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Amont – Capítulo 5

Publicado por champinon en Jueves, 23 diciembre, 2010

Este es una de las partes de un largo relato que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon.

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Esa noche la brisa traía el ruido del salón chino; el olor a carne condimentada que se vendía en cajitas para llevar en un carrito calle abajo.

Apoyado en la barandilla, Giorgio Grigio visualizaba la imponente ciudad desde un ático en el piso treinta y siete. Admirando la majestuosa urbe de Amont por la noche, Giogio era ajeno completamente al vuelco tan enorme que iba a dar su vida.

Sonó el timbre.

El hombre se giró extrañado, nunca había llegado a comprender por qué existían personas que llamaban a la puerta cuando la medianoche se había marchado ya, junto con los trabajadores y efectivos, quedándose en la calle la vida nocturna, a la vez tan luminosa y oscura.

Volvieron a llamar y el decidió ignorarlo.

Entró dentro de la habitación, cerrando suavemente la puerta de su cristalera para no dar pistas de su presencia. En ocasiones, tenía la impresión de que en su ático no vivía nadie en particular. No porque fuese un lugar desordenado, sino porque a veces, al mirarlo, le recorría un escalofrío al darse cuenta de la disposición elemental – copia de un catálogo de diseño barato – de los elementos que la rellenaban. Veía las piezas como algo impersonal, pensando que, en realidad, allí podría vivir cualquiera. Veía sus objetos de consumo como artefactos intercambiables que cualquier otra persona podía tener, como si las vidas pudiesen cambiarse como los niños hacen con los cromos, tu vida por la mía y viceversa.

Quizás el señor Bedlam viera las cosas del mismo modo. Giorgio no podía evitar preguntarse: “Si Fil tuviese mis posesiones ¿Qué haría él con mi diván de IKEA o mis carteles de vanguardia rusa? Bueno, algo se le ocurriría – pensaba después – por algo él es mucho mejor artista que yo” Aunque Giorgio sí que tenía una pieza que transmitía su personalidad. Que mostraba el mundo tal cual él lo concebía.

Un nuevo tono y él andaba por el salón. Se detuvo delante de su réplica del Guernica. Admiró sus colores claroscuros, sus formas afiladas y sinuosas a la vez. Admiró sus rostros, admiró sus gestos. Picasso lo pintó muchos años atrás para rememorar un hito histórico, aunque pocos se acordaban ya de esa historia. Giorgio Grigio siempre le había visto como un gran visionario. Las cosas en la actualidad eran como el Guernica. Todo era blanco y negro, las formas sinuosas reinaban durante el día y las afiladas mandaban durante la noche; y en los gestos de la gente se veía esa misma desesperanza. Todo era un gran Guernica del tamaño de un planeta. Una crítica a la vida, un estercolero de deshechos. Y él, entre otros, tenía la intención de dar un giro argumental a la historia. Por eso se unieron al proyecto Amont.

Llamaron de nuevo. Enojado, se dirigió a la puerta, pero sin atreverse a abrir. Se apoyó de espaldas a ella, mirando hacia la ventana que daba a la ciudad.

-  ¿Quién es? – No hubo respuesta. Esperó unos segundos y volvió a sonar el timbre. – ¿Qué diablos? ¿Quién molesta a estas horas?

Acudió a su escritorio. Su padre siempre había guardado un arma dentro de su mesa del trabajo, y al morir éste, Giorgio había decidido conservarla. Era una réplica de una magnum antigua. Su padre aborrecía las automáticas, o eso decía. Agarrando el arma se dirigió de nuevo a la puerta. Corrió los cerrojos que sonaron como golpes metálicos ahogados, justo en el momento en que sonaba el timbre por cuarta vez.

-  ¿Quién dia…? – No había nadie. Al abrir la puerta se percató de que el rellano estaba vacío. Nadie en los ascensores.  Dio un paso hacia el exterior, con el arma siempre por delante. Las cosas no cuadraban, y eso no le gustaba nada. Su pulso se aceleró.

Entonces tropezó con una caja. Era un envoltorio cúbico, de cartón, de unos sesenta centímetros de base. Su primer instinto fue el de abandonarlo allí, pero el mundo es extraño, y la curiosidad siempre puede a la razón.

Le sorprendió lo ligero de su peso, como si estuviese relleno de papel. Cerró la puerta y dejó la caja sobre la encimera de la cocina. Su debate comenzó. No comprendía nada, se sentía completamente desubicado. ¿Qué hacer? ¿Estaba esa caja dirigida a él? ¿Por qué una caja? ¿Quién la dejaría ahí?

