correteaban de un lado para otro, en cada esquina los jóvenes festejaban con una cerveza en la mano, las parejas se besaban apasionadamente y los viejos reían y reían por la felicidad que les embriagaba.

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Voltaire.

- ¿A que hora volverás a casa? – le preguntó Coral a su hermano mayor.
Ione miró a sus amigos, cada uno con una litrona en la mano.
- Mejor te llamo ¿Ok?
Ella también pensó que era lo mejor. Esperó con el pequeño grupo de amigos que Dante se encontrara con ella. Pronto llegó ese momento.
- ¡Por fin te encuentro!
- ¡Que pasó, Dante! – saludó amistosamente Yong a un chico moreno que se habría paso entre el gentío que caminaba en todas direcciones.
Pero no tan moreno como Jonás. Dante tenía ese bronceado que se consigue tras varios años practicando surf. Su cabello era tan dorado como la arena y sus ojos castaños.
- Aquí andamos – respondió este saludando levemente con la cabeza a Ione y a Jonás hasta que su mirada se posó en la chica bajita y rubia que lo miraba con curiosidad – ¿Qué?
Coral frunció el ceño:
- Eso digo yo. ¿Qué quieres que hagamos los dos solos por aquí?
- ¿Una cita? – bromeó Yong y Jonás sonrió con malicia.
Al único que no le hacía gracia esa situación era a Ione:
- ¿Qué piensan hacer los dos solos por aquí? ¿Dónde está Loki?
- Estará haciéndole el amor a su Mc Air – contestó con una carcajada Yong, contagiando al propio Jonás – ¿Por qué no vamos a comprar algo de beber y nos vamos al puertillo?
- Allí es el concierto ¿No? – dijo Coral con curiosidad.
- Es buena idea – dijo animadamente Dante – ¿Qué compramos?
- A mi me apetecería Lambrusco – respondió Yong mirando a sus amigos.
- ¿Lambrusco? – preguntó con condescendencia Jonás – ¡Ni hablar! ¡Eso no coloca nada!
- Pero estamos falta de perras y eso es lo más económico que hay – dijo Ione y Yong asintió, en señal de que estaba de acuerdo con el otro.
- ¿Llevo la cachimba? – propuso Dante – Hace tiempo que no la saco y…
- Estará repleto de policías – lo cortó Jonás.
- Pero no tenemos porque fumar “tabaco” – dijo Ione mirando de reojo a su hermana pequeña.
Aunque no fueran muy amigos, había veces que Dante se unía a Ione y sus amigos para fumar algo que no era ni fruta ni tabaco. Y si era cuestionable la buena relación entre los hermanos García, sabía que la tan sola idea de que Coral fumara la planta de la risa, a Ione no le sentaría bien. Pero estaba seguro de que la chica no era tan tonta de creerse de que su hermano no había probado ni un cigarrillo.
- Podemos fumar sandía o cereza. – propuso nuevamente Dai – El de cereza es un poco fuerte pero está bastante bueno.
- Jamás he fumado en una cachimba – reconoció Coral con una amplia sonrisa.
- Eso se puede arreglar – le dijo Yong, quien poco tardó en captar la asesina mirada que le dirigía el hermano de la chica – O no. Dante, yo que tu lo dejaría para otro momento.
- ¿Por qué? – preguntó este, ajeno a lo que ocurría – Estaría bien fumar un poco de cereza mientras vemos la amanecida.
- Voto por ir en busca del lambrusco y de los vasos – se ofreció Jonás.
- Yo voy contigo – dijo apresuradamente Ione y se dirigió al resto del pequeño y extraño grupo – Coral ¿Llevas el móvil? Te llamaré cuando salgamos de la tienda.
- ¿Dónde piensan comprar la bebida? – preguntó Dai – Que yo sepa ningún local vende a partir de las diez y media.
Yong y Jonás sonrieron:
- Eso nada… se hace una visita a Toti Tun Sun. – respondió con simplicidad Ione, aunque en el fondo, esperaba que semejante personaje estuviera en su casa.
Pero a Dai, la idea de visitar al suministrador más joven de bebidas alcohólicas de Bahía Blanca lo ponía de mal humor. Detestaba ha aquel chiquillaje. Si te dijera que ni él sabía el motivo…
Pero yo si. Y te dejaré con la intriga.

No sigo relatando lo que ocurrió después de que aquel pequeño grupito se separase. Me interesa que sepas lo que pasó minutos después….

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Summer Wars: El comienzo de todo

Publicado por yogursinsabor en Domingo, 23 agosto, 2009

La gente joven está convencida de que posee la verdad. Desgraciadamente, cuando logran imponerla ya ni son jóvenes ni es verdad.

Jaume Perich

Aquí la Anónimamente Anónima. Lista para contarte la conversación que tenían Yong y Jonás después de dejar a las chicas en el hotel de Isaac y de recibir la ofuscada regañina de Ione. Puede que esta conversación fuese algo corriente entre los chicos, pero luego verás que es algo tan importante como llevar ropa interior.

