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Un nuevo camino (Capítulo 3)

Publicado por consigueaccesorios en Miércoles, 15 abril, 2009

(Capítulo anterior)


… era el momento de jugármelo a todo o nada: cerrando los ojos, y agarrando su muñeca con el brazo que me sujetaba, me concentré en su torrente de sangre, que escaseaba cada vez más debido a su uso para seguir aumentando su fuerza, y recordando lo aprendido sobre la Senda de la Sangre (que fue lo primero que me enseñó mi creador tras mi conversión, y que me costó casi dos meses de estudio llegar a dominar medianamente) intenté gastar las reservas que le quedaban, aun con el peligro de que ello podía hacer que yo gastara también las mías. Era algo complicado y arriesgado, pero el hecho de que mi vida dependiera del éxito que tuviera influyó de forma notable, y bajo mi tacto pude notar cómo su sangre se consumía totalmente. Mi oponente también lo notó, y ese gasto repentino de la fuente de la que sacaba todas sus fuerzas hizo que cayera hacia un lado, quedándose en el suelo con los ojos desorbitados y luchando por no consumirse interiormente, al haber desaparecido completamente lo único que conseguía mantener “vivo” a un vampiro.

Mi sangre también se consumió alarmantemente al usar este poder, pero gracias a que acababa de alimentarme antes del combate pude conservar algo de mis escasas fuerzas, las justas para acercarme al ghoul tiroteado bajo mi mando. A pesar de que el vampiro estaba más cerca, en la Orden no se permitía alimentarse de otros vampiros sin permiso de los fundadores (algo en lo que coincidía con la política del Príncipe Thomas), así que fui a alimentarme de la poca sangre que quedara en el cuerpo del cadáver. Sin molestarme en morder su cuello bebí a través de uno de los orificios de entrada de las balas, y aunque estaba prácticamente desangrado, lo poco que hubo era suficiente para ayudarme a curar mis heridas.

Cuando no hubo ni una gota más que beber, me levanté trastabillada, y me acerqué a mi rival, que permanecía totalmente pálido e inmóvil en el suelo, con la mirada perdida. Sabiendo que en su estado solamente podía pensar en alimentarse, le puse una de mis manos manchadas de sangre cerca de sus labios para que pudiera sentir su olor y su sabor, y sus ojos giraron repentinamente hacia mi mano, mientras su boca se movía y cuerpo se convulsionaba, intentando acercarse lo suficiente como para saciar su sed. Complacida con el estado que le había inducido con mis poderes, y recuperada en parte de mis heridas, decidí ponerle fin a su existencia; me acerqué a por su pistola, y le disparé a bocajarro en el torso, a la altura del corazón. El resultado fue inmediato: en cuanto el proyectil atravesó su seco corazón, el cuerpo del vampiro se convirtió en una nube de polvo y cenizas. Rebusqué entre las ropas vacías que había en el suelo y encontré una tarjeta sin ninguna letra ni número. Satisfecho con lo que resultó ser la llave electrónica del cierre de la habitación, salí en busca de la celda de Vansa. Por fortuna, el camino restante estaba totalmente deshabitado, y llegué sin problemas al habitáculo del preso. Tras quitar los burdos cerrojos de seguridad de la puerta blindada, empujé con todas mis fuerzas hasta abrir un hueco suficiente para mi delgado cuerpo. Sabiendo que tras esa puerta se encontraba el final de mi segunda prueba para la Orden, entré con renovada confianza en mi éxito, pero lo que observé se alejaba mucho de lo que esperaba encontrar…

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Un nuevo camino (Capítulo 2)

Publicado por consigueaccesorios en Viernes, 27 marzo, 2009

(Capítulo anterior:
http://sopaderelatos.com/2009/03/21/un-nuevo-camino-capitulo-1/)

… y me apuntó directamente a la cabeza. En su mirada vi determinación, y supe que no dudaría un segundo en apretar el gatillo si veía que le plantaba cara, así que decidí tirarme al suelo fingiendo estar malherida. El vampiro, al verme caer en mi intento de levantarme, rió de satisfacción, y comenzó a burlarse de mí, confiado:

- Vaya vaya, así que ahora mandan a una atractiva novata a hacer lo que no se atreven los antiguos vampiros, eh? – creyendo que la batalla ya se había decidido a su favor, decidió que no había nada de malo en seguir jugando un poco, y volvió a dispararme, esta vez en la pierna. – ¿Qué pasa, no puedes levantarte, guapa? ¿o es que me tienes miedo?

Riendo, se acercó más a mí, dejando de apuntarme al ver inminente su victoria. Yo, aislando el dolor del nuevo disparo recibido, conseguí centrarme y recurrir a la magia de la sangre. Pensando que sería peligroso hacerle arder (ya que, aunque fueran llamas creadas por mí, el miedo de los vampiros al fuego era muy peligroso, y podría hacerme perder el control y fracasar en mi misión) recurrí a otra de las Sendas que había estudiado. Levantando la mirada hacia mi aparente verdugo, hice un rápido movimiento con la mano, y ante la mirada de asombro del oponente, su pistola salió disparada hacia el fondo de la habitación. Aprovechando la confusión, volví a recurrir a la Senda del Movimiento Mental, pero como aún no tenía conocimiento suficiente como para conseguir levantar el peso de una persona, me centré en una de las armas de los ghouls muertos y la atraje hacia mí. El asustado vampiro, al ver mi intención, desapareció repentinamente, jugando con las sombras de la habitación.

Arma en mano, me levanté y busqué al oponente, pero no había rastro de él. Concentrándome, volví a observar el mundo de las auras, y una mancha pálida, ahora mezcla de colores negro y naranja, me reveló su escondite generado por sus poderes vampíricos, y me dio información de su estado: mi oponente estaba tan furioso como asustado, y eso jugaba a mi favor. Ahora que comprendía que luchaba contra magia vampírica su miedo le haría cometer errores. Mientras mi adversario permanecía escondido entre las sombras pensando cual debería ser su próximo movimiento, actué como si no supiera dónde estaba, y me fui alejando de su posición lentamente, dejándole espacio suficiente para que hiciera algo víctima del miedo, y cometiera un error mortal. No tuve que esperar mucho, ya que a mi espalda pude notar un movimiento; al mirar, vi como había abandonado su refugio para abalanzarse hacia el suelo, intentando coger el otro arma que sujetaba el cadáver del ghoul. Rápidamente le disparé, pero el retroceso de la automática me sorprendió tanto que no conseguí disparar dos veces a la misma posición debido al movimiento desequilibrado de mi brazo, y finalmente la automática se me cayo al suelo (jamás había disparado un arma de fuego, y menos de ese calibre). Una bala perdida de esa ráfaga fue a impactar en su pierna, pero hizo gala de su resistencia vampírica y ni siquiera cayó al suelo, aunque fue suficiente para que abandonara la idea de coger el arma. Me miró atónito, y al verme desarmada se lanzó hacia mí furiosamente. No pude esquivarlo a tiempo, y caí de espaldas con todo su peso encima de mí.

Forcejeé para soltarme, pero su fuerza era claramente superior a la mía. Me agarró de uno de mis brazos para evitar que me moviera, y a través de su tacto pude notara cómo su sangre estaba consumiéndose para aumentar sus atributos, hecho pude comprobar al recibir un puñetazo con una fuerza impresionante en mi rostro. Incapaz de responder de ninguna manera, esperé a que siguiera gastando sus reservas de sangre, mientras seguía encajando golpes a pesar de mis esfuerzos por esquivarlos. Tenía la nariz rota, y notaba un dolor palpitante en la espalda, donde me había disparado y donde había recibido también el impacto al caer al suelo. Mi vista se iba nublando poco a poco, así que decidí que era el momento de jugármelo a todo o nada…

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Un nuevo camino (Capítulo 1)

Publicado por consigueaccesorios en Sábado, 21 marzo, 2009

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Antes de comenzar el relato informo de que esta saga que voy a escribir está relacionada con la saga de “Una nueva vida” que puse aquí en su día. Así pues, recomiendo encarecidamente que antes de leer este relato se lean los capítulos “anteriores”; dejo aquí los links de cada capítulo:

Capítulo 1:
http://sopaderelatos.com/2008/10/09/una-nueva-vida-capitulo-i/

Capítulo 2:
http://sopaderelatos.com/2008/10/11/una-nueva-vida-capitulo-2/

Capítulo 3:
http://sopaderelatos.com/2008/10/14/una-nueva-vida-capitulo-3/

Capítulo 4:
http://sopaderelatos.com/2008/10/16/una-nueva-vida-capitulo-4/

Capítulo 5:
http://sopaderelatos.com/2008/10/18/una-nueva-vida-capitulo-5/

Capítulo 6:
http://sopaderelatos.com/2008/10/22/una-nueva-vida-capitulo-6/

Capítulo 7:
http://sopaderelatos.com/2008/10/25/una-nueva-vida-capitulo-7/

Capítulo 8:
http://sopaderelatos.com/2008/10/28/una-nueva-vida-capitulo-8/

Capítulo 9:
http://sopaderelatos.com/2008/10/31/una-nueva-vida-capitulo-9/

Capítulo 10:
http://sopaderelatos.com/2008/11/03/una-nueva-vida-capitulo-10/

Capítulo 11:
http://sopaderelatos.com/2008/11/06/una-nueva-vida-capitulo-11/

Capítulo 12:
http://sopaderelatos.com/2008/11/11/una-nueva-vida-capitulo-12/

Capítulo 13:
http://sopaderelatos.com/2008/11/20/una-nueva-vida-capitulo-13/

Capítulo 14:
http://sopaderelatos.com/2008/11/25/una-nueva-vida-capitulo-14/

Y sin más dilación, comienzo con Un Nuevo Camino.
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Pasé por encima del cadáver de otro ghoul, muerto por uno de mis hechizos. Ya no sentía compasión por ellos, simplemente los veía como obstáculos que debían ser derribados para llegar hasta mi objetivo y satisfacer el deseo de los superiores de mi Orden. Ya había cumplido con éxito una primera prueba, pero aún me faltaban dos más para poder ser confirmada como miembro de la Orden Ignis, y poder ser uno de los vampiros que, mediante la magia, intentaban sacar a la luz el verdadero poder de los no muertos eliminando a los personajes importantes que gobiernan la noche de la ciudad. El Príncipe Thomas y sus aliados estaban confinando a los vampiros a un segundo plano, prohibiéndoles disfrutar de los poderes cainitas y obligándoles a pasar inadvertidos. Según él, así se conseguirá la seguridad y supervivencia de nuestra especie, pero en la Orden saben que podemos garantizar nuestra seguridad por nosotros mismos, y solo ven el daño que está haciendo a nuestra libertad. Por ello, la estructura social que ellos denominan La Estirpe debe ser destruida, y yo estoy aquí para añadir mi esfuerzo a la causa.

Dejando apartada la imagen de lo que era mi tercera víctima en esa noche, continué mi camino. La Orden había sido clara en mi objetivo: debía colarme en un complejo abandonado a las afueras de la ciudad (usado como prisión por Thomas mientras decidía de qué manera debían de morir aquellos que no cumplían sus leyes, para asegurarse que el resto de vampiros comprendiera el mensaje), y liberar a un reo en concreto, conocido como Vansa, para llevarlo al refugio de los Ignis y conseguir que trabajara para ellos; tenía carta blanca para usar los métodos que considerara necesario para conseguirlo.

Avancé por el laberíntico complejo concentrada totalmente en mi objetivo, y tras girar una esquina me encontré con otros dos ghouls, hablando acaloradamente entre ellos, sin darse cuenta de que su verdugo acababa de llegar. Estudié la situación: a pesar de ser mortales, los ghouls a veces poseían sangre de sus creadores, lo que les otorgaba unos atributos físicos a tener en cuenta; sobre una mesa a su lado se encontraban dos armas automáticas, y sobre ellos una cámara seguía su recorrido de vigilancia, girando peligrosamente hacia mi posición. Decidí que era mejor enfrentarme a dos ghouls a la vez que darme a conocer a todo el complejo, así que concentrándome en la magia que fluía por mi sangre, puse en práctica lo aprendido sobre la Senda del Fuego (regalo de la Orden por cumplir con éxito la primera misión), y acto seguido la cámara de vigilancia ardía bajo unas hambrientas y sobrenaturales llamas. Los ghouls, impresionados por la repentina combustión, cogieron sus armas y se dieron la vuelta; al verme me apuntaron, pero antes de que llegaran a disparar me concentré en uno de ellos, le ordené mentalmente que matara a su compañero y me puse a cubierto, tanto para evitar los proyectiles como para recuperar fuerzas por los dos hechizos lanzados tan seguidamente. Los disparos de uno de ellos impactaron en la pared tras la que me refugiaba, pero acto seguido se oyó otra ráfaga, y el sonido de un cuerpo golpeando el suelo. Volví a asomarme y vi que el ghoul que había sucumbido a mi dominación había disparado a quemarropa a su compañero, y miraba su cadáver incapaz de comprender por qué lo había hecho. Aprovechando su confusión me acerqué a él, y con un estudiado movimiento le desarmé mientras le clavaba mis colmillos en el cuello. Su sangre fluyó por mi garganta, y la debilidad que empezaba a acecharme desapareció por completo, dando paso a una sensación de éxtasis.

La magia que corría por mi sangre se mezcló rápidamente con la que entraba en mi cuerpo, y mis poderes volvían a estar a plena disposición. Sin embargo, la sensación casi orgásmica de alimentarse se vio interrumpida bruscamente por el impacto de tres balas en mi espalda. Caí al suelo, abatida, y pude ver la figura que me atacó: un hombre corpulento me apuntaba con una pistola mientras sonreía, orgulloso de su puntería. Hice un esfuerzo por ver más allá de la apariencia, y el halo pálido que formaba su aura me confirmó lo que me temía: éste no era un ghoul, era un vampiro. Su mirada, fría y atemorizante, sólo se vio superada por su potente voz cuando habló:

- Yo custodio al gitano, ¡jamás conseguirás liberarle!

Haciendo acopio de mis renovadas fuerzas intenté ponerme en pié, notando arder la sangre en el lugar donde las balas impactaron, pero el vampiro alzó de nuevo su arma y me apuntó directamente a la cabeza…

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Una nueva vida (Capítulo 14)

Publicado por consigueaccesorios en Martes, 25 noviembre, 2008

Noté cómo la mirada penetrante del lobo se clavaba en mí y estudiaba cada parte de mi interior. Aterrado por la feracidad con la que había acabado con su rival (y más aún teniendo en cuenta que “su rival” había conseguido vencerme fácilmente, dejándome malherido) no pude hacer nada más que mirar cómo éste corría a toda velocidad hacia mi posición. A mi mente vino el recuerdo de cuando conseguí comunicarme con el perro que me llevó hasta Jen, y usé mis últimas fuerzas en concentrarme para conseguir comunicarme el animal. Venciendo al pánico, le devolví la mirada y le ordené mentalmente que se fuera, pero éste hizo caso omiso y llegó hasta mi posición. Estudiándome con su mirada, que denotaba una gran inteligencia, caminó en un círculo alrededor mía, analizando cada detalle de mi situación. Sintiendo la presencia del lobo a mi espalda, intenté ordenarle de nuevo que se fuera antes de que fuera demasiado tarde para mí, y esta vez lo hice con un ladrido potente y autoritario que salió de mi garganta. A modo de respuesta el animal volvió a ponerse frente a mí, y mirándome directamente a los ojos pude oír su voz en mi cabeza:

Andy, veo que estás gravemente herido -la voz me resultaba tremendamente familiar, pero tan tullido como estaba no conseguía identificarla- y no tienes reserva de sangre suficiente como para curar tus heridas con rapidez. Toma algo de mi sangre, tenemos que salir de aquí cuanto antes. Muérdeme.

El lobo acercó su cabeza a la mía, y pude oler su sangre fluyendo con fuerza a través de su piel. Haciendo un gran esfuerzo conseguí incorporarme lo suficiente para clavar sus dientes en su cuello, e inmediatamente noté el sabor de su sangre. Tragué ansiosamente, sintiendo un calor vivo que llenaba mi cuerpo, y que hacía que recuperara el control sobre él. Mis músculos volvieron a responder, y los golpes y heridas poco a poco dejaron de doler. Entre tanta sensación de placer pude oir nuevamente la voz en mi cabeza:

Es suficiente.

Ahora sí conseguí identificar esa voz: era la de Tuner, mi creador. Impactado por oir su voz a través de un animal, y haciendo caso a su orden, aparté los dientes de su cuello. El lobo se alejó torpemente, afectado por la pérdida de sangre, y me ordenó que le siguiera. Respondí inmediatamente, poniéndome en pie y corriendo tras el animal, que se había ido a toda velocidad por uno de los túneles. Gracias a su sangre había recuperado fuerzas más que suficientes para alcanzarle, y cuando lo hice vi que el lobo estaba dando paso a una forma mucho más humana: cabalgando a dos patas mientras su pelo menguaba rápidamente, dejando al descubierto un cuerpo desnudo, que recuperaba sus facciones humanas por completo. El lobo se había transformado en Tuner.

Desconcertado, pero hipnotizado por la urgencia que veía en los movimientos de éste, seguí corriendo tras él sin hacer ninguna pregunta, hasta que al girar otra esquina se detuvo bruscamente en una sala vacía, en la que comenzó a hablar:

- Los vampiros han muerto, pero han conseguido plantar otro explosivo -en cuanto lo dijo apareció en mi mente la imagen anterior al ataque de los rebeldes: eran cuatro, uno de ellos miraba para todas partes, vigilando; otro se divertía aplastando arañas con sus dedos; los otros dos estaban agachados mirando hacia una pared y manipulando un objeto que no llegaba a distinguir. El objeto que no pude distinguir debía de ser el explosivo que Tuner-. Tenéis que desactivarlo cuanto antes, no sé el tiempo del que disponemos.