-   Tengo que pedirle ayuda al viejo Johnny. Él me debe un favor – Se acercó a la nevera –  ¿Verdad? – Agarró la botella de Johnny Walker que le quedaba en el congelador. Se sirvió cuatro dedos en un vaso con hielo y, mientras sostenía éste en alto, observó la cocina a través de cristal curvo del vaso. Recorrió toda la angosta cocina hasta detenerse en la caja. – ¿Qué hago, viejo amigo? – le preguntó al vaso antes de bebérselo todo de un trago.

*plic* El sonido de un goteo le sacó de su ensimismamiento. Buscando el origen del mismo, se dio cuenta de que la caja estaba mojada por debajo.  Se miró las manos, no se había dado cuenta de que estuviese mojado.

El vaso cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Sus manos estaban completamente rojas. El líquido era sangre, y de dio cuenta de que  lo que fuera que hubiese dentro de la caja, realmente iba a suponer un cambio brusco en su vida.

Contuvo la respiración al acercarse lentamente. Uno de los cristales acabó de romperse debajo de su pie, pero a Giorgio no pareció importarle el dolor. Alargó la mano y la introdujo debajo de la solapa de cartón.

-  No hay miedo – dijo cerrando los ojos, mientras trataba de convencerse de lo irreal de la situación.  Tragó saliva y abrió el contenedor.

En realidad algo dentro de él ya sabía lo que iba a encontrar. Miró dentro y se sorprendió profundamente por no sorprenderse. Una oreja, en perfecto estado y bañada en sangre, reposaba sobre un acolchado de papeles. Al lado, una nota con una letra afilada rezaba:

“Van Gogh envió una de sus orejas en señal de amor profundo. Ésta no es mía, claro que no, pero creo que será capaz de apreciar éste pequeño detalle que he tenido con usted, señor Grigio. Reciba un cordial saludo.

Un  gran admirador de su trabajo. “

Tras vomitar, Giorgio consiguió sobreponerse y releyó el papel. Cuando lo estaba arrugando e iba por el teléfono para llamar a la policía, sonó de nuevo la puerta. Pero ésta vez no era el timbre, eran golpes. Los cerrojos comenzaron a ceder. Giorgio cerró los ojos.

-           La noche es afilada… y negra.

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Amont – Capítulo 3

Publicado por champinon en Jueves, 9 diciembre, 2010

Este es una de las partes de un relato largo que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon. Para más información y ver todos los capítulos, pulsa el enlace.

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Beck se frotó la frente, comprobó la hora una vez más y miró alrededor. En el salón, los comensales se ponían de pie con intención de marcharse ya; las mujeres sonreían escuchando las bromas de los hombres quienes,  seguramente, iban tan colocados que no sabían con exactitud si agarraban realmente a su pareja o  a otra mujer.

Rebuscó en su bolsillo una vez más, sacó la nota. “Señor Beck, sabemos perfectamente quién es usted. Queremos darle una segunda oportunidad, una razón de existir en ese mundo que tanto detesta. Sabemos que cierta parte de la sociedad le considera no apto para su trabajo debido a su edad, nosotros no pensamos igual. Creemos que aún tiene mucho que ofrecer” No decía nada más, no estaba firmada, sólo ponía una dirección… La dirección del Salón Clandestino.

El local obtenía su nombre por el lugar por el cual se accedía a él. Un callejón angosto y oscuro, cuyas paredes recubiertas de graffiti protestaban por el mundo en el que vivían. Las luces enjauladas de las farolas salpicaban aquí y allí sus colores rosas y amarillos de las luces de neón; pero lo que realmente caracterizaba la entrada al Salón era el sonido de las escamas de pintura desprendidas de los ladrillos y que crujían bajo los pies de aquel que andaba a través del callejón. Beck había ido alguna vez, le agradaba la cansada sonrisa del barman y el sabor a gasolina del whisky que allí servían, aunque lo más importante era que los comensales rara vez eran muy sociables… siempre que no fueras una mujer.

En ese momento, uno de los presentes se levantó. Vestía una gabardina oscura abierta hasta la cintura y sus ojos eran tan azules y tan profundos que, o bien se trataba de un modelo Kellington (lo cual implicaba que aquel hombre poseía muchísimo dinero); o bien eran modificaciones genéticas (lo cual implicaba que la familia de aquel hombre poseía muchísimo dinero). En cualquier caso, Beck sonrió, el olor de los billetes siempre alegraba a los viejos veteranos.

- Es usted demasiado joven para recordar la guerra ¿no es así, Señor Beck? – la voz del hombre era grave y portaba cierta melancolía. Parecía que era el fruto de años innumerables de cigarrillos consumidos. Beck se echó hacia atrás en el asiento y sacó un Dunhill de la solapa interior de su gabardina, ignorando la mano que el hombre le tendía.

- No trates de marearme, amigo. Preséntate y dime qué es lo que quieres de mí, o mejor aún, qué puedes ofrecerme.