No muy lejos, bueno, quizás a dos kilómetros, dos luces intermitentes que reflejaban una enorme camioneta negra, se adentraba en el bosque El Pino a través de un pequeño y pedroso camino. Si fueras un forastero, seguramente no te atreverías a cruzar ese bosque en plena noche porque te acordarías de los altos y frondosos bosques que salen en las películas americanas porque ahí se comenten infinidades de asesinatos. Pero para dos aldeanos como Yong y Jonás, cruzar aquel oscuro boscaje era la parte más molesta del trayecto. Todo lo hacían por su amistad con Ione. Y por que no querían aguantar sus quejas. El que conducía aquella camioneta era su dueño, un chico de rudas facciones, moreno, de enormes ojos azules y con parte de la cabellera llena de decenas de rastas. A su lado se encontraba el coreano agarrado, Yong, un chico de cabeza redonda, ojos rasgados y un desbaratado cabello cobrizo que ondeaba en distintas direcciones.
- Siempre está callado – opinó el chico de las rastas – Y cuando no, es para insultarnos.
- Pues hoy tenemos que dejar que nos diga de todo. – dijo Yong abriendo la guantera para sacar el porta CDs de su amigo. – Le hemos dejado colgado por veinte euros.
En seguida Jonás se dio cuenta de lo que pretendía su amigo:
- ¿Vas a cambiar el CD? ¿Es que no te gusta Dikers?
- Prefiero escuchar a su padre, aunque no sea coreano – contestó con simplicidad el otro mientras ojeaba los discos de su amigo – ¿No tienes algo que sea música de verdad?
- Coreano no – acertó a contestar el otro – Mira tío, este es mi coche y por lo tanto se escucha lo que yo quiera. Así que te aguantas.
- Desde que tu viejo te compró la camioneta te has vuelto un subnormal – soltó Yong con indignación – Cuando mi padre te llevaba a la facultad siempre te preguntaba si no te importaba que pusiera su música.
- ¡Por que no entendía coreano! – Jonás estaba empezando a hartarse del maldito Yong.
- ¡Pues por esa regla de tres no escuches esa mierda de SUM 41 ¡Por si no te has dado cuenta, es en inglés!.
Su amigo sonrió con suficiencia. A diferencia, por no decir muchísima, de Jonás, en aquel pequeño grupo de amigos Yong era el más coherente, el más realista y el más maduro. Su sentido de la coherencia siempre sacaba de sus casillas al alocado y obstinado Jonás, por ello siempre esperaba al mínimo despiste del coreano para demostrarle que el también podía ser “coherente” y “astuto”:
- Pero el inglés es el primer idioma más hablado del mundo.
- Discrepo – lo cortó el otro – Es el tercero idioma más hablado del mundo, por detrás del chino y el castellano.
Jonás lo miró con incredulidad.
- ¿Qué estás hablando? ¡Todo el mundo sabe que es el inglés!
- Lo vi en Wikipedia.
- ¡Ah claro, si lo dice Wikipedia…!
Yong negó con la cabeza, indignado. No le gustaba dárselas de listo, pero era en contadas ocasiones, por no decir, escasas, las cuales su amigo podía presumir de cultura general. Por ello, decidió tragarse su orgullo y dejar de hablar, porque así también lo haría Jonás, aunque claro, creyendo ciegamente que tenía razón.
Afortunadamente, aquel silencio se acabó cuando aparcaron junto a la ranchera marrón de los García.
- ¿Por qué coño han tardado tanto?
Jonás dio un respingo y Yong se irguió.
- ¡Cabrón!
Los intermitentes enfocaban a un muchacho rubio, de esos que solo te encuentras en revistas de surf y con una mirada tan siniestra que aun intimidaba a sus amigos. Ese era Ione García. El enfadado Ione García.
- ¡No nos des esos sustos! – le reprochó Jonás – ¿¡Es que aún no sabes donde vives o qué!?
- Solo te falta el hacha – dijo Yong con una nerviosa sonrisa.
Ione, aun con la mirada clavada en aquellos metenegras, siguió en silencio hasta que finalmente dijo:
- Se han salvado; el arsénico está dentro.
- Isaac nos pidió que fuéramos a recoger a su hija a la estación de guaguas y cuando volvimos… – contestó cansinamente el asiático – la mayor parte de las carreteras estaban cerradas.
Jonás no habló, desde que había conocido a esas dos pijas de la ciudad estaba bastante irritado. Tenía la vaga esperanza que la verbena cambiara un poco su estado de ánimo.

Esperen un momento! ¡Quieto parado! ¡Se me ha olvidado contar lo que pasaba dentro de la residencia García mientras estos tres discutían!
Sí, soy un poco novelera. Si no fuera por cierta serie televisiva podrían llamarme La Reina Cotilla, pero dado de lo que trata, prefiero que me llamen Anónimamente, Anónima. Pero soy tan cotilla que intentaré multiplicarme para contarte, todo, todo, lo que ocurre dentro del pueblo de Bahía Blanca

A lo que íbamos, dentro del salón de los García, tumbados sobre el enorme sofá de cuero negro, se encontraban Coral y Viejito, comiendo papas mientras veía uno de los éxitos de Kevin Smith, Clerks II. La chica había perdido la cuenta de las veces que había visto esa película, aun así, ha ella seguía haciéndole gracia las partes más cómicas del filme. En el mismo instante que los protagonistas discutían y comparaban la calidad de las magníficas obras de George Lucas y J. R. R. Tolkien, el móvil de Coral avisaba de que tenía una llamada.
Era su mejor amigo, Dante. Dan, para los colegas.
- ¿Qué pasa? – preguntó algo molesta la chica, puesto que se estaba perdiendo una de las partes más graciosas de la película
- Yo también me alegro de oírte. – contestó un interlocutor con voz grave – ¿Qué vas a hacer esta noche?
- Ver Clerks II con Viejito.
- ¿Nayra y los otros no salen? – preguntó extrañado Dante.
- Pues no. Nayra está con sus abuelos y aunque estuviera aquí estaría con Yong. Dácil dice que para salir nosotras dos se queda en casa y Loki… bueno, ya sabes que está con su novia Mc Air.
- ¿Y por qué no me llamaste? – aquella pregunta, tan irritada, la cogió desprevenida.
- A decir verdad, no sé… – más que nada, porque en sus trece años de amistad nunca habían salido a solas – Suponía que dirías lo mismo que Dácil.
- Yo no me quedaría un viernes por la noche en mi casa para ver manga y telenovelas japonesas – se quedó callado y por alguna razón que no llegaba comprender… a Coral le empezó a latir aceleradamente el corazón – ¿Quieres que te vaya a buscar? Mi hermano ha dejado la moto aquí…
Viejito, que había estado observando las distintas caras que había puesto su nieta en menos de cincos minutos, dijo:
- Dile que no venga. Jonás estará encantado de llevarte.

No creo que Jonás estuviera muy encantado. Te lo digo porque cuando se enteró que tenía que esperar a que otra fémina se arreglara, apretó los labios y juro que cuando alguien no lo viera, iba a pegarle un puñetazo a un tronco. Sí, Jonás tenía más carácter que Ione. Pero a diferencia de Ione, no se podía callar lo que pensaba. Y eso es lo que más te enganchará de esta historia. Oh, sí.