Aunque en la sala no había nadie, en cuanto Tuner acabó de hablar apareció de la nada un hombre (por llamarlo de alguna manera) sumamente deformado. A pesar de tener todo su cuerpo cubierto con una gabardina (bajo la cual se intuían formas anormales) su rostro estaba totalmente al descubierto: su piel tenía el aspecto de la cicatriz de una quemadura de gravedad, un bulto en la frente le tapaba uno de sus ojos, tenía una sola oreja, su nariz estaba torcida por dos partes, y su boca era una fuente de heridas que tapaban malamente una hilera de dientes puntiagudos y estropeados.

Aterrado por la brusca aparición del engendro di un par de pasos hacia atrás, pero Tuner me sujetó el brazo. Tras el susto recordé que Thomas dijo que había seres que vivían en las alcantarillas llamados Nosferatu, así que éste debía de ser uno de ellos. El ser respondió costosamente a Tuner con una voz áspera y desagradable, escupiendo involuntariamente al hablar:

- Dejaadnoz la bomba a nozotrooz, debéiiz volver a laa zuperficiee.

Sin decir nada más, el Nosferatu volvió a desaparecer frente a mis ojos fundiéndose con la oscuridad que reinaba allí. Tuner me indicó que le siguiera, y mientras corríamos a toda prisa hacia la boca del alcantarillado por donde entramos Bruce, Elena y yo, me explicó la situación:

- Para asegurarme de que cumplías tu trabajo decidí seguirte en tu primera misión. No tenía intención de involucrarme, pero cuando vi que los enemigos habían plantado bombas por toda la red de alcantarillado decidí avisar a los Nosferatu para que los desactivaran, y corrí en tu busca por si tenías problemas. Y por lo que parece, llegué justo a tiempo. Ya no podemos hacer más, sólo esperar que consigan desactivar la bomba a tiempo. Tenemos que regresar a la superficie antes de que amanezca, ya que las alcantarillas no son nada seguras como refugio si no eres un Nosferatu.

Todo lo rápido que pudimos desandamos el camino y llegamos a la salida. Empujamos la alcantarilla hacia la superficie y salimos al aire libre. Una vez fuera, vimos que el panorama era peor del que esperábamos encontrarnos:

Los primeros rayos de sol asomaban por el horizonte.

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Una nueva vida (Capítulo 13)

Publicado por consigueaccesorios en Jueves, 20 noviembre, 2008

Mi rival sonreía con fuerzas renovadas, gracias a la sangre de Bruce. Recordé que el príncipe Thomas y mi creador Tuner me dijeron que beber sangre de otros vampiros estaba prohibido, pero también me avisaron de que eran una gran fuente de poder, por lo que supuse que la fuerza y velocidad sobrehumana que mostró Bruce durante la pelea ahora habitaban en él. Nada más pensar en ello dejó de ser una suposición y pasó a ser un hecho comprobado: el atacante prácticamente voló hacia mí con un movimiento imperceptible, y sin tiempo para asimilar la escena recibí de lleno un placaje. La fuerza del impacto fue brutal, pero lo que de verdad dolió fue la caída, ya que intenté amortiguar el golpe apoyando el brazo contra el suelo mientras todo el peso del cuerpo del contrincante caía sobre mí. El resultado fue una dolorosa fractura en el brazo al girar el codo en sentido contrario, dejando el antebrazo en un ángulo sobrecogedor.

Gritando de dolor intenté recolocármelo, pero el vampiro estaba aún encima mía, y arremetió contra mí de nuevo, esta vez con unos puñetazos directos a la cara. Intenté detenerlos, pero era muchísimo más rápido que yo, así que como pude intenté darle un garrazo con el único brazo en buenas condiciones que me quedaba. Éste dejó de atacarme y saltó de encima mía para esquivar mi golpe, liberándome. Aproveché la oportunidad para levantarme, y noté que una rodilla me fallaba debido a la caída, además de que, tras los golpes en la cabeza, estaba bastante mareado. A duras penas conseguí mantenerme en pié, aunque por poco tiempo: mi rival volvió a la carga con una patada en pleno estómago, que me mandó de nuevo al suelo. La imprevista caída hizo que me diera un gran golpe en la nuca, agravando mi mareo de forma instantánea hasta el punto de perder parte de visión, y amenazándome con perder el conocimiento.

Mientras estaba en el suelo le oí reír. Una risa que desbordaba confianza, ya que poco podía hacer ante alguien con tanto poder. Incorporé la cabeza, y aunque mi vista estaba borrosa, aún distinguía bien lo que pasaba: vi cómo se acercaba poco a poco, disfrutando su victoria a cada paso que daba; vi cómo a mitad de camino su mirada caía en la espada que Elena conjuró antes de morir; vi cómo se agachaba a recogerla, mientras reía aún más fuerte, y vi cómo se arrodillaba ante mi cuerpo. Intenté levantarme, pero mis fuerzas se habían agotado en la última caída. Alcé el brazo para intentar darle un garrazo, pero mis manos eran normales de nuevo; no tenía ni fuerzas para mantener mis poderes. Dejé caer el brazo y alcé de nuevo la mirada hacia mi verdugo, esperando el golpe final.

Sin poder hacer nada para evitarlo, vi cómo éste alzaba la espada a la altura de mi pecho. Cuando ya estaba hecho a la idea de que aquí acabaría todo, un destello de esperanza cruzó la sala: un gran lobo blanco cargó contra mi enemigo, desarmándole y tumbándole al instante. Asustado por el giro de situación tan repentino, tropezó al intentar resbalarse, oportunidad que el lobo supo aprovechar para lanzarse de nuevo hacia él, dándole dos zarpazos en pleno pecho. El hombre gritó mientras sangraba abundantemente, y consiguió zafarse de su atacante, empujándole. El lobo aterrizó al lado mío, y pude ver toda la grandeza que desprendía: su pelaje, del color más blanco que jamás había visto, reflejaba la escasa iluminación de la zona con destellos que llenaban la sala de majestuosidad. Su cuerpo era fuerte y robusto, y su expresión helaba la sangre, mostrando cada uno de sus dientes (de tamaño bastante considerable) en una mueca de pura furia.

Ayudándose de la velocidad que llevaba por el empujón que le habían dado, sé impulso con sus patas traseras y volvió a cargar contra su oponente, esta vez asestándole un mordisco en plena garganta. Su presa intentó con todos los medios quitárselo de encima, pero la pérdida de sangre y las poderosas mandíbulas de su atacante frustraron su intento, haciendo que quedara tumbado en el suelo, muriendo poco a poco entre las fauces del lobo. Sus movimientos fueron perdiendo fuerza, y los brazos que antes intentaron librarse de su opresor ahora estaban apoyados en el suelo, temblando a causa de su lenta e insalvable muerte. Finalmente, su cuerpo dejó de convulsionarse, y se deshizo en fino polvo.

Tras matar a su presa, el lobo aulló, llenando el silencio que reinaba en las alcantarillas.

Acto seguido, giró su cabeza y clavó sus ojos en mí.

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Una nueva vida (Capítulo 12)

Publicado por consigueaccesorios en Martes, 11 noviembre, 2008

Bruce disparó su escopeta desde la lejanía. Los proyectiles rasgaron la carne de uno de ellos, pero no le dio de lleno. Elena, con un movimiento de su mano, levantó del suelo al que Bruce había disparado y le arrojó a dos metros de distancia. Yo, con un gruñido salvaje que brotó de mi garganta, me lancé al pecho de otro: le tiré al suelo, y una vez allí le encajé tres puñetazos en la mandíbula. Éste, con expresión de dolor, me empujó con gran fuerza, alzándome a una altura considerable. Vino corriendo hacia mí mientras me encontraba en el suelo aturdido por la caída, pero un escopetazo en el torso le derribó. Aproveché la ayuda de Bruce, y al que estaba tendido pude darle dos garrazos (que por fin habían salido completamente), y aunque le desfiguré totalmente la cara no bastaron para acabar con él. Malherido, consiguió esquivar mis otros dos golpes y darme un buen puñetazo en las costillas, que crujieron bajo su puño. Me tumbó al instante, y por unos instantes pude ver cómo se desarrollaba el combate a mi alrededor: Bruce le dio un escopetazo a otro en las piernas, dejándole inmovilizado. Después fue hacia él, y con una velocidad asombrosa consiguió darle una serie de cinco o seis puñetazos (con tal velocidad no pude distinguirlo bien) antes de que otro enemigo le derribara por la espalda. Elena había conseguido prender fuego al que había derribado antes, y mientras corría despavorido ésta hizo que una espada apareciera por arte de magia en sus manos, y con ella le cortó el cuello con un tajo certero, haciéndole explotar en una lluvia de cenizas. Ahora estábamos igualados.