El gesto del hombre no cambió un ápice, como si esperara eso de aquel que tenía delante. Realmente le conocía muy bien, llevaba tiempo estudiándole hasta que había decidido que era la persona indicada para el trabajo.

- Bien, directos al grano, como siempre – Añadió antes de tomar asiento delante del ex-policía. Estiró la mano y le quitó el cigarrillo que Beck estaba encendiendo. Éste, molesto en un principio, sonrió y sacó otro Dunhill más de su gabardina. El hombre de la voz grave habló de nuevo. – Mi nombre es Bob Muller, trabajo para una organización cuyo nombre no puedo facilitarte. Es una organización de ámbito secreto y necesitamos un empleado que acepte el trabajo de Jefe de seguridad que ha quedado vacante. Por su condición de organización secreta, no podemos darte demasiada información de lo que allí se lleva a cabo. Pero sí puedo… Comentar algunas indicaciones generales.

Beck cruzó las piernas mientras daba una calada a su cigarro y expulsaba el humo con un sonoro suspiro. Muller continuó:

- Se trata de una ciudad invisible llamada Amont. Allí llevamos y tenemos a algunas de las más maravillosas mentes del planeta. Las cuidamos y les damos una educación adecuada para que después sean capaces de contribuir a mejorar el planeta. Curas, adelantos tecnológicos importantes, ingenierías avanzadas,… hasta tácticos en combate…  son algunos de los ejemplos que allí entrenamos. Como comprenderás, tu pasado como militar y sobretodo como ex-policía, nos es muy útil si queremos mantener cierto orden dentro de nuestra “ciudad”. El trabajo sería básicamente el de director de la oficina de policía de la ciudad. Nada que no sepas hacer ya a la perfección debido a tu pasado. ¿Qué dirías, Richard?

Beck se incorporó un poco, miró la punta incandescente y sin volverse hacia Muller añadió.

- Diría que estás lleno de mierda en algún lugar dentro de un gran montón de mierda.

Muller asintió.

- Después te diría que cuáles son las condiciones y el pago que me ofrecéis.

El hombre se removió en su asiento. Quizás estaba siendo todo demasiado directo con respecto a lo que esperaba.

- Vamos, Richard. Nuestro perfil nos dice que estás tratando de engañar a la gente de la calle hasta que te maten cuando estés desprevenido. Te drogas y bebes constantemente y te acuestas con las prostitutas más sucias que encuentras con el fin de contagiarte de algo. Eres un suicida, no te gusta el mundo en que vives. Te estamos dando la oportunidad de cambiarlo. De renunciar a tu vida y empezar de cero. Tanto tú como nosotros sabemos que el dinero no te importa. Tienes una cuenta corriente plagada de ceros. Te ofrezco una vida, no un sueldo. Aunque si de eso se trata, podemos ofrecerte aquella cantidad que estimes apropiada.

El cuerpo de Beck comenzó a temblar. Miró a través de la ventana. Hacia la calle oscura que él sabía llena de mierda. ¿Cómo sería aquella ciudad invisible? No podía dejar de temblar. Quizás ya había aceptado en el momento en que acudió al café. Cualquier trabajo sería mejor que morirse en una habitación de hotel. Miró hacia Muller.

- Bien Bob, parece que me conoces mejor que yo a mí mismo y por lo que dices parece ser que esto me conviene. Pero deja de apuntarme con ese arma por debajo de la mesa, llevas así desde que te has sentado. Así no me dejas realmente libertad a la hora de elegir, ¿no crees?

El hombre sonrió.

- Claro – sacó ambas manos encima de la mesa. Tenía un arma antigua. Una Magnum 44 modelo 19, seguramente también era militar. – ¿Me acompañarás entonces? ¿Sin ocasionar problemas?

- Eh, yo siempre me porto bien; soy muy dócil, conmigo nunca hay problemas. – Y se levantó para acompañar a Muller allí dónde empezaría su nueva vida.

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Encerrados

Publicado por champinon en Viernes, 19 noviembre, 2010

Bueno, el relato de Explorador me llevó a escribir este mini-relato. En realidad no es más que una idea que rondaba mi cabeza, si alguien quiere coger el relevo y convertirlo en algo mejor, que lo haga ahora o calle para siempre. xD

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Otro golpe.

Llevan así semanas. Nos tuvimos que encerrar aqui. Estamos rodeados y esperando una ayuda que nunca llega. Somos cada vez menos, el hambre nos puede. Dix incluso, estuvo a punto de comerse el cuerpo de uno de los caídos el otro día. Parece que estamos perdiendo la razón. A pesar de sus protestas, no se lo permitimos. Eso nos convertiría en gente tan salvaje como ellos. Los que nos aporrean las puertas. ¿Qué es lo que quieren?