Y lejos de aquel paraje que te quitaría el aliento si lo vieras de día, se encontraba otro más turístico y más comercial. En lo más alto de la más alta loma de los al rededores del pueblo, estaba el rústico Hotel Bahía Blanca. Tan blanco y repetido como las casas del pueblo, pero con una fachada romana. Sí, una fachada romana donde aguardaban Elba y Yaiza a que el padre de la primera dejara a todo su equipo en orden y las alcanzara hasta el pueblo para que ambas pudieran distraerse un rato.
Pero si tienes curiosidad por saber si Elba realmente insultó o le reprochó algo a su padre, creo que no malgastaré mi tiempo en decirte como fue el reencuentro.
No hubo insultos y tampoco reproches. En cuento la niña vio a su padre se olvidó que estaba enfadada. Si vieras al guapo padre de Elba, entenderías por qué.
- Este lugar es precioso – suspiró la hija del casanova cuarentón, contemplando las vistas que ofrecía las puertas del hotel.
Yaiza no podía negar que aquel sitio fuera bonito. Y que las vistas del puerto, y de las playas, y de las estrellas, y de las luces que provenían de las casitas del pueblo le daban un toque postimpresionista. Pero no dejaba de sentirse nerviosa por todo lo que había pasado aquel día… Se había despertado bajo un batín verde y oliendo a penicilina y se iba a dormir en el paraíso.
Era todo muy surrealista. Miró a Elba… y no sabía que pensar. Estaba preocupada por ella. Una hora atrás había discutido a su madre, haciéndola comprender que lo que habían hecho era por su bien. Dana, la madre de Elba, había prometido no delatarlas a la madre de Yaiza, pero la última aun se sentía insegura en aquel paraje.
- ¿Cómo están las dos chicas más guapas de la verbena de Santa Flavia? – la voz de Isaac la despejó de sus preocupaciones.
El guapo Isaac. Muy guapo, chicas. A mí, y seguramente a ti si lo vieras, me recuerda a Sawyer, el estafador de Lost. Con ese cabello rubio, esa mandíbula cuadrada, esos ojos azules y ese moreno exótico… Sí, está tremendo. La mitad de las mujeres de Bahía Blanca babeaban por el papá de Elba y la otra mitad querían darle una paliza… A veces ser extremadamente guapo, es un problema.
- Muy bien ahora que está el hombre más guapo de Bahía Blanca con nosotras – contestó con orgullo su hija.
Papá le pasó el brazo por encima a su niña, dejando que Yaiza guardara las distancias.
Dentro de la camioneta blanca, empezó otra conversación que dará pie a los sucesos que ocurrirían aquella noche:
- ¿A que hora quieren que las vaya a recoger? – preguntó el padre de Elba mientras ponía la llave en el contacto.
- ¿Sobre la una? – Yaiza asintió – Sobre la una, papá.
- Yo también quiero pasármelo chachi esta noche, así que mejor las recojo a las dos. – se dirigió a su hija – ¿Llevas el móvil?
- Por supuesto – contestó con una encantadora sonrisa.
- Pues allá vamos – dijo finalmente Isaac, arrancando la camioneta blanca.

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Summer Wars: La llegada de Elba y Yaiza

Publicado por yogursinsabor en Miércoles, 19 agosto, 2009

Si vas a Bahía Blanca, que no te confunda sus casitas blancas con sus ventanas y puertas azules, tampoco sus verdes paisajes, la brisa costera y el mar, tan puro como la sonrisa de un niño. No, no estás en un pueblecito de Grecia. Y tampoco en otra isla del Mediterráneo. Ni yo misma sé donde queda el pequeño pueblo costero donde viven Ione y sus amigos.

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.
Khalil Gibran.