Volví a mi contrincante, que se dirigía a mí con una viga de acero en las manos. Consiguió darme un golpe en el brazo antes de que se la partiera en dos con mis garras y le atravesara el pecho con la otra mano. El hombre quedó inmóvil, y cuando liberé mi brazo cayó al suelo, muriendo de la misma manera que su compañero (polvo al polvo y cenizas a las cenizas…). Aprovechando que estábamos en ventaja numérica fui a ayudar a Bruce, que estaba acorralado por dos contrincantes y con la cara totalmente ensangrentada. Elena también fue a ayudarle: mientras corría hacia él, alzó la mano, y acto seguido un torrente de sangre salió del cuerpo de uno de ellos y fue directa a la maga. El hombre, sorprendido por la pérdida repentina de tal cantidad de sangre, se dio la vuelta y contraatacó: la derribó de un puñetazo, se sentó encima suya y la cogió por los brazos, haciendo que sus huesos salieran atravesando la carne en diversas formas puntiagudas. La mujer gritó aterrada, y el hombre continuó con su macabra deformidad, haciendo que las costillas le afloraran del pecho, dejando el corazón al descubierto. Elena intentó liberarse de su opresor, pero pesaba demasiado. No pudo hacer nada mientras éste cogía la espada que ella misma conjuró y le atravesaba el corazón, convirtiéndola en una lluvia de cenizas. Ya sólo quedábamos cuatro.

Volví a concentrarme en Bruce, que estaba tendido en el suelo malherido y desarmado. Me acerqué a su rival por la espalda y le atravesé el estómago con mis garras. Éste sujetó mi brazo con fuerza, me miró y gritó; pero no era un grito corriente, era un sonido desgarrador que se clavaba en mi cerebro, haciendo que todo lo que me rodeaba careciera de sentido. Lo único que existía era ese grito. Me tapé los oídos y caí al suelo aterrado, hasta que de repente cesó. Levanté la mirada y vi que, a mis pies, la fuente de aquel horripilante sonido tenía la cabeza abierta por un escopetazo de Bruce a bocajarro. No había terminado de ver cómo se deshacía en polvo cuando el único insurgente superviviente atacó por la espalda a Bruce, hincándole los colmillos en el cuello. Intentó liberarse, pero bajo la mano del atacante los hombros de Bruce se deformaron hasta dislocarse, haciendo que sus extremidades colgaran inútiles mientras perdía toda su sangre. Me liberé del pánico que aún quedaba en mí fruto del escalofriante chillido e intenté ayudarle, pero Bruce estaba inconsciente a merced de su atacante, que le soltó cuando no tenía nada de lo que alimentarle. En el suelo le remató con su propia escopeta, acabando con su vida.

Ya sólo quedábamos dos.

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Una nueva vida (Capítulo 11)

Publicado por consigueaccesorios en Jueves, 6 noviembre, 2008

El alcantarillado estaba muy oscuro, por lo que probé a usar la habilidad que tanto me ayudó a seguir a Jen en los callejones oscuros y que le daba un brillo rojizo a mis ojos, y tras un par de minutos concentrándome en ello (no sabía de qué modo se activaban estos poderes) conseguí que mi entorno se volviera casi diurno para mí. Ya empezaba a tener control sobre mis propios poderes, una buena señal.

Aprovechando que mis compañeros no conseguían adaptarse a la escasa luminosidad me puse en cabeza de la expedición y les guié siguiendo las órdenes de Elena, que podía ver el mapa gracias a una pequeña llama que le salía de su dedo índice. Era una imagen terrorífica, y no por el hecho de que pudiera conjurar fuego, sino por el propio fuego: su crepitar, su color… todo ello se metía en tu cabeza como nunca antes lo había hecho cuando era mortal, pero haciendo un esfuerzo pude dominarme y controlé el impulso de alejarme de las llamas cuanto pudiera.

Tras unos cuantos metros avanzando como indicaba el mapa, y en los cuales lo único que se escuchaba era un goteo constante que sonaba en todas partes, distinguí unos pasos sobre el agua, aunque muy distantes. Bruce y Elena no lo oyeron, pero me siguieron sin protestar cuando fui corriendo en dirección al ruido. Cuando nos acercamos más el sonido de pasos cesó, pero podía oler en el aire que estábamos cerca de los intrusos. Paré de correr para andar más sigilosamente.

- ¿Qué ocurre? ¿dónde vas? -preguntó Elena preocupada.

- Están por aquí, no hagáis ruido y seguidme.

Sin objeciones siguieron mis pasos. Un susurro les delató ante mis sentidos agudizados (desde que me convertí en vampiro podía captar sonidos y sensaciones imperceptibles para los humanos, había adquirido unos sentidos parecidos a los desarrollados en algunos animales). Caminé aún más despacio, siguiendo sus voces, entre las que distinguí al menos tres distintas.

- Preparaos, están muy cerca -avisé al resto de la compañía.

Ante el aviso, Bruce sacó una escopeta de detrás de su chaqueta y le quitó el seguro lo más silenciosamente que pudo. Elena, sin embargo, no hizo ningún movimiento.

Al cruzar la siguiente esquina les vi: eran cuatro, uno de ellos miraba para todas partes, vigilando; otro se divertía aplastando arañas con sus dedos; los otros dos estaban agachados mirando hacia una pared y manipulando un objeto que no llegaba a distinguir.

Elena y Bruce se asomaron, aunque solo llegaban a distinguir sus siluetas. El vigilante no nos vio, pero en cuanto pensé que el factor sorpresa jugaría a nuestro favor, el que estaba matando arañas giró lentamente la cabeza en nuestra dirección y habló al resto de sus compañeros:

- Dejad eso y ocupaos de los invitados.

Los otros tres siguieron su mirada y nos descubrieron. Intenté que mis uñas se transformaran en las garras que tanto me ayudaron en la noche anterior, pero esta vez no lo conseguí del modo que esperaba: estaban transformándose lentamente; sin embargo no había tiempo suficiente.

Los cuatro vinieron corriendo hacia nosotros.

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Una nueva vida (Capítulo 10)

Publicado por consigueaccesorios en Lunes, 3 noviembre, 2008

En cuanto desperté me encaminé hacia el edificio del Príncipe para intentar poner fin cuanto antes a mi periodo de prueba. Por el camino empecé a notar molestias en los pies a cada paso que daba. Deben de haberse roto las zapatillas en la caza del taxista anoche pensé. Ignoré la molestia y apreté el paso hasta llegar al punto de reunión.

Los ghouls de la puerta me dijeron que me estaban esperando dentro. Al entrar vi en la sala de espera a una mujer de mediana edad acompañada de un hombre bastante corpulento, que estaba sentado en el respaldo de la silla, pisando con ambos pies la base del asiento, y hablando con un empleado de Thomas mientras mordisqueaba con cierta gracia un palillo. Me acerqué lentamente para escuchar la conversación, y me senté cerca suya para dar un respiro a mis pies, que tras el paseo empezaban a molestarme seriamente.

- Por favor, señor, ¿sería tan amable de quitar los pies del asiento y sentarse correctamente? -Dijo lo más educadamente que pudo el ghoul de Thomas.

- Para mí esto es estar sentado correctamente -contestó el hombre, tirando el palillo al suelo.

- Por favor, señor, le ruego que baje los pies al suelo, porque…

- Así estoy a gusto -le interrumpió bruscamente-, si quiere que quite los pies de aquí bájelos usted mismo, si es que puede.

- Se lo estoy pidiendo por favor, señor, las reglas de este edificio obligan a mostrar educación a los invitados, y además…

- ¡Que los bajes tú mismo si quieres, que yo no los voy a bajar! -volvió a interrumpirle el hombre, dando muestras de su escasa paciencia.

- Baja los pies, Bruce, anda -dijo la mujer con voz dulce pero autoritaria-, que me estáis poniendo dolor de cabeza…

Casi automáticamente el hombre bajó los pies del asiento y se colocó correctamente.

- Gracias, señorita -dijo el ghoul a la mujer, agachando la cabeza en señal de gratitud.

Cuando el ghoul se fue me acerqué a ellos para presentarme.

- Soy Andy -dije en cuanto levantaron la cabeza-. Creo que trabajaremos juntos hoy.

- En efecto -dijo la mujer-. Yo soy Elena, y éste de aquí es Bruce.

El hombre, al oír su nombre, alzó las cejas en señal de saludo. Ahora los dos se habían puesto de pié, y la mujer sacó un folio doblado cuidadosamente que, según ella, contenía las instrucciones del Príncipe. Lo leyó en voz alta:

Vosotros tres sois los elegidos para acabar con la cuadrilla insurgente. Aunque estéis en inferioridad numérica, puede que algún Nosferatu os ayude a defender su territorio.

El recepcionista os facilitará un mapa reducido de la zona del alcantarillado de la ciudad, con la zona marcada donde mi espía me informó del posible ataque. Las alcantarillas no son zonas tranquilas, así que tened cuidado, y no llaméis la atención de nadie.

Vuestra reputación en la sociedad dependerá del éxito de esta misión. Suerte.

Atentamente, Mr. Thomas.

Bruce se dirigió al recepcionista (como si no hubiera discutido con él antes) y le pidió el mapa que Thomas decía. El ghoul (que sí se acordaba de la bronca anterior) se negó a dárselo si antes no le enseñaba el permiso de Thomas.