Matarnos… seguro…

Cuando levantamos las voces de alarma, alguien me dijo: “Dadles una oportunidad, parecen amistosos”. Pero todo fue una ilusión. Una ilusión creada en la idea de haber encontrado a alguien más en el Universo. Vida inteligente. Miradnos ahora.

Portan siempre sus símbolos de guerra, ahora ya entendemos el significado y la sinonimia, hemos aprendido la dura lección con tristeza y con pérdida. Estabamos ciegos de pura excitación, ahora solo hay cegera porque el dolor no nos deja abrir los ojos de nuevo.

Otro golpe. Gritos en ese idioma grotesco y extraño.

Mi hijo se escapó hace poco. No quería seguir aquí. Decía que vivir encerrados es peor que la muerte, que haría de embajador, que nos salvaría. Llevaba regalos y comida para los llegados del cielo. Pero no ha vuelto. Seguro que… No quiero ni pensarlo. Aún albergo la esperanza de que haya escapado… una leve esperanza.

La agresividad que muestran, destrozando todo a su paso con sus armas de proyectiles avanzadas. Quizás nos confiamos, quizás su apariencia nos engañó. Se parecen mucho a nosotros, son un poco más pálidos y de un color cercano al naranja.

Creedme cuando os digo que solo buscan la erradicación de la raza. Nosotros somos la primera de las bases en caer, pero no seremos la última. Su sed de sangre es impresionante. Incluso parece que se matan entre ellos, por algo que consideran valioso entre nuestros metales.

Hemos averiguado poco de ellos, se hacen llamar humanos, y llegaron a Alpha Centauri hará como cuatro semanas estandar. Que alguien nos ayude, por favor.

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Amont – Capítulo 1

Publicado por champinon en Martes, 16 noviembre, 2010

Este es una de las partes de un relato largo que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon. Para más información y ver todos los capítulos, pulsa el enlace.

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- Pero, ¿Por qué precisamente él? No es más que un perdedor.

La pequeña pantalla que tenían delante mostraba la figura de un hombre dentro de una habitación de hotel. Estaba tumbado sobre una cama sin sábanas, con las manos detrás de la cabeza. A su alrededor, sólo el punto de iluminación de una bombilla tintineante demostraba que aquello era habitable. Las paredes desconchadas dejaban ver las tuberías a través de los huecos que las desnudaban, las numerosas humedades del techo dibujaban formas sombrías y siniestras, y como mobiliario, tan solo un cenicero lleno de colillas, una silla, una cama y una neverita de cincuenta centímetros de altura.

Los años habían pasado de manera muy cruel por el cuerpo de Richard Beck, y pese a sus casi sesenta años las arrugas deformaban un rostro consumido por los vicios y las drogas.

- Ha perdido peso desde la última vez que le vi – continuó la misma voz.

En ese momento Beck se reclinó, cruzó las piernas sentándose sobre la cama en posición de medio loto, y alcanzó su paquete de cigarrillos Dunhill. En la almohada, a su lado, descansaba su Colt o491, su pistola de calibre .45 que le había acompañado durante toda su carrera como militar y policía. Ahora era un objeto decorativo en su vida, el cenicero tenía mucho más uso realmente.

Se puso un Dunhill en la boca y lo encendió con una cerilla, para recostarse de nuevo musitando algo en voz baja y agarrar la Colt, con la que comenzó a jugar.

- Sabes que es el mejor para el trabajo, Nathan – ésta voz era mucho más grave, cargada de experiencia, o quizás de odio.  – Ahora no tiene nada. No tiene trabajo, es un inútil. Cuando se fuerza una jubilación de un activo y no se le ofrece un puesto de oficial, normalmente acabas con un nuevo tipo armado en la calle, que acaba dando por culo en cualquier lado.

- Como si eso supusiera alguna diferencia. Ojalá usara el arma y nos quitara un par de problemas de encima.

En la pantalla, Beck se levantó tras apurar el cigarrillo. Fue hasta la nevera, sacó un petate de ella y, tras dar un largo trago, se colocó su gabardina de cuero.

Abrió la puerta. La habitación daba a una calle oscura. Afuera, la temperatura era lo suficientemente baja como para que la nieve que había sobre la calzada se mantuviera sin dificultad. El humo del tabaco que exhalaba por la boca pasó a ser vaho por el frío.

Avanzó y salió de la habitación, pisando la nieve que se quejó bajo su bota. La pantalla por la que le observaban, tintineó un par de veces y de ser una cámara fija en la habitación, cambió a un ángulo opuesto, viéndole entonces desde fuera, mientras éste cerraba la puerta a su espalda.

Caminó a lo largo del callejón, mientras encendía otro Dunhill.

- ¿A dónde irá ahora?