No es difícil de imaginar lo que estaría pensando Ione sentado en el porche, por eso, no creo que haga falta contarte los pensamientos de un aburrido muchacho y me centraré en lo ocurrido en el pueblo de Bahía Blanca unas horas antes de que este chico acordara con sus amigos la hora en que lo irían a recoger.
Horas antes, concretamente en la estación de guaguas, sentadas sobre un banco de madera, se encontraban dos chicas. Cualquier aficionado al cine que pasara por ahí, sonreiría al verlas.
“Thelma y Louise”.
A la típica vieja huraña, entrometida y novelera del pueblo no le importaría estar de pie detrás de la cortina hasta saber quien venía a buscar a esas dos chicas, porque por supuesto, esa vieja novelera conocía a todos los habitantes de Bahía Blanca.
Las dos chicas que estaban sentadas en los bancos de la pequeña estación de guaguas, no tenían ni idea de que estaban siendo observadas por los frikis del cine y por las noveleras. Aunque si lo supieran, te juro por lo que más quieras, que les daría igual, incluso, a Elba, la chica de la melena castaña recogida con una coleta alta, le haría gracia.
Pero a Yaiza, la chica de la media melena cobriza, no sé si le haría gracia. Ya estaba bastante molesta por haber accedido a pasar las vacaciones en aquel pueblucho para que ahora la estuvieran observando con lupa unas viejas que no tenían otra cosa que hacer que hablar. Y es que Yaiza odiaba esas cosas.
- ¿Tu padre no nos estaba esperando aquí?
- Se suponía – contestó Elba con una amplia sonrisa – Hacía tanto que no venía a este pueblo…
- No hace falta que me digas el porque – le cortó la otra observando los pequeños comercios, las repetidas fachadas blancas de los edificios del pueblo, la escasa gente que caminaba por la calle y la ausencia de coches.
Elba ladeó la cabeza, cansada de las quejas de su mejor amiga. A ella tampoco le hacía ninguna gracia tener que veranear en aquel pueblo olvidado de la mano de Dios, pero era la mejor opción después de haber salido de la ciudad en aquella situación.
No, no eran fugitivas… lo que pasa es que… bueno, eso ya lo comprobarán a lo largo de esta pequeña historia de verano.
- Yaiza – realmente la paciencia de Elba no tenía límites – Las dos acordamos venir aquí a descansar de todo.
- Accedí porque ya estábamos dentro de la guagua… ni siquiera te molestaste en preguntármelo cuando viniste a secuestrarme a la clínica.
- Pues si lo hubiera sabido dejaría que te quedaras ahí todo el verano.
Yaiza no dijo nada, más que nada porque su amiga tenía razón. En realidad aquel muerto pueblo era mejor que estar encerrada entre cuatro paredes, que comer asquerosamente y que el olor a penicilina. La chica de la media melena, de los enormes ojos verdes, era una mal agradecida, pero porque era una orgullosa que le costaba reconocer el esfuerzo, la valentía de su amiga por ayudarla arriesgándolo todo, incluso, la inquebrantable confianza de su madre.
Elba lo había arriesgado todo, por ella.
No tenía miedo por la reacción de sus padres cuando el hospital les llamara diciéndoles que su “enferma” primogénita no estaba drogada en su cama, sino por lo que le podía pasar a Elba.
Pero por suerte, Elba tenía una coartada; su padre. El señor Sosa había accedido a que las dos pequeñas fugitivas (es que no hay otro sinónimo para calificarlas) se hospedaran en su pequeño hotel todo lo que restaba de verano. Claro está, después de haber oído el por qué de esa huida.
- ¿Has apagado el móvil? – le preguntó Elba a su amiga.
- ¡Por supuesto! – soltó con incredulidad Yaiza – ¿Por qué crees que no ha sonado? – negó con la cabeza, indignada – A veces tienes cosas de…
- Esta noche llamaré a mi madre para explicárselo todo… creo que tu deberías llamar a la tuya mañana… más que nada, para que no se preocupe.
Elba tenía razón, lo sabía, pero la idea de llamar a la neurótica de su madre le ponía los pelos de punta. La creía capaz de pinchar el teléfono con tal de saber donde se encontraba… y si la encontraba, volvería a aquella clínica que tanto detestaba. Entonces, se miró las muñecas, adornadas con multitud de pulseras de cuentas, que escondían la razón de su internamiento, de las terapias diarias y de aquella fuga imprevista.
Suspiró con resignación… ¡En qué lío se había metido!
- ¿Y si tiene pinchado el teléfono?
- Realmente me lo creo todo de tu madre – contestó con una sonrisilla maliciosa su amiga – Mañana por la mañana cogeremos el coche de mi padre y te llevaré a algún pueblo que esté alrededor, o sino, a algún área de descanso para que la llames.
- Esto es como las películas americanas – musitó Yaiza.
- ¡Pero nosotras no hemos matado a nadie, ni robado un banco!
- Solo hemos inquebrantado un par de leyes – dijo con sarcasmo Elba.
- Tú ya tienes dieciocho años, podrías haber salido de ese loquero cuando quisieras.
Elba volvía a tener razón. Sí, podría haber salido cuando quisiera… pero eso significaría volver a tener que enfrentarse al mundo, a él en sí… Porque, después de lo que había ocurrido, él iba a volver… y no sabía si iba a poder soportarlo. Lo único positivo de estar encerrada entre cuatro paredes, era estar lejos de todo… y de Omar.
- ¿Hola?
Una voz ronca y masculina la alejó de sus recuerdos. Cuando se quiso dar cuenta, dos chicos, uno asiático y otro moreno, estaban delante de ellas mirándolas con una mezcla de vergüenza y curiosidad.
- ¿Hola? – repitió Elba con una sonrisa nerviosa.
- ¿Son Elba y Yaiza?
Ambas se irguieron. ¿Las habían descubierto? Por la mente de Elba pasó todo lo que había visto en esas famosas películas americanas; policías de paisano, espías de la policía… Ya les digo… Todo lo imaginable. Pero fue Yaiza la más directa:
- ¿Quién son ustedes?
- Me llamo Yong – señaló a su amigo con la cabeza – Y él es Jonás. Isaac nos ha pedido que vengamos a recogerlas porque tiene mucho lío en el hotel.
Yaiza suspiró, aliviada. Sin embargo, Elba se mosqueó. La última vez que vio a su padre había sido el verano anterior, cuando la llevó a Ibiza y supuestamente, él le había dicho que le encentaría que se replanteara vivir con él en aquel pequeño pueblo costero… Aquel último año, apenas recibía noticias suyas pero creía que era por lo ocupado que estaba con el hotel… y cuando volvió a llamarlo para explicarle sus planes de verano estaba tan contento que le aseguró que la iría a buscar personalmente… Pero ahora, que estaba delante de ese chino con esos pelos tan raros y con el otro que tenía una mirada tan extraña… se replanteó si realmente iba a pasar el tiempo que quisiera con su padre.
- ¿Mi padre les ha mandado venir a buscarnos? – preguntó con un hilo de voz.
Yaiza enarcó una ceja… Conocía bastante bien a Elba para saber cuando se avecinaba uno de sus berrinches… pero el tiempo hace madurar a la gente y tan solo le quedaba esperar a verla insultar a su propio padre cuando estuvieran a solas.
- Está muy ocupado con la clientela – respondió el chico moreno, ese Jonás – ¿Nos vamos? Dentro de poco cortaran la calle porque empezará la procesión.
- ¿Qué es una procesión? – preguntó con curiosidad Yaiza.
Yong y Jonás se intercambiaron una mirada llena de malicia. No creo que haga falta decirte que estarían pensando.
Tras dejar las abultadas maletas en la parte trasera de la camioneta negra, y arrancar, empezó nuestra historia. Bueno, exactamente cuando Yong rompió aquel incómodo silencio:
- Y bueno… ¿Estudian o algo?
- Sí – contestó Elba – Este año hicimos la PAU – la joven notó la asesina mirada de Yaiza – ¿Y ustedes?
- Por supuesto – respondió sonriente el chino – Sino, de aquí no salimos señorita ¿Verdad, Jonás?
- A mi me gusta vivir aquí – dijo el otro de manera cortante.
Tan cortante, que por alguna razón Elba se sintió molesta:
- ¿Y que están estudiando? – preguntó Yaiza.
- Jonás estudia Historia y yo estudio Biología ¿Qué pensáis estudiar vosotras?
- Me han admitido en Bellas Artes – contestó con orgullo Elba y miró a su amiga – Yaiza está pensando en estudiar Historia del Arte.
- Para eso te aconsejo que estudies Historia – dijo entonces Jonás.
- A mi me gusta muchísimo Historia del Arte. – acertó a decir la chica.
Yong rió y Elba soltó una débil risita.
- Sé que esa carrera no tiene muchas salidas… – empezó a decir Yaiza, pero fue interrumpida por Jonás.
- Por no decir, ninguna.
- Historia tampoco tiene ninguna salida que aporte algo al mundo. A no ser que prefieras morirte del asco en un museo de mala muerte y buscar información sobre un aburrido pueblo. A lo más que puedes aspirar es a ser un profesor de instituto.
Lo que Yong no se había atrevido a decirle a Jonás hacía un año cuando hizo la preinscripción a la Universidad, aquella chica se lo había dicho en tan solo media hora y con palabras que seguramente le había herido el orgullo. Ya no confiaba en los veinte euros que Isaac le había dado a cada uno a cambio de llevar sanas y salvas a las chicas hasta el hotel.

Anónimamente, anónima.

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Summer Wars

Publicado por yogursinsabor en Martes, 18 agosto, 2009

El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento.

Erasmo de Rótterdam.