- ¿También necesitamos el permiso de ese Thomas para un mísero mapa? -le preguntó en tono burlón Bruce.

- Aquí está la carta del Príncipe -Elena apareció en escena para evitar otro posible conflicto-. Ahora danos el mapa que tenemos prisa.

Sin pararse siquiera a ver si era o no el permiso que buscaba, le entregó el mapa a Elena y nos salimos decididamente del edificio, pero antes de cruzar la puerta me senté en el suelo para mirarme las zapatillas, que seguían dando guerra. Lo extraño fue que no eran las zapatillas las que habían cambiado, sino mis pies: estaban mucho más duros y fibrosos excepto por la parte inferior, donde había una gran flexibilidad causada por una especie de almohadillas, idénticas a las de los animales. Los dedos parecían haberse alargado un poco más, dando otro plus de flexibilidad. ¿Qué me ha pasado en los pies?

- Eso es un signo de que has sucumbido a la bestia -dijo Elena, leyendo la confusión en mi mirada-. Los vampiros más cercanos a los animales adquieren rasgos de éstos cada vez que os dejáis dominar por ella.

Volví la mirada a mis pies. Eso me lo dijo Tuner, pero no pensé que se refiriese a esto… Olvidándome de las zapatillas, di la vuelta a los bajos del pantalón para que me taparan mis nuevos pies lo máximo posible, me levanté y salí a la calle, donde Bruce nos esperaba con otro palillo entre sus dientes.

Caminamos sin hablar apenas hasta la alcantarilla más cercana a la parte señalada en el mapa, sorprendido de lo cómodo que era ahora andar descalzo.

-Esta alcantarilla nos llevará directos a nuestro objetivo. Espero que estéis preparados, presiento que no nos lo pondrán nada fácil -dijo Elena mientras se adentraba en la oscuridad del mundo subterráneo.

Detrás de ella bajó Bruce, y por último, yo.

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Una nueva vida (Capítulo 9)

Publicado por consigueaccesorios en Viernes, 31 octubre, 2008

El resto del camino no tuvo incidentes, y conseguí escoltar a la mujer sin problemas hasta el edificio del Príncipe. Cuando subíamos por el ascensor, la mujer me dio la mano y me dijo que se llamaba Jen; yo la respondí con mi presentación más formal, y salimos del ascensor para entrar en la sala de Thomas. Éste se levantó rápidamente cuando me vio con Jen.

- Vaya, Andy, eres mejor de lo que pensaba, te he juzgado mal… pero me has demostrado que eres un vampiro digno de mi confianza. Gracias, y ahora si no tienes nada mejor que hacer rogaría que te quedaras y escucharas la conversación que vamos a mantener, porque a lo mejor necesitamos de nuevo tu ayuda -Thomas se acercó a la mujer, que le saludó con la cabeza gacha-. Saludos, Jen, mi preciada informadora -y volvió hacia mí para seguir hablándome-. Jen es una espía que trabaja para mí proporcionándome información muy valiosa acerca de los planes de un grupo revolucionario de vampiros, que piensan que su don no debe ser restringido por ningún tipo de norma, poniendo en peligro a toda la sociedad.

Thomas se dio la vuelta para sentarse, e invitó a hablar a la mujer con un gesto de su mano.

- He estado infiltrada en una cuadrilla insurgente que ha decido lanzar un ataque hacia nuestra organizada sociedad sin el permiso de sus superiores, intentando demostrar así su poderío. La cuadrilla está formada por cuatro vampiros bien preparados, aunque no muy antiguos. Según me dijeron, piensan atacar a los Nosferatu -tras ver mi expresión al nombrarlos supuso que no sabía de lo que estaba hablando-. Así llamamos a los vampiros que, tras perder todo signo de humanidad, viven en las alcantarillas para proteger nuestro secreto. Éstos son una gran fuente de información para nosotros, y, como decía, piensan liquidarlos mañana por la mañana en su propio territorio, intentando cogerles desprevenidos; pero cuando les dije que me parecía muy peligroso y que no participaría en la misión, parecieron sospechar algo, por lo que decidí venir a avisar lo antes posible. El ataque del camino confirma que he empezado a levantar sospechas…

Jen se llevó una mano al rostro en un gesto de preocupación, supongo que por la posibilidad de haber tirado por tierra tanto tiempo de infiltración. Para calmarla, Thomas continuó con el discurso:

- Gracias Jen. No creo que deba informar a los Nosferatu, porque si les atacan y ven que están preparados, las sospechas sobre tu doble identidad acabarán, y sabrán que les has traicionado. Prefiero mandar una cuadrilla que se encargue de eliminarlos -volvió su mirada hacia mí desde su trono, y me habló-. Tú, Andy, formarás parte de esa cuadrilla junto con otros tres novatos pendientes de mi aprobación. Mañana mismo estarán avisados y esperándote en este edificio para poneros en marcha. Si lo conseguís, me daré por satisfecho y no te pondré más a prueba. Ahora, si nos disculpas, debemos seguir con la conversación a solas.

Salí disgustado del edificio, porque pensé que mi trabajo acabaría en cuanto llegásemos al edificio, pero no podía hacer nada al respecto, así que decidí centrarme en la otra sensación que me envolvía: el hambre. Tras todo el trabajo hecho, decidí que la mejor manera de terminarla sería cazando a alguien para alimentarme. Eran más o menos las cinco de la madrugada, por lo que no había nadie por la zona. Me costó media hora encontrar a una víctima: un taxista que estaba fumándose un cigarrillo (sin saber que ese sería el último que fumaría) apoyado en su coche. Aproveché que no me vio para acercarme a él por la espalda, tan sigilosamente como podía, pero incluso desde la distancia el olor a sangre fresca hacía que mis movimientos fueran más desesperados, y un mal paso me delató: se dio la vuelta y me vió. Intenté saltar encima suya, pero se escondió a tiempo en el coche, cerrando la puerta tras de sí y haciendo que chocara contra ella. Mientras caía oí el sonido del motor arrancándose, por lo que salté al capó para evitar su huida; aceleró y volví a golpearme, esta vez contra la luna delantera. Fue entonces cuando sentí cómo la Bestia volvió a tomar el control de mi cuerpo, combatiendo la frustración que sentía en esos momentos tras dos ataques fallidos. Las garras volvieron a aparecer en mis manos, y atravesaron fácilmente el cristal, asustando al conductor, que saltó del coche en marcha al ver que no era un simple atracador. Mi cuerpo saltó también a la carretera (salvo que yo caí de pié, y él cayó dando vueltas) y se dirigió corriendo hacia el conductor, que estaba sentado en el suelo rebuscándose en el cinturón. A través de mis ojos vi cómo éste sacaba un revolver y me disparaba sin apuntar, dándome en el cuerpo, pero yo no noté ni el impacto: mi cuerpo seguía corriendo hacia él (que había soltado la pistola víctima del más puro pánico), y después de asestarle un garrazo en la tripa, haciendo que todas sus entrañas cayeran desparramadas al asfalto mientras su dueño intentaba asimilar lo que estaba viendo, le mordí. El taxista no gritó ni hizo ningún movimiento por resistirse, por lo que seguí bebiendo hasta que retomé el control de mi cuerpo.

Totalmente saciado, y tras lamerle las heridas del cuello y arrastrarle hacia el interior de su coche para intentar camuflar el ataque lo máximo posible, me dirigí hacia mi refugio.

Tumbado en el suelo de mi apartamento, ya que la cama estaba tapando una de las ventanas para mayor seguridad, recordé que el taxista me había disparado. Busqué el impacto, pero ya había cicatrizado. Pensé que las balas eran más peligrosas, pero ni siquiera había notado su impacto en mi cuerpo.

Para que luego digan que ser vampiro es una maldición…

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Una nueva vida (Capítulo 8)

Publicado por consigueaccesorios en Martes, 28 octubre, 2008

La chica giró el cuello rápidamente hacia mi posición, pero afortunadamente tras convertirme en vampiro mis movimientos alcanzaron una magnifica velocidad, y pude saltar instintivamente a una escalera de incendios medio derruida antes de que sus ojos enfocaran al lugar donde debía de estar. La chica no vio nada más que al gato asustado, y con un suspiro de alivio siguió caminando más rápidamente que antes. La seguí por las escaleras (pisando con cuidado el metal para que no me delatara) cuanto pude y bajé al suelo cuando vi que la chica giraba otra esquina en dirección a un callejón. Fui tras ella, dejando más espacio entre nosotros. La poca iluminación de la zona me permitía refugiarme de sus miradas fugaces, hasta que hubo un momento en el que ésta pasó de ser escasa a nula. Mis ojos se adaptaron muy rápidamente (demasiado rápido a mi parecer) a la oscuridad total, y pude ver a la chica tocando las paredes de los edificios para poder orientarse. Continué tras sus pasos, mucho más lento que antes, esperando a que ella también se adaptara a la noche. Pasé junto a un escaparate, y vi dos destellos rojos en su interior. La primera reacción fue alejarme del cristal con un salto, pero cuando me fijé detenidamente noté que el brillo rojo venía de mi propio reflejo, y en concreto de mis ojos. Me quedé quieto, observando el color rojizo casi hipnótico, que aunque era débil como para ser visto desde lejos, en distancias cortas eliminaba toda la posibilidad de hacerme pasar por mortal. Quizás por esto mis ojos se han adaptado tan bien a la oscuridad… Volví la mirada hacia la chica y vi que se alejaba bastante de mi posición, por lo que dejé atrás el escaparate y recorté distancias.