- Seguramente vaya a buscar un poco más de esa droga que consume. No entiendo cómo ha podido agarrarse a una mierda como esa. Es la basura más grande de la calle, “Dietilaminanfetamina” o algo similar.

- ¿Estás seguro de que es el más indicado para el trabajo? No es más que un drogata, un viejo y ahora también un paria.

- Precisamente. ¿Quién lo iba a echar de menos? Es perfecto para el trabajo.

- En eso te doy la razón amigo mío. Sabe manejar un arma, y es un hombre sin vida. Además, dudo mucho que sea una persona que haga demasiadas preguntas. Acuérdate que eso es lo más importante. Necesitamos efectividad y trabajo. – hizo una pausa prolongada mientras estudiaba las posibilidades. -  De acuerdo. Hagámosle pues una visita al señor Beck. Espero que se alegre por la oferta.

- ¿Tiene acaso una alternativa?

Ambos personajes comenzaron a reír. A través del cristal del monitor, se veía como Beck se acercaba a una mujer, una prostituta de cabellos de color del fuego y que pese a la escasez de ropa, aguantaba el frío gracias a la cantidad ingente de drogas que seguramente hubiera consumido. Le saludaba efusivamente como si se tratase ya de un encuentro habitual. Un pitido agudo resonó en el eco de la gran sala donde se encontraban; y la imagen desapareció, dejando tras de sí un punto blanco en un fondo tan oscuro como la propia habitación.

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Breathe Deeply

Publicado por champinon en Lunes, 8 noviembre, 2010

Bueno, he aqui un pequeño intento para que haya más relatos en el concurso de terror y que esto no sea un monólogo :P

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¿Por qué tuviste que marcharte John? ¿Por qué? ¿Es tan importante ayudar en la guerra, cariño? ¿Por qué tuviste que dejarme sola?

Agarró con más fuerza sus rodillas. Le hacía sentir más segura. Era lo que hacía cuando sentía miedo de pequeña. Los monstruos imaginarios le asaltaban por las noches y ella adoptaba la postura de un feto debajo de sus numerosas mantas.

Pero ahora todo era diferente.

Arriba, el crujido de la madera, lento, como si las pisadas que lo provocaban fueran muy pesadas y el siguiente paso se hiciera esperar agónicamente. Ella levantó la vista hacia la oscuridad del techo. Su única fuente de luz era la linterna que había cogido antes de bajar al sótano y meterse en aquel armario, reflejada, eso sí, en las numerosas herramientas afiladas que John había guradado cuidadosamente tantos años atrás.

Un nuevo paso, un nuevo crujido. Otra persiana cerrándose. Ella hundió la cabeza entre sus muslos, tratando de desaparecer para siempre. Se lo advirtieron hacía mucho tiempo: “No le abras la puerta al vecino. Está loco. Siempre suceden cosas extrañas cuando él está involucrado”. Pero ella no había hecho caso. Michael era un hombre simpático y afable. ¿Quién iba a pensar que ésto podría suceder?

Un grito le sacó de sus pensamientos. - ¡¿Mamá?! Mamá, ¿dónde estás? ¿Por qué está todo a oscuras? – Los ojos se le abrieron de golpe a la vez que levantó la cabeza con un rápido movimiento. - Jo…Johnny – las palabras, como un susurro inaudible, escaparon de sus labios.

De una patada abrió las puertas del armario. Su hijo estaba en peligro y ahora mismo no podía pensar en sí misma. Mi pequeño… Corrió en dirección a las escaleras, atrás quedaron linterna y objetos punzantes. No podía planificar, tenía que salvarle. Subió los escalones de tres en tres, trastabilló un par de veces y sólo la barandilla de las escaleras le salvó de la caída. Abrió la puerta con un golpe seco, aguantó la respiración y corrió en dirección a la entrada, sin detenerse un instante.

Delante de la puerta estaba la mochila. No había rastro de su hijo por ningún lado. La luz del cuarto de baño, el único circuito de la casa que no había sido manipulado, tintineaba mandando flashes intermitentes que cruzaban la oscuridad de las salas adyacentes. Ella miró a un lado, después a otro. ¿Dónde? ¿Dónde estás?

Corrió hacia las siguientes escaleras, pensando que con seguridad habría subido a su cuarto. Tenía que encontrarle… tenía que encontrarle antes que él. Pero el mundo se le vino abajo. – ¡Ahhhhhhhh! – provenía de la cocina. El intento de girar bruscamente en carrera hizo que derrapara y se estrellara contra uno de los espejos de la salita. Éste estalló en mil pedazos inundando la sala de brillos siniestros despedidos en todas direcciones, y llenando a la mujer de numerosas y diminutas heridas. Pero ella no sentía dolor. – ¿Johnny? ¿John? Hijo, ¿dónde estás?