“Fuerte aburrimiento” pensaba Ione.
- ¿Estas aburrido? – le preguntó Viejito antes de darle la última calada al cigarro que tenía entre el índice y el corazón.
- En absoluto.
- ¿Jonás no venía a recogerte?
El chico también se preguntaba lo mismo. Hacía unas horas había quedado con sus amigos a eso de las siete y media… y eran las diez de la noche. No es que sus amigos fueran el colmo de la puntualidad, pero nunca se habían retrasado tanto tiempo. Tampoco se habían dignado a mandarle un mensaje al móvil. Y eso le extrañaba, porque el móvil del coreano era de contrato y no le creía tan rácano de no avisarle por texto por eso del ahorro de quince céntimos.
- A lo mejor tuvieron un percance por el camino – dijo entonces su abuelo.
Su nieto negó bruscamente con la cabeza:
- Aunque tuvieran un accidente por el camino, te aseguro que hubieran tenido cobertura y me habrían llamado. Al menos antes que a Isidoro.
Isidoro era el estricto padre de Jonás e Ione sabía que si al coche le pasaba algo… el primero que lo sabría sería el comprensible Viejito. Después de todo, esa camioneta negra había sido el regalo por la matrícula de honor en su primer año en la carrera de Historia.
- Tienes razón – dijo Viejito, apagando el pitillo en el cenicero verde que estaba posado sobre su muslo – Entonces se habrán retrasado por algo que no tiene nada que ver con el coche. ¿A dónde pensaban ir?
- Íbamos al pueblo porque esta noche empezaban las fiestas de Santa Flavia – contestó el chico – Loki nos dijo que hoy tocaría un grupo de la ciudad.
Su abuelo asintió con la mirada pérdida en la enorme luna amarilla, rodeada de centenares de estrellas que hacía tiempo fueron la diversión de noches familiares con sus ya mayores nietos.
- Deberían llevarse a Coral.
Ione negó bruscamente con la cabeza.
- Ni hablar. Nos cortaría todo el rollo.
- ¿Por qué? ¿Por qué no fuma porros y se pasa cuatro días bebiendo y tres de resaca?
El chico le dirigió una mirada de suficiencia.
- Por eso mismo, abuelito.
- ¿Hablaban de mí?
Antes de que pudieran reaccionar, la pequeña de los García estaba sentada junto a ellos. En Bahía Blanca, todos conocían a los tres miembros de la familia que estaba sentada sobre un tronco raído que encaraba a un bonito paisaje compuesto por la arena fría que pisaban sus descalzos pies, por un mar tan apacible que reflejaba la bellísima lluvia de estrellas que, difícilmente, uno no podía dejar de contemplar. Pero para alguien que vivía en la pequeña casa de madera y de dos pisos que había en el saliente del bosque que los separaba a un bullicioso y novelero pueblo, era muy común observar aquel espectáculo que pocos ojos humanos sabrían apreciar.
- ¿No deberías estar en el pueblo? – preguntó la joven a su hermano mayor.
- Eso me pregunto yo. – respondió encogiéndose de hombros – No creo que me hayan metido negra.
Coral García sonrió divertida.
- ¿Te imaginas que sí?
- ¿Y tú no sales con Nayra y las otras?
La sonrisa de la chica se esfumó:
- Nayra ha ido a visitar a sus abuelos y Dácil cree que si salimos las dos sería muy aburrido.
- Que excusa más absurda – opinó Ione.
- Al menos no me han metido negra – siseó entre dientes la otra.
Se avecinaba una discusión. Viejito lo sabía… Verás, los hermanos García eran tan, tan, tan diferentes que por cualquier pique, por cualquier contrariedad, empezaban a gritarse e incluso a insultarse. Su abuelo estaba más que acostumbrado, pero ya había pasado muchos años y el comportamiento de ambos no cambiaba. Ione era un muchacho tranquilo, y como lo calificaría la gente de su edad, un “pasota” empedernido. Era tan indiferente a todo lo que le rodeaba que aun le costaba creer que tuviera amigos. Sin embargo, Coral era una chica muy extrovertida y le gustaba sociabilizarse. Tenía el carácter que le faltaba a su hermano. Y esa era la principal razón del por qué de las discusiones.
- Haya paz – hacía tiempo había perdido la cuenta de las veces que había dicho aquellas mismas palabras.
En ese mismo instante un tintineo agudo llamó la atención de los García; el móvil de Ione. Era Yong, el coreano agarrado:
- ¿Qué pasó? – saludó ofuscadamente el chico, esperando el momento de reprenderlo:
- Tío, no te lo vas a creer pero…
- ¡Son las diez de la noche! – gritó Ione – ¿Dónde coño estaban?
- Verás – empezó a hablar el otro, pero fue interrumpido por una voz ronca:
- ¡Chacho, dile que en diez minutos estamos allá, que baje el labio coño!
- Ya lo has oído – dijo Yong antes de colgar.
Claro está, dejando a Ione con la palabra en la boca y con las ganas de llamarlos gilipollas.
- Ya vienen ¿Eh? – rió Coral levantándose de un salto – Viejito ¿Nos vamos dentro? Me han dicho que hoy estrenan una película buenísima. ¡El director es Kevin Smith!
- ¿Es ese que hace películas de esqueletos cantando?
- ¡Ese es Tim Burton! – Ione no pudo evitar sonreír.
Decidió acompañarlos al interior de la pequeña casa, donde había crecido su difunto padre. Cuando cruzó el umbral, tras el tintineo de la campanilla de la entrada, por un momento se le vino a la mente la primera vez que había pisado aquella casa… Por aquel entonces tenía ocho años y era huérfano. Estaba tan exhausto, que no se movió de la puerta varios minutos hasta que su abuelo, con Coral en brazos, le insistió.
- Ione – la voz de Viejito le devolvió al presente – ¿Quieres que saque unas cervezas para cuando lleguen tus amigos?
- ¿Bromeas? – preguntó despectivamente – ¡Lo que tienes que sacar es arsénico!
- No me explico como pueden seguir siendo tus amigos – se burló Coral tumbándose sobre el enorme sofá de cuero negro.
- ¿Y tú querías que la llevara con nosotros? – le preguntó con susceptibilidad Ione a su abuelo, quien pasó por su lado con dos enormes bolsas de papas rizadas.
- ¿Yo? – rió Coral con malicia – ¿Ir con ustedes? ¡Antes prefiero leerme el primer libro del Señor de los Anillos!
Viejito estalló a carcajadas. Antes de unirse a ellos, Ione prefirió esperar a sus amigos en las escaleras del porche.

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La Cadena: Un mes después.