La seguí sin dificultad por zonas más iluminadas durante unos pocos minutos más (ya empezaba a reconocer la zona, y no quedaba muy lejos del edificio del Príncipe) hasta que me pareció oír algo por encima mía. La chica no pareció darse cuenta, pero yo miré al cielo justo a tiempo para ver cómo un hombre saltaba desde una ventana y caía ruidosamente entre la chica y yo. El intruso rozaba los dos metros de altura, y tenía muy buena constitución; vestía pantalones y chaqueta de cuero, y bajo ésta una camiseta ajustada marcaban unos músculos muy pronunciados. La chica se dio la vuelta y le vio (sólo a él, yo estaba agachado tras unos cubos de basura). El hombre dirigió una mirada a la mujer, y ésta cayó al suelo de rodillas atemorizada y balbuceando. Continuó avanzando hacia ella con una carcajada, la cogió con las dos manos y la levantó del suelo como si de una muñeca de trapo se tratara, mientras ella seguía gritando de terror.

Fue entonces cuando decidí que era hora de hacer algo, y le asesté un puñetazo en los riñones con todas mis fuerzas. El asaltante, sorprendido, soltó a la mujer (que cayó al suelo sin poder moverse, presa del pánico) justo antes de caerse él también. Olvidándose de su objetivo, fijó su mirada en mí y se levantó con los puños en alto. Intentó darme dos puñetazos, pero los esquivé fácilmente, respondiendo con un puñetazo en la cara y una patada en la boca del estómago. El hombre no cayó al suelo esta vez, pero se quedó un momento aturdido, tiempo suficiente para asestarle otro puñetazo en plena nariz (los huesos de ésta crujieron bajo mis nudillos), pero tampoco cayó al suelo, sino que volvió a responder con más puñetazos: uno me golpeó en el brazo (tenía mucha más fuerza de lo que parecía, pero eso no bastaba para vencerme) y el otro lo esquivé. Justo cuando iba a volver a golpearle, me sorprendió con dos golpes más que impactaron en mi cuerpo a una velocidad sobrehumana, casi imperceptibles, y que bastaron para tirarme al suelo a unos dos metros de él. Mientras me levantaba, éste sacó una pistola de uno de sus bolsillos y me apuntó con ella, pero no le dio tiempo a disparar porque me lancé para desarmarle. Sorprendentemente el golpe que le di en el arma no hizo que se le cayera, sino que la partió en dos. Me miré las manos anonadado, y lo que vi en ellas no eran dedos normales, sino garras parecidas a las de los animales salvajes, y que cortaron el arma como si se tratara de mantequilla. El hombre se quedó mirando lo que hasta hace poco fue su pistola, y tras otro impacto mío, se quedó mirando lo que hasta hace poco también fue su brazo izquierdo (que se lo corté de un “garrazo” con una facilidad espantosa); horrorizado, fue dando pasos hacia atrás, pero unos tentáculos negros como la oscuridad, tanto que parecían hechos de la propia oscuridad, surgieron desde su espalda y le agarraron fuertemente, impidiéndole todo movimiento, y dejándole a mi merced. Aprovechando la oportunidad le di el golpe decisivo: un corte limpio en el cuello hizo que su cabeza se separara del cuerpo, y cayó al suelo mientras se convertía en cenizas.

La mujer, ahora de pié, hizo que los tentáculos desaparecieran con un gesto de su mano, y acto seguido se dirigió a mí:

-¿Quién eres? ¿De dónde has salido y por qué me has ayudado?

- Soy un enviado del Príncipe para protegerte y que llegaras a salvo a sus pertenencias -contesté mientras me recuperaba del combate.

- Vaya vaya, veo que Thomas me necesita más de lo que pensaba… pues bien, vamos a verle.

La mujer se dio la vuelta y siguió su camino. Avancé tras ella, mirándome las manos de nuevo, aunque ahora habían vuelto a su aspecto normal.

Unas armas tan peligrosas no me vendrán nada mal…

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Una nueva vida (Capítulo 7)

Publicado por consigueaccesorios en Sábado, 25 octubre, 2008

Me desperté en la noche del comienzo de mi libertad. Mi creador no estaba conmigo, y debía hacer un trabajo para el príncipe y demostrarle así que soy digno de formar parte de ellos (aunque ni siquiera sabía qué tipo de trabajo me mandaría, pero sospechaba que fuera del tipo que fuera no me podría negar). Tenía que recibir noticias de un ghoul suyo, pero no me creía capaz de diferenciar ni siquiera un ghoul de un mortal, ni de un vampiro tampoco… así que decidí ir en su busca al edificio del príncipe. Aunque los vigilantes no me dejaron pasar, uno fue a hablar con su jefe para informarme. Cuando regresó lo hizo con un sobre que me entregó. Me alejé del edificio, lo abrí y leí una nota escrita de la mano de Thomas con una impecable caligrafía.

Sr. Andy:

La misión que se le ha otorgado consiste en la protección de una mujer. Debe usted seguirla y protegerla sin que ella sepa que lo está haciendo. Viste con traje de noche, morena, ojos oscuros. Deberás encontrarla sobre las 2:30 en la calle Golden Street. Únicamente se mostrará ante ella para protegerla de algún posible atacante, si no deberá escoltarla sigilosamente hasta que llegue al edificio del Príncipe.

Parecía sencillo, pero no tenía ni idea de donde estaba esa calle. Como me había alejado bastante del edificio del príncipe, a primera vista no había nadie para preguntar, salvo un perro callejero que vino a olfatearme las zapatillas. Me agaché para acariciarle mientras en mi cabeza daba vueltas al nombre de la calle una y otra vez intentando ubicarla. Golden Street…Golden Street…no sé donde podrá estar esa calle. Seguí acariciandole (parecía no tener nada en contra de que lo hiciera) y le pregunté a modo de broma si un podría hacerme de guía. Era ridículo, en vez de intentar encontrar la calle estaba hablándole a un perro, pero para mi sorpresa éste lanzó un ladrido (que yo entendí como una afirmación en mi cabeza) y se puso a mover la cola alegremente, como esperando a que le tirara una pelota para que fuera a recogerla, o a que le diera una orden.

- Llévame a Golden Street -fue lo que intenté decir, pero de mi boca no salieron esas palabras, sino dos potentes ladridos.

Me quedé extrañado, pero el perro volvió a ladrar (“sígueme” entendí) y empezó a correr. Sin salir de mi asombro hice lo que me pidió y le seguí.

Al cabo de diez minutos a muy buen paso, el perro se detuvo bruscamente y se dio la vuelta para mirarme a los ojos. Aunque no emitió sonido alguno, en mi cabeza pude oírle perfectamente: “Esto es Golden Street“. Tras confirmarlo mirando el nombre de la calle le acaricié la cabeza de nuevo en señal de gratitud, y se marchó corriendo. Lo que había pasado era muy extraño, sobre todo ese ladrido tan real que salió de mi garganta. Entonces recordé que en la noche de mi conversión Tuner ladró y los dos lobos respondieron ante su llegada, por lo que intuí que era un nuevo poder vampírico que heredé de él.

Conforme con mi nueva habilidad, me escondí en un callejón desde el cual veía la calle y esperé la llegada de la chica pacientemente. Al cabo de media hora, una mujer que coincidía con la descripción de la carta pasó caminando rápidamente justo por delante del callejón. A pesar de no haber visto expresión de miedo en su cara, sí que giraba nerviosamente su cabeza hacia todos los lados más veces de lo habitual. Me escondí detrás de un árbol para que no me viera, aunque me di cuenta de que no estaba detrás de un árbol sino subido al él. Desde ahí salté todo lo sigilosamente que pude hacia otro árbol que tenía a un metro en dirección a la mujer. Éste no hizo ningún ruido cuando caí sobre él, y la chica no parecía haberse dado cuenta de mi presencia, afortunadamente.