Corrió hacia la cocina. Uno de los cristales se clavó con profundidad en la planta de su pie, obligándola a soltar un grito ahogado. Sin detenerse continuó avanzando, arrastrando la pierna herida y pegando diminutos saltos mientras se apoyaba en las paredes.

Finalmente llegó a la cocina. No veía nada. Las luces estaban apagadas. Sobre la mesa descansaban las verduras y los cuchillos de la cena que estaba preparando. Tenían un perfil completamente amenazador en la penumbra de la luz que se filtraba a través de las persianas. Cruzó la cocina con dificultad. Si el cuerpo mandara sobre la mente ahora mismo no se podría mover. Pero la necesidad de encontrarle le obligaban a seguir. Entonces le vió.

El umbral de la puerta ocultaba todo su cuerpo salvo su pie inherte y descalzo. Un reguero de sangre doblaba la esquina y entraba en la cocina bifurcándose por las juntas de las baldosas blancas del suelo. Las lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas y un grito desgarrador acompañó su sufrimiento. Se hundió sobre sí misma, cayendo de rodillas y apoyando la cara sobre sus manos sangrantes. El llanto hizo que finalmente acabara tumbada sobre el suelo blanco. Estiró un brazo para tocar con los dedos la sangre de su hijo. Cuando la sintió, caliente, un nuevo grito dió lugar a un profundo dolor. Estaba muerto.

Se encogió de nuevo, tumbada lateralmente. Se abrazó las rodillas. Tenía un profundo miedo, pero no por su seguridad. ¿Qué haría ella sin Johnny? Vivía para él. Lo era todo en su vida. No podía dejar de darle vueltas. Está muerto. Está muerto. Ni se dió cuenta de que lo estaba diciendo en voz alta, con un débil susurro.- Está muerto, está muerto… - Su  cuerpo se balanceaba adelante y atrás.

- … aprenderás. No debes tratar con otros. Yo lo soy todo para tí - Era la voz de Michael. – Todo el mundo te quiere ¿Es que no lo entiendes? Mi dulce Sarah. – Estaba de pie. En su mano tenía un cuchillo ensangrentado. – Tan perfecta. – hizo una pausa, se agachó sobre ella y le acarició el pelo – Eramos tan felices. Los tres. Tú, yo y el pequeño Johnny. Pero al final tuviste que cagarla. – Su intensidad iba subiendo – Yo era como un padre para él. Tu me querías, Sarah, ¡Nos ibamos a casar!, ¡JODER! ¿Por qué la cagaste, Sarah? – otra pausa, más prolongada – Pero una cosa tengo muy clara, sí – Poniendose de pie, acarició de nuevo el cuchillo. En su mirada había una clara locura. – Si no eres mía, no serás de nadie.

Ella no hizo nada. No ofreció resistencia. Se tumbó boca arriba y esperó el frío acero sobre su vientre. No quería vivir. No así…

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Extrañas sensaciones…

Publicado por champinon en Miércoles, 27 octubre, 2010

Extrañas sensaciones le recorrían cuando miró de nuevo hacia abajo. Allí seguía, en sus manos, tal y como lo había tenido siempre.
Se sentía confuso. Hasta tan sólo un par de días antes, no se había preguntado nunca por qué estaba ahi. Asumir las cosas, entenderlas como normales cuando siempre las has visto, cuando siempre las has sentido cerca.

Levantó la vista, hoy llevaría su experimento un poco más allá.

Salió a la calle. Sabía que su amiga le estaría esperando donde siempre, a la misma hora, con la misma ropa y el mismo gesto. Asi había sido todos y cada uno de los días desde hacía innumerables años, y no iba a cambiar ahora.

Corrió por la calle, el perro negro le ladró, haciéndole recordar lo que todos los dias en aquella fracción se segundo. El único momento de su vida en el que estuvo a punto de perderlo. De caerse de sus manos a un pozo infinito de tormento y agonía. La única vez que estuvo a punto de caerse y hundirse en la no-vida. ¿Qué sería? Sentía curiosidad. Hoy por fin saldría de dudas.

El viento soplaba en dirección contraria, pero él no se detuvo. Estaba acostumbrado a ello. La luz se marchaba con los últimos resquicios de sol, pronto encenderían las luces de la calle 8. Y él estaba tan cerca. Sabía de sobra que justo en el momento en que cruzara la última acera, las luces se encenderían cual espectáculo navideño, invadiendo asfalto y fachadas de colores vivos y brillantes. Y en ese momento exacto ella se dirigiría a él con las mismas palabras de siempre:

- Llegas tarde. Te perdonaré porque es la primera vez, pero dime por favor que no se va a repetir. – Las manos de ella, blancas y frías, contrastaban con el amarillo de lo que sostenían. Su mirada, triste y perdida, le recordó lo que una vez había sido para él. Tanto tiempo atrás, tantos recuerdos nostálgicos…

Se dieron dos besos. Al inclinarse, sus dedos se rozaron y ella se puso roja. Ese movimiento casi lascivo, que él siempre hacía tratando de despertar en ella una pasión que no existía. Las manos, sus dedos; la fruta prohibida que todo hombre desearia tener.