Publicado por yogursinsabor en Domingo, 5 julio, 2009

Cuando Lluvia me pidió que la acompañara a ese lugar me estremecí… Para ti seria irónico si sabes realmente quién soy, de dónde vengo y a qué me dedico… aunque te sorprenda, creas que estoy bromeando o tomándote el pelo, es que yo, a mis quince años, jamás había pisado un cementerio.
No es que me diera vergüenza admitirlo… bueno, un poco sí, porque cuando se lo confesé a Edorta y a Mike se rieron de mi pensando que me estaba riendo de ellos… entonces, un rato después, Loki me advirtió que no lo volviera a decir… y yo le hice caso… y ahora estaba metida en este embrollo.
Mmmm…. ¿Cómo será un cementerio? Sé que hay ahí dentro… muertos bajo tierra y tal… ojala fuese como los que hay en las películas de Tim Burton y no verdes y frondosos o con una niebla espesa bajo… ¿¡Pero que estoy diciendo!? Debería avergonzarme tener miedo a algo así si me dedico a matar cosas más horripilantes que un cementerio…
Pero es que la muerte y yo… no somos compatibles, es decir, no me gusta sentir a la muerte tan cerca… si Loki supiera lo que estoy pensando me insultaría y diría algo así como: “¿Y tu quieres ser Cazadora? ¡Búscate otro oficio!” Solo de imaginarlo me embajono…
- Te veo un poco pálida.
Miré con reproche a mi acompañante. Si no fuera por ella ahora mismo estaría haciendo algo más interesante que acompañarla… Maldito Kagura… ¿No tendría que ser el su guardaspaldas?
- Si pudiera elegir entre quien podría ser mi acompañante te aseguro que tu serías la última opción – dijo entonces la Lluvia.
- Comparto tu opinión – siseé entre dientes desviando la mirada – ¿Por qué no esperas a que Kagura regrese?
- Llevo dos semanas inconsciente y otras dos asimilando la muerte de mi mejor amiga. – volví a estremecerme para luego, seguidamente, llamarme gilipollas – Cuando vea su nombre inscrito en una piedra podré asimilarlo totalmente.
El resto del camino, no fui a capaz de volver a mirarla a la cara.

El cementerio era tal y como me había imaginado, verde y frondoso pero sin aquella niebla… aun así… lo abrazaba una atmósfera tan triste que contrastaba con un cielo cargado de nubes que amenazaban con llover… “Lo que me faltaba”, pensé malhumorada. No fue difícil encontrar la lápida de su amiga, puesto que se encontraba en un nuevo terreno. Entre los ramos de flores y peluches pude leer el nombre de Aura Solano Dorta. Lluvia se plantó delante de la piedra como una estatua y yo me quedé a una distancia considerable… aquello me pareció tan íntimo que no me atreví a hablar.
Pero pasó una hora y me empezaba a inquietar… ella no hablaba, no llovía y yo no era capaz ni de sentarme en el césped… ¡Que desesperación! Suspiré… Por un momento quise decir algo… pero recordé que aquel no era el momento y:
- ¿Quieres irte? – su pregunta me sobresaltó, pero mi cara se resplandeció:
- Por favor.
- Vete si quieres – dijo de manera tan cortante que me descoló.
Fruncí el ceño:
- Me encantaría pero no puedo irme sin ti.
Se giró y en su cara había una sonrisa maliciosa:
- Desde luego, lo tuyo es muy irónico; una Cazadora que teme los cementerios…
- Sí, sí… muy irónico. En cualquier momento empezará a llover y no tengo ganas de coger un resfriado ¿Has terminado? Si es así, salgamos de aquí.
Su sonrisa se esfumó y por un instante creí que iba a decir algo más pero se limitó a caminar hacía mí… sin detenerse si quiera cuando llegó a mi altura.
Cuando subimos al metro… fue entonces cuando se puso a llover y ella me dijo:
- Ey, ¿Me odias?
- Odio la situación en la que me has metido… – suspiré con resignación.
- ¿Es que nunca has estado en un cementerio?
Otra pregunta que me descolaba… ¿Tan poco le costaba leerme la mente? ¿Acaso tenía una empatía desproporcionada? Volví a cruzar una mirada con ella… y esta vez sonreía divertida…
- ¿No te da vergüenza? ¡Una simple humana ha visitado más cementerios que tú! Y no solo eso, ¡No los teme!
Y eso me hacía retorcerme de la rabia:
- ¡Ya no eres una simple humana! – me defendí, procurando no levantar mucho la voz… es que no estábamos solas en el vagón.
- Pero aun así no le tengo miedo a los cementerios – rió.
No pude evitar sonreír, vencida… inesperadamente nos quedamos en silencio… y yo dije:
- Me alegra saber que lo has asimilado.
Porque era la primera vez que la había visto sonreír de esa manera:
- Hem dijo que ahora las cosas serían difíciles para mí. A lo largo de estas dos semanas he visto muchas cosas… nunca me había imaginado que había tantas cosas ajenas a mi imaginación… como la cantidad de asesinatos a causa de los demonios y la cantidad de almas que deambulan en busca de algo, o alguien, que les ayude.
- Te acostumbrarás – dije.
- Lo dices porque tú no ves lo mismo que yo… si me dieran a elegir entre ver demonios o almas pidiendo ayuda a todas horas… elegiría incondicionalmente ver demonios… aunque eso suponga estar en peligro a todas horas.
- Ver monstruos y matarlos no es más agradable. – dije con una sonrisa – Si me dieran a elegir entre matar monstruos o ayudar a fantasmas… haría las dos cosas…
- Lo tuyo realmente es irónico – ahora la que suspiraba era ella – Estas a dos centímetros de la muerte veinte de las veinticuatro horas del día y te da miedo visitar un cementerio… ¡No puedes decirme que te gustaría ver fantasmas!
- No es lo mismo el deseo que el hecho – dije, sin saber muy bien a que me refería.
Y ella tampoco, su cara lo reflejaba:
- Eres el vivo reflejo de la contradicción, Ico. Y eres la Cazadora más extraña que he conocido en estas dos semanas.
- Lo retirarás cuando conozcas a más Cazadores – reí.
- Lo dice una Cazadora que quiere ver fantasmas pero que no le gusta visitar cementerios – recitó con voz suave, ganándose un codazo – ¡Eh, eso duele!
- Díselo a tus amigos los fantasmas.
Cuando dejé a Lluvia en su casa… volví a la mía pensando en aquella breve conversación sobre la muerte, los fantasmas y los demonios… Lo mío si que era una contradicción… a todas horas la muerte me rondaba… pero nunca he sido consciente de ello y sin embargo no me gusta visitar su casa donde sus invitados caminan sin rumbo fijo ¿Por qué será? Creo que es porque realmente la temo y no quiero que me acoja en su humilde hogar… Así que la evitaré… mientras, dejaré que la me ronde todo lo que quiera. Aun así, cuando pienso en lo que le ha ocurrido a Lluvia, no puedo evitar sentir lástima por ella… por escapar de la muerte, tiene que pasar por esto.