Seguí los pasos de mi objetivo de árbol en árbol con la maestría de un felino hasta que la chica cambió de dirección, metiéndose entre dos edificios de la zona antigua de la ciudad. Bajé al suelo de un salto, esperé unos segundos, y giré la esquina. Seguía delante mía. Comencé a andar sigilosamente pegado a la pared de los edificios, pero un gato callejero se asustó con mi presencia y salió huyendo con un maullido nervioso. La chica lo escuchó y se paró en seco. Siguió quieta, intentando escuchar algo más. Detrás suya estaba únicamente yo, por lo que si me veía descubriría que la estaba siguiendo, y fracasaría en mi misión, algo que seguramente no sentaría bien al príncipe. La chica giró el cuello rápidamente hacia mi posición…

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Una nueva vida (Capítulo 6)

Publicado por consigueaccesorios en Miércoles, 22 octubre, 2008

Fuimos hasta la ciudad y anduvimos por zonas en las que nunca había estado, camino de la residencia del jefe de la ciudad. Cuando Tuner veía a algún vampiro me lo señalaba y me contaba algo de él, lo que me hizo darme cuenta de que éramos muchos más de lo que me pensaba. También me aconsejó que memorizara el camino y que me buscara un refugio más adentro de la ciudad (en realidad dijo “que estableciera mi dominio”, pero supuse que se refería a eso), porque las afueras son peligrosas y de vez en cuando aparecía algún lupino con ganas de cargarse unos cuantos vampiros. Tras escuchar historias sobre vampiros antiguos durante los veinte minutos de trayecto, llegamos ante un edificio que creía que estaba en construcción, pero que por dentro vestía un manto de lujo.

- Recuerda que debes dirigirte a él como príncipe, ya que así es como conocemos al mandamás de la ciudad en la sociedad vampírica, y mostramos nuestros respetos hacia él.

Tuner saludó al guarda del ascensor (me dijo que era un “ghoul”, nombre que se le da a los mortales que trabajan al servicio de los vampiros importantes a cambio de un poco de su sangre para poder conseguir una minúscula parte del poder de éstos), y subió directamente a la sexta planta.

- El príncipe me dio permiso para crear un vástago, siempre y cuando le enseñara a cuidar del secreto de la no-vida. Ese eres tú, y tienes que demostrarle que no me equivoqué contigo. Sé educado y respetuoso, y conseguirás su permiso para permanecer en esta ciudad.

Las puertas del ascensor se abrieron, y mostraron una habitación con una puerta doble de madera de roble tallada, vigilada por dos de esos mortales…ghouls. Tras decirles Tuner que venía a presentarme ante el príncipe como su vástago, éstos abrieron las puertas, dejando ante nuestra vista una gran sala amueblada y adornada con un gusto muy anticuado a la par que elegante. Tenía las paredes con tela aterciopelada que hacían juego con la moqueta. En el centro, una gran silla a modo de trono servía de asiento a un hombre trajeado, que acariciaba a un gato en su regazo con elegancia mientras leía un libro. Al vernos entrar dejó al gato en el suelo (que corrió a esconderse detrás de un escritorio que ocupaba gran parte de la pared) a la vez que cerraba el libro y se acercaba a nosotros, estrechándonos la mano. En cuanto se puso en pié un aura de poder se apoderó de la sala. Su presencia llenaba la sala con majestuosidad.

- Saludos Tuner -éste inclinó la cabeza ante el príncipe en señal de saludo-. Veo que has traído a tu chiquillo -yo, imitando a mi creador, incliné la cabeza-.Bienvenido Andy, soy Thomas, Príncipe de esta ciudad. Tuner es un buen maestro, así que imagino que te habrá explicado todo lo relacionado con el mundo de la Estirpe.

¿Estirpe? era la primera vez que oía esa palabra para referirse a la sociedad vampírica, pero procuré no dar señales de confusión en presencia del príncipe.

- Así es, Thomas -respondió Tuner-. Todo lo que necesita saber por ahora se lo he explicado, el resto depende de él.

- Bien, pues entonces tienes mi permiso para permanecer en mi ciudad siempre y cuando cumplas estas seis normas, que será mejor que memorices bien: no revelarás tu verdadera naturaleza a los que no sean de la Sangre; tu dominio es tu propia responsabilidad, y los demás te deben respeto mientras se encuentren en él; únicamente podrás convertir a alguien con mi consentimiento, y si lo haces sin él tanto tú como tu chiquillo seréis ejecutados; si te diera permiso para crear progenie, hasta que les liberes estarán a tus órdenes, y sus pecados los pagarás tú; si cambias de ciudad deberás presentarte ante el príncipe de ésta, ya que sin su permiso no eres nada; y por último, tienes prohibido destruir a otro de tu especie a menos que yo declare su Caza de Sangre. Estas seis normas las has de cumplir al pie de la letra vayas donde vayas, o si no deberás aceptar tu castigo. Ahora, para probar si merecer pertenecer a la Estirpe, deberás hacer un trabajo para mí… Mañana mandaré a uno de mis ghouls en tu busca para que te informe. Ahora puedes irte.

El príncipe nos dio la espalda y se sentó de nuevo en su trono. Tuner me cogió del hombro y me empujó suavemente hacia la salida. Una vez fuera se detuvo frente a mí.

- Ahora eres libre. Creo que sabes lo necesario para poder sobrevivir, y poco a poco irás aprendiendo más. Desde ahora ya no estás a mi cargo, y sólo tú recibirás los castigos a tus pecados. Cuídate, y ya vendré a ver que tal te las arreglas tú solo -se giró y empezó a caminar él solo por la carretera. Antes de desaparecer de mi vista pude oírle susurrar-. Te estaré observando aunque no lo parezca.

Ahora me tocaba descubrir el mundo de la Estirpe por mi cuenta.

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Una nueva vida (Capítulo 5)

Publicado por consigueaccesorios en Sábado, 18 octubre, 2008

A la noche siguiente desperté pensando si lo que recordaba no eran más que sombras de un sueño o fue real. Me busque la cicatriz con la que todo empezó y allí estaba, recordándome que efectivamente todo fue real. Salí de mi piso para dirigirme al trabajo. Pensé si era necesario seguir trabajando en esta nueva vida, pero aunque no fuera así lo más probable era que en el camino encontrara a mi creador, o él me encontrara a mi, mejor dicho.

De camino al bosque miré la zona donde escondí el cadáver víctima de mi nuevo instinto depredador, pero para mi sorpresa no estaba allí. Me entró un repentino miedo por si lo había encontrado la policía y había descubierto que no tenía ni una gota de sangre, y descubrieran por mi culpa la posible existencia de vampiros. El miedo se incrementó cuando buscando en las imágenes del ataque que rondaban vagamente por mi cabeza no encontré recuerdo alguno de haberle cerrado la herida del cuello…todo fue culpa de la Bestia: en ese frenesí únicamente le importaba el hambre, y no proteger la existencia de su nueva raza.

Cuando llegué a la caseta (aún dándole vueltas al tema, buscando posibles salidas de esta situación) el guarda del turno anterior estaba esperándome enfadado. Me imagino que sería porque llegaba 30 minutos más tarde que de costumbre, pero ahora eso no me preocupaba en absoluto.

- ¡Que sea la última vez que llegas tarde!, ¡si no te gusta el turno de noche búscate otro trabajo, pero no me hagas esperar otra vez o se lo diré al jefe y que se busque a otro!, ¿entendido?

Noté algo extraño en mi interior, como una ligera chispa que hizo arder todo en mi interior. Notaba cómo la sangre me quemaba. Parecía que si no le contestaba acabaría consumiéndome por dentro.

- Que sea la última vez que se te ocurre gritarme, ¿me oyes? -le dije, usando un tono amenazador que no sabía que tuviera.

- ¡No pienso tolerar que me hables así! Ahora mismo iré a llamar al jefe, gilip…

Yo si que no pensaba tolerarle más tiempo, y le corté la frase con un puñetazo en plena cara. Seguía notando aquella sensación en mi cuerpo, y cuando le pegué me sorprendí de la fuerza con la que le di: la mandíbula se le rompió bajo mi puño con un chasquido, y cayó al suelo inconsciente a una distancia considerable.

- Así es como hay que hacerle callar, muy bien. Y además veo que ya sabes utilizar la sangre para aumentar tu fuerza, mi enhorabuena. -El hombre que me convirtió apareció a mi espalda, aplaudiendo lentamente. – Mi nombre es Tuner, y antes de abandonarte en este mundo he de enseñarte lo básico para que no pongas en peligro ni tu vida ni la de los demás, como por ejemplo no dejar cadáveres a la vista de cualquier persona que vaya a usar un contenedor… tienes la excusa de que fue la Bestia la que protagonizó tu primera caza. Te aviso de que por muy eficaz que pueda parecer, debes evitar perder el control a toda costa, ya que cada vez que le dejes el control de tu cuerpo irás perdiendo rasgos de tu humanidad, tanto físicos como psíquicos, y acabarás matando por placer tanto a desconocidos como a seres queridos, obligando a los vampiros de alto puesto a que pongan precio a tu cabeza, así que esconde mejor tus cacerías, ya que nuestra existencia no es del todo secreta.

Avergonzado por haber cometido semejante error en mi primera noche como vampiro no me atrevía a articular palabra, ya que no parecía de muy buen humor, así que seguí escuchándole en silencio.