Se quedaron mirando el uno al otro hasta que ella, como cada día, dio el primer paso en dirección al paseo. Él no podía dejar de mirar su espalda, con aquel chal que le colgaba hasta casi las piernas, pero que dejaba al aire esos hombros desnudos que tanto anhelaba. Por un momento dudó, pero todo estaba perdido y él sentía una profunda necesidad.

Necesidad de saber.

El golpe fue rápido y leve. Lo suficiente para desestabilizarla y que cayera hacia delante. El huevo que había entre sus manos salió despedido en el aire. Se estrelló a unos pasos de ellos contra el suelo, y al contacto con éste, se deshizo en un mar de hormigas que en un vaivén holocáustico huyeron buscando refugio del aire y el frío.

La mirada de ella lo decía todo. ¿Por qué?

Poco a poco, sus facciones se volvieron grises a medida que la calavera se iba haciendo más notable. Sus ojos se hundieron hacia dentro buscando la oscuridad del pensamiento, y sus músculos fueron uno a uno desligando sus tendones para dejar el cuerpo inerte de la chica sobre la calzada.

Él no podía apartar la mirada. La figura tendida estalló en un haz de luces y serpentinas de colores, hasta deshacerse en vapores negros que, poco a poco, se fueron disipando en el aire, para después buscarse como los brazos y los labios de los dos amantes y juntándose de nuevo en la forma de una libélula de gran tamaño.

El insecto se acercó a él y, tras posarse sobre su mejilla unos instantes a modo de despedida, elevó el vuelo en dirección a la luna.

El hombre se giró y bajó la vista. Miró sus manos y levantó una de ellas, dejando entrever entre los dedos el cascarón de su huevo, el cascarón de su vida. Comenzó a andar hacia delante, hacia su casa. Ya nada sería igual. Nunca más.

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Estoy solo.

Publicado por champinon en Domingo, 14 marzo, 2010

[Extracto de diario, Prueba Xj-99, Sujeto 19, antes conocido como John Hyde]

Querido diario,

Ya no puedo más. Todo se ha descontrolado. Firmo con sangre lo que antes me parecía simple misterio.

Ayer acudí al instituto como de costumbre. Los chicos me miran raro, parece que mis pequeños desmayos son cada vez más frecuentes. Megan ya no me mira, me evita por los pasillos. Ahora que estábamos tan cerca, ahora que ya habíamos tenido nuestra primera cita,…

Los chicos que antes me atosigaban me miran con miedo, no sé porque el perder simplemente la conciencia puede generar miedo en otra persona. Creen que estoy enfermo,… ahora he podido comprobar el porqué de esto.

Cuando regresé a casa, mis padres me presionaron. He tenido problemas con los otros chicos, tengo impulsos depresivos, mis notas han bajado considerablemente. Mis padres, que me apoyaban y me veían como un genio, ellos que siempre me comprendieron y me ayudaron, ahora parecía que se habían vuelto en mi contra. Tuve un ataque de ira, les dije lo mucho que les odiaba, les dije que ojalá nunca hubieran existido, les dije que ojalá estuviera sólo, que ojalá no les hubiera conocido o que estuvieran muertos… muertos…muertos…

La cabeza me estalló de dolor una vez más, la agarré con fuerza, tratando de evitar un nuevo colapso, pero no fue así. De nuevo mi cerebro se bloqueó y caí inconsciente. Por suerte para mí, fue en mi habitación. Al ruido de mis gritos, subieron mis padres, ellos siempre me han querido, a pesar de mis duras palabras. Ahora os echo de menos. Os quiero tanto…

Cuando desperté estaban muertos. Creo que alguien los mató. Estaba llorando sobre sus cuerpos, escuché ruidos abajo. Estaban robando, creo. Tiraban cosas por el suelo. Eran muchos,… y parecían profesionales. Daban gritos, como si no les importara que yo supiera que estaban allí. Estoy seguro de que ellos les mataron, y que iban a por mí también.

Salté por la ventana. Me agarré con fuerza a la tubería y me dejé deslizar por ella. Conseguí escapar, por los pelos.