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La Cadena: Aura

Publicado por yogursinsabor en Domingo, 28 junio, 2009

El mismo escalofrío volvió a sacudirme… pero esta vez su recorrido fue hacía el pecho y bajé la mirada… un líquido transparente se adentraba hacía el canalillo ¿Alguien me había tirado agua o alcohol?
-         Seguramente alcohol… – llegué a esa conclusión en voz alta.
Dispuesta a secarme le eché un último vistazo a mi amiga. Se estaba divirtiendo. Aunque sospechara del chico, decidí ir en busca del baño para secarme y despejarme. No me costó encontrarlo, pues estaba en el propio pasillo que llevaba hacía la desembocadura de la escalera que conducía hacía la salida. Aun así, desplazarse hasta allí fue un verdadero coñazo; había que esquivar a los sobones, ignorarlos y abrirse paso entre la muchedumbre de gente. Tanta gente y el olor a humanidad me asfixiaban. Por primera vez en mi vida me alegré de estar en un baño público.
Me sorprendió que no hubiese nadie… normalmente, este es el escondite de las chicas para maquillarse y despotricar a la que roba el aliento a los chicos… Sí, demasiadas películas americanas ¿Verdad?
Abrí el grifo y me lavé con cuidado la zona superior del pecho. Cuando lo hice, busqué algo con qué secarme y me deslicé hacía los retretes. Que asco, solo en el del fondo había un rollo de papel higiénico… Me sequé ahí mismo. La puerta se volvió a abrir, cosa que me dejó indiferente hasta que oí una voz muy familiar:
-         ¡Oh… estar entre tanta gente me estresa!
Era Coral… no pude evitar sonreír. Estuve a punto de salir al pasillo, pero una voz aguda y punzante me paró:
-         A mí lo que me estresa es buscarlos… Solo hay uno y nos está dando bastante trabajo.
-         ¿A quien te refieres? – preguntó Coral – Yo no detecté a ninguno.
Algo me decía, que si salía… iba a pederme un acontecimiento grandioso… y aunque no me gustara espiar detrás de la puerta, me quedé escuchando. Estaba segura que la dueña de la otra voz era “Ewyn”:
-         Para alguien como yo… es fácil sentir la empatía de los demás, incluso sin son .Cuando Ian cantó… sentí varias sensaciones. Muchos no atendieron el significado de aquellas letras, pero sobre la sensaciones tan corrientes de lujuria, del embriego carnal, del alcohol y el desequilibro, estaban las reacciones que causó las letras de Ian.
-         ¿Crees que nos han descubierto por eso? – preguntó Coral, con voz seria.
-         Nos ha descubierto. – respondió con una serenidad que me cogió desprevenida; volvía a tener el vello de punta – Y está actuando rápido.
-         ¿Ya? – se alteró Coral – ¿¡Y por qué no me lo has dicho antes, imbécil!? ¡Tenemos que cogerle antes de que haga algo!
-         Lo sé, lo sé… pero hay un problema en todo esto.
-         ¿Cuál?
-         Es la amiga de la chica que estaba con Kagura. Si actuamos, tenemos que ser precavidos porque esa chica puede entrometerse inconscientemente.
Esperé a que “Ewyn” terminara de hablar para reaccionar… Me erguí… no entendía muy bien lo que estaba pasando pero lo poco que entendía es que algo pasaba con Aura:
-         ¡Maldito Kagura! – gritó Coral con voz ofuscada – ¡Mira que le aconsejé que la invitara a tomar un helado! ¿Es que no es consciente que no nos ha enviado Iván o Dala? Si se entera Hem le cortará los huevos.
-         No culpes a Kagura de esto… Nosotros no sabíamos lo que iba a pasar… podría ser cualquiera.
La última vez que había oído esas palabras fue cuando mis primos gemelos y mi tío murieron en un accidente de coche dos años atrás. Mi tío, ahora viudo, le echaba la culpa al alcohol que lo consumió aquella noche que su mujer lo había dejado en mi casa para que no condujera. Se culpaba por no haberse emborrachado hasta que mi padre le dijo las mismas palabras que “Ewyn” a Coral… ¿Eso significaría que algo malo le iba a pasar ha Aura? No pude evitarlo, salí de mi escondrijo con el miedo que reflejaba mi cara. Al alzar la vista… al otro lado del baño, junto a la puerta, se encontraba “Ewyn”, mirándome con aquella cara sin expresión:
-         Vaya – dijo.
Avancé hasta ella:
-         ¿Qué ocurre? – preguntó Coral, asomándose.
Cuando se encontró con mi cara dio un brinco hacía atrás:
-         ¿Lluvia? – preguntó con perplejidad – ¿Qué…?
-         ¿Has oído todo? – la cortó “Ewyn”, clavándome sus enormes ojos verdes.
-         ¿Qué le pasa ha Aura? – fue lo único que pude articular.
-         Lo ha oído – murmuró.
Las dos se quedaron en silencio… solamente a Coral se le veía apurada, intercambiaba miradas entre “Ewyn”, la serena, y yo, la confusa.
-         La cuestión no es que le pasa a tu amiga… sino es lo que le pasará si no actuamos rápido – dijo por fin la otra, con esa serenidad que se oponía al carácter de su amiga:
-         Lluvia ¿No? – la miré, mostraba una sonrisa nerviosa que pretendía tranquilizarme – Lo que quiere decir Eiwyn es que conocemos al tío con el que está tu amiga y no es muy aconsejable.
Era mentira…ella no la conocía. Algo pasaba.
-         Sabes mentir muy mal – le dijo la otra.
Coral le dirigió una mirada asesina:
-         ¡Lo siento por intentar tranquilizarla porque le hayas dicho que su amiga va a ser asesinada por un demonio si no hacemos algo!
Bastó con que pronunciara “asesinada” para salir corriendo. Aura. No, no podía perder a la única amiga que tenía… No podía permitirlo. Corrí en dirección donde dejé ha Aura con aquel supuesto asesino. Ya no vacilaba en pisar y empujar a alguien, me daba igual oír los reproches, oír como me llamaba a voz de grito Coral… me daba igual insultar ha aquellos que me paraban para preguntarme el nombre. Quería saber donde estaba mi amiga.
Y cuando llegué a la barra… y no les vi… supe lo que era sentir como el mundo se te venía encima… una oleada de desolación, de terror, me abrazó. Sentí mis ojos humedecer. Aura.

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La Cadena; "Sensación"

Publicado por yogursinsabor en Sábado, 13 junio, 2009

En el centro de un laberinto de calles había un pequeño acceso a un sótano envuelto en olor a galletitas chinas. A través de esas paredes pintadas de color negro resonaba la voz histérica de un cantante… en aquel lugar que parecía un escondite se encontraba el Charleston Club.

 

Aquel sótano no era muy diferente al bareto que me llevó Aura… pero lo que era muy diferente era su atmósfera. Nada más entrar una extraña sensación me invadió… como si quisiera salir de ahí… Fue muy extraño:

-         ¿Qué te pasa? – oí que me preguntaba Aura – Estás más pálida de lo de costumbre.