- Hay mortales que están al corriente de nuestra existencia. Son los cazadores de vampiros, seres vinculados a la Iglesia Católica que matan vampiros creyendo que somos enviados del demonio. Algunos usan crucifijos, ajos, agua bendita y otros artilugios que sólo hacen efecto en las películas, pero otros están guiados por su Fe verdadera en Dios, y ese es un arma muy peligrosa. -Apartó de una patada las piernas del guarda, cogió una silla y se sentó. -Otra cosa que debes saber es que antes de alimentarte debes asegurarte de que tu víctima no es otro un vampiro. Los mortales son nuestra fuente de alimento, pero también puedes beber sangre de otro vampiro; ésta sangre rebosa de poder, otorgándote momentáneamente poderes que nunca imaginarías tener. Sin embargo, por muy tentador que suene, esto trae muy malas consecuencias y acabarías haciendo enemigos poderosos que acabarían destruyéndote.

Se levantó de la silla, y dirigiéndose a la puerta prosiguió:

- Ahora te presentaré al el jefe de la ciudad, el que maneja la comunidad vampírica, y después te dejaré libre. Aprenderás a manejarte y a usar tus poderes, aunque ya veo que algo sabes… -dijo, señalando al guarda que aún seguía inconsciente…¿o muerto? en el suelo. – La próxima vez que me veas ya sabrás dominar una buena parte de tus poderes. Y ahora pongámonos en marcha. Esperemos que el jefe te de permiso para permanecer en su ciudad tras este mal comienzo que has tenido, no me gustaría tener que matar a alguien de mi propia sangre…

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Una nueva vida (Capítulo 4)

Publicado por consigueaccesorios en Jueves, 16 octubre, 2008

Pude sentir cómo la sangre bombeada desde mi interior llegaba al cuello y pasaba a la boca del vampiro; pero lo peor de todo es que, como él dijo, no dolía, sino que disfrutaba. Me aferré a él deseando que no acabara nunca esa sensación de placer, pero mis brazos poco a poco se fueron soltando, y mis fuerzas se fueron junto con las últimas gotas de sangre. No podía quedarme de pié, pero el vampiro me sujetaba con firmeza, evitando que me cayera. Estaba al borde de la muerte, cuando vi que apartó sus colmillos de mi cuello, y tranquilamente se rajaba la muñeca con una uña. Gotas de sangre comenzaron a brotar, y colocó su brazo encima de mi cara para que el fino hilo de sangre goteara en mi boca. Tragué casi por impulso, y las fuerzas volvieron a mí. El hombre fue a apartar el brazo, pero se lo sujeté con fuerza y seguí bebiendo. Su voz gritando “¡Ya es suficiente!” fue lo que hizo que me detuviera. La sangre de mi creador me quemaba, pero me hacía sentirme vivo, y hambriento. El “desconocido” profirió un ladrido, muy real para haber salido de su garganta, y al instante dos lobos vinieron del bosque y se quedaron sentados, mirándole.

- Bebe de estos dos para coger fuerzas, y cuando acabes ve a por tu primera víctima mortal. Tu punto de vista de los mortales cambiará, y les verás como simple ganado.

En cuanto terminó la frase me lancé sobre el primero de los lobos, y mientras bebía vi de reojo que mi creador se metía en la espesura y desaparecía de mi vista. No me preocupé, simplemente quería saciar mi hambre, y por ello me lancé sobre mi segunda presa.

En cuanto le dejé seco me vi guiado por mis instintos a las afueras de la ciudad. No era consciente de adonde iba, simplemente iba. Pasé la zona donde sufrí el ataque sin miedo alguno a que apareciera otro lupino. Lo único que me importaba era encontrar a algún mortal, y seguí metiéndome en la ciudad. De repente, la Bestia fluyó en mi interior, abriéndose camino hacia la superficie: perdí todo el control sobre mi cuerpo, que se dirigía corriendo hacia un joven solitario que andaba despreocupado. Usó mi cuerpo para saltar encima suya, estampándole de cara contra el suelo. Hincó mis colmillos en él y tragó. Con cada bombeo del corazón de la víctima el frenesí iba disminuyendo.

Cuando el hombre definitivamente murió, la Bestia desapareció, devolviéndome el control de mi cuerpo. Miré al cielo, y vi que la claridad de los primeros rayos de sol aparecía por el horizonte, por lo que decidí no poner a prueba la resistencia de los vampiros a la luz solar y volví a mi apartamento (no sin antes esconder el cadáver apresuradamente entre unos contenedores). Al llegar cerré las persianas, tapié las ventanas y cualquier otro agujero donde pudiera pasar la luz, y me tumbé en la cama inundado por una sensación de poder y de excitación originada por mi primer trago de sangre humana. Decidí que ya era hora de descansar de mi primera noche en mi nueva vida, o en la No-Vida.

Para descansar de mi primera noche como vampiro.

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Una nueva vida (Capítulo 3)

Publicado por consigueaccesorios en Martes, 14 octubre, 2008

Volvimos al bosque, donde según mi “nuevo amigo” estaríamos a salvo, y empezó a hablar sobre lo que sería mi nueva vida, una vida que no pedí pero que no me apetecía rechazar.

- Por donde empezar, Andy…bueno, te preguntarás cómo sé tu nombre, ¿no? -al asentirle con la cabeza continuó hablando- Lo sé porque te he estado observando durante unos meses. No creas que soy un asesino, un psicópata o algo parecido, ni mucho menos; únicamente te observaba para ver si eras digno de saber lo que te voy a contar ahora, y ese lupino aceleró los trámites, por así decirlo: su ataque me avisó de que sabías demasiado para ser un simple mortal, y que iba siendo hora de contarte la verdad. Todo lo que crees saber sobre la vida y la muerte es falso, o mejor dicho, no es del todo cierto, y yo voy a abrirte los ojos al mundo real, aunque puede que no te guste lo que veas.

Se detuvo en medio del bosque, y me senté en el suelo para escucharle, como un niño hipnotizado ante un buen cuento.

- Nunca me habías visto antes porque mi especie no se muestra así como así a la vuestra. Para que no sepáis de nuestra existencia hemos estado durante unos cuantos siglos cubriéndola con un manto de secretos. Por eso te observaba, para ver si estabas dispuesto a conocer la existencia de los Vampiros.

A simple vista no parecía estar loco, pero lo que me estaba contando era… era… ¡era verdad! dejó que viera su boca, y cómo poco a poco los colmillos se le agrandaban hasta parecer, exactamente, un vampiro.

- Muchos de vosotros creíais que solo existíamos en las películas, pero ahora ves que somos tan reales como vosotros mismos. No pienses que voy a matarte -añadió al ver en mi rostro como el temor por estar frente a un monstruo ganaba la carrera a la curiosidad por lo que decía- si quisiera matarte ya lo habría hecho. Ahora atiende como has hecho hasta ahora, no tengas miedo.

Conseguí librarme del pánico y seguí escuchándole atentamente.

- Efectivamente, bebo sangre humana. Es lo que me hace inmortal; sin ella moriré, y con ella viviré eternamente, excepto que alguien consiga destruirme, y créeme, no es fácil destruir a un vampiro. Excepto el fuego y la luz solar, no hay nada que asegure nuestra destrucción. Y volviendo al tema… el alimentarnos siempre entraña un peligro: puede hacernos demostrar una falta de autocontrol, dando el control de nuestro cuerpo a la Bestia, al monstruo que tenemos dentro cada vampiro, y que sólo sale al exterior cuando está muy hambrienta o muy enfurecida, y solemos evitar ambos motivos cuanto podemos. Al beber de mortales no siempre les matamos, algunos quedan vivos y podemos cerrarle las heridas con nuestra saliva, para evitar dejar marcas de nuestra existencia. Así es como te cerré tu herida del mordisco.

Todo era demasiado raro para asimilarlo al instante, pero al menos estaba seguro de que por muy raro que fuera, era real.

- Médicamente estoy muerto: mi corazón no late, no necesito respirar, no me afectan las temperaturas porque mi piel siempre está fría… aunque todo esto se puede disimular haciendo uso de nuestras habilidades sobrenaturales, pero a cambio de un preciado gasto de sangre, por eso necesitamos ingerirla continuamente… y aun así, estoy vivo. Si muero, me convertiré en cenizas, lo que ayudará a no dejar huella alguna sobre mi existencia, sobre la No-Vida.

La No-Vida, beber sangre, vampiros…esto no es a lo que me refería cuando pensaba en dar un giro a mi vida.

- Este poderío basado en la sangre te dará muchas habilidades, como la legendaria fuerza y velocidad de los vampiros, la facilidad de curar heridas mortales, y otros muchos que no te desvelaré, sino que tendrás que descubrirlos por tu cuenta. Aún falta mucho por explicarte, pero será más fácil si lo hago cuando ya seas uno de los nuestros.

El hombre se dirigió hacia mí con paso lento pero seguro. Quizá podría haber huido. Quizá me podía haber negado. Pero el caso es que dejé que me hiciera uno de ellos. Así experimentaría el cambio que tanto deseaba. Cuando se acercó lo suficiente, me levanté. Éste me sujetó la cabeza con ambas manos, me dijo: “No te dolerá, al contrario…” y se lanzó a mi cuello.

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