Pero ahora tengo que romper con todo. Tengo que iniciar una nueva vida. Solo. Maldigo el momento en qué deseé estarlo. Ahora sólo puedo pensar en ellos, en Megan,…

Ahora, con lo poco que pude cogerle a mis padres, compré una identidad nueva. Ya no existe John Hyde, él murió con mis padres. No quiero escribir mi actual nombre aquí, por si alguien consiguiera encontrarte, querido diario, pero quería que supieras porqué he de abandonarte, porqué ya nunca más compartiré mis dudas contigo. Tengo que encontrar una solución a mis problemas, quiero curarme, volver a ser normal, no quiero que la gente me mire con miedo. Además, tengo que esconderme, no sé porqué querían matarme, tampoco a mis padres, ellos son buenos, nunca hicieron nada. Pero, miralos ahora… ¿Qué haré yo sin ellos?

Todo continúa, tengo que saber, tengo que encontrar,… Al menos tengo un objetivo en la vida, por ahora.

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Rápido, dáte prisa

Publicado por champinon en Domingo, 7 febrero, 2010

Rápido, date prisa.

Salí de mi casa con las llaves en la mano. Su perfume aún se olía en el ambiente cuando atravesaba el umbral de la puerta. Corrí hasta el coche con nerviosismo. Abría la puerta con el pulso revolucionado mientras mi cabeza no dejaba de dar vueltas.

Qué idiota. La he dejado ir. ¿Por qué?

El ruido del contacto y del motor, me tranquilizaron durante unos momentos. Por fín ya estaba en movimiento. Ella había formado parte de mi vida durante tantos años. Realmente la quería con locura. No se porqué todo se había ido estropeando. Ahora ella se iba,… se iba para siempre. No podía permitirlo. Aceleré hasta que el coche volaba sobre imaginaciones, sobre recuerdos, sobre una calzada con principio y fin pero no trayecto. Las ruedas giraban sin parar. Oh, sí,… las ruedas se movían tan rápido como los engranajes de mi cabeza. Una y otra vez me decía a mi mismo lo idiota que había sido.

Allí está. Va camino de la estación de tren. Puedo interceptarla cuando cruce la calle. Así no tendré que bajarme del coche. Es una buena idea.

De nuevo aceleré. Sorteaba todo tipo de objetos y personas que se me ponían en el camino. Parecía que Dios no quería que llegara a ella. ¿por qué todo estaba contra mí?

Finalmente ella comenzó a cruzar la calle. Todo iba a salir bien, me dije a mi mismo. Conseguiría lo que más quería. Mi cabeza quedó en blanco cuando pensé lo único que importaba.

Te lo prometí y aquí estoy: Acabarás debajo de mis ruedas.

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James

Publicado por champinon en Miércoles, 3 febrero, 2010

- ¡James!, ¡Joder, James! ¿Qué cojones está sucediendo ahí?

Los gritos del sargento Vicary quedaban entrecortados por las ráfagas de disparos. Avanzó a través del complejo abandonado. Las paredes, a medio caer, dejaban a la vista cables y conexiones de todo tipo; el suelo, levantado en muchos lugares, sostenía una gran cantidad de polvo de escombros y restos de la construcción. No había demasiados muebles, y los que quedaban, estaban en su mayor parte destrozados.
De nuevo, disparos.

- ¡Maldita sea! – dijo una vez más – ¿quieres contestar, James?

Se colocó de espaldas al lado del hueco de una puerta. Con un rápido vistazo se aseguró de que estaba despejado, después hizo una seña con la mano para que los dos soldados que le seguían avanzaran hasta su posición. El silencio era casi más incómodo que los disparos. Lo único que rondaba por la cabeza de Vicary era saber si James aún vivía.

- James, ¿James?… – llamó en vano una vez más.

Se internaron en otra habitación, luego en otra, y así sucesivamente. Los disparos parecían cada vez más lejanos, pese a que ellos avanzaban en su dirección. Ningún rastro de su compañero.
El sudor resbalaba por la cara del sargento, se acumulaba en la nariz, y después caía con un ruido sordo, en forma de gota, sobre el suelo polvoriento.
De nuevo contra una pared. El rifle en alto. Las miradas de los soldados clavadas en él, expectantes, obedientes, confiadas. Tantas vidas en sus manos. Y ahora parecía que una quería escaparsele.

- Soldado, conteste, ¡conteste, maldita sea! ¡Es una puta orden! – El intercomunicador permaneció mudo. El silencio de la estancia quedaba roto únicamente por el movimiento de sus botas, la respiración nerviosa de los soldados, y alguna bala perdida en busca de un corazón desesperado.

Vicary avanzó, seguido de cerca. La nueva estancia era mucho más amplia que las anteriores. Parecía un gran almacén. Enormes montones, apilados por toda ella y cubiertos por lonas, escondían secretos bien guardados que esperaban nuevos descubridores ansiosos de riquezas. Vicary no era uno de ellos, lo