Pasé por alto su desagradable observación y fue entonces cuando me di cuenta que Kagura y sus amigos ya no estaban con nosotras. Recorrí la estancia con la mirada; estábamos en mitad de una pista vacía… rodeadas de una pequeña multitud que ni siquiera nos miraban… La mayoría bebían, fumaban, se besaban lascivamente y bailaban al ritmo de un estilo de música estruendosa que hacía vibrar el suelo… Lo que solía ocurrir en una discoteca, vamos. No había nada anormal… pero como ya os dije… la atmósfera era muy distinta… no me gustaba esta sensación. Fui arrastrada por Aura hasta la barra, donde se agolpaban un grupito de chicos escandalosos se. Al vernos silbaron obscenamente mientras nos miraban de arriba abajo:

-         Cerdos – masculló Aura, fingiendo estar ofendida.

No dije nada, puesto que estaba más ocupada en encontrar a Kagura.

-         ¡El Listón ya va a tocar! – oí que le dijo una chica a otra y me pregunté si se referían al grupo de mi amigo.

Me pregunté en voz alta donde estaría y Aura no tardó en contestarme:

-         Están en el escenario.

Me giré bruscamente ¿¡Tan rápido!? ¿No se suponía que antes de tocar los grupos hacían unas pruebas de sonido? Cuando mis ojos se encontraron con Kagura, quien estaba desenredando unos cables y rodeado de cajas de sonido, me sobresalté ¿Cuánto tiempo había estado ahí? Entonces Coral subió con dos baquetas en la mano y se las dio a Dai, quien estaba sentado entre dos bombos. Ian estaba sentado sobre una de las cajas de sonido y leía unos folios con su eterna cara de concentración y seriedad. Cerca de Kagura estaba Any, muy ocupado afinando su guitarra o bajo. Cuando Coral abandonó el escenario, me pregunté donde estaría “Ewyn”.

-         Ian está bueno – dijo con voz tomada mi amiga.

-         Sí – reconocí sin prestarle mucha atención.

-         Pero es un capullo.

Me volví hacía ella; tenía la boca cambada y cuando sus ojos se encontraron con los míos alzo las cejas; estaba borracha. Suspiré con resignación:

-         ¿Por qué cada vez que salimos te emborrachas?

-         Por que es de la única manera que me miran los tíos. – contestó encogiéndose de hombros – He probado con el Tuenti, con el Facebook y con el chat pero nada funciona ¿Te basta eso?

Desvié la mirada; Aura no tenía remedio. Cada vez que salíamos y se emborrachaba yo era su niñera… y eso suponía una total agonía y momentos embarazosos. Cuando se emborracha, mi amiga es ese tipo de beodo que pasa por diversas fases: la felicidad, el tedio y el llanto… Y cuando llora… me hace revivir su relación pasajera con un tal Javier que nunca conocí. Al parecer le hizo mucho daño… y esa noche también.

No es que Aura fuera fea, tuviera las orejas grandes o una nariz torcida. Era tan alta como una modelo, con un pelo castaño y liso que caía en forma de cascada por su espalda y con unos preciosos ojos pardos que quitaban el aliento. La sociedad es muy prejuiciosa con la gente “guapa”, así que lo que ocurre es que al ver a mi amiga la creen una pija superficial que solo sabe hablar de ropa, maquillaje, chicos y revistas… pero cuando descubren que no es así, sobre todo los tíos, se asustan porque mi amiga es el reflejo del dicho “Nunca juzgues a un libro por su portada”. Aura es lo que se dice una “intelectual”… y eso es lo que asustó a Javier.

-         Me basta – dije finalmente.

-         ¿Dónde será la susodicha fiesta? – preguntó posando su vista sobre Kagura – El lugar donde desencadenará vuestra relación adolescente, ya sabes. Besos, caricias, palabras repulsivas, horas al teléfono, el desfloramiento de la virginidad, sustos menstruales…

Le eché una mirada asesina:

-         Como sigas bebiendo te monto en un taxi, Aura.

Ladeó los ojos, seguramente pensando lo niñata que era. Por un momento, la pregunta de mi amiga me pareció un tanto realista… porque hacía media hora había estado muy cerca de Kagura… nos había mirado y sonreído de manera muy distinta de la que lo hacíamos en el instituto… incluso, me cogió de la mano:

-         Ey, perdonad – dijo una voz masculina y varonil, interrumpiendo mis pensamientos – ¿Tenéis hora?

Nos giramos a la misma vez. Frente a nosotras había un David de Miguel Ángel… ¡Era clavadito! La misma cabeza llena de bucles y la misma posición en contraposto. Lo único que le faltaba al enorme chaval era ser de mármol y la expresión en la cara de desafío. No pude evitar mirarlo con perplejidad. Fugazmente, posó su vista sobre la de Aura, seguramente acostumbrado a la sensación que causaba su parecido con la escultura.

-         Eh… son… – balbuceó Aura y yo le di un codazo para que espabilara – Son las doce y media – dijo por fin, con voz más serena ¿Se estaría preguntando si estaba alucinando por los efectos del mojito?

El sonrió de una manera encantadora… era tan guapo como los modelos que salían en las pasarelas de Milán. Por un instante, parecí haberme olvidado de Kagura hasta que oí su voz:

-         ¡Buenas noches Charleston Club!

Volví a girarme… y me lo encontré frente al micrófono con una sonrisa resplandeciente. La gente avanzó hacía la pista, agolpándose a sus pies.

-         ¡Así me gusta, todos aquí! – rió, siendo aclamado – ¡Una vez más El Listón os ofrece el espectáculo de vuestras vidas!

-         ¡Porque somos muy humildes! – gritó Any alzando su guitarra.

Sacaron algunas risas… pero una voz chillona que reconocí al instante se hizo presente:

-         ¡KAGURA, QUIERO UN HIJO TUYO!

Mi amigo, incluso yo, no pudimos evitar no echar una carcajada. Coral era muy graciosa:

-         Después – contestó él, controlándose la risa – Como habéis visto, me espera una grata diversión después de esto… Pero ahora seremos nosotros lo que os daremos la diversión que necesitáis. ¿¡CON QUE CANCIÓN QUERÉIS QUE EMPIECE!?

Entre los chillidos no pude articular bien que canción iba a pedir aquel energúmeno público… y yo me pregunté por primera vez que tipo de música tocaba esta gente.

Any fue el encargado de puntear los primeros acordes… seguido de Kagura, quien estaba deslumbrante… De fondo, sonaba el tintineo de unos platillos… La luz enfocó a Ian y su pelo parecía brillar como un diamante.

 

 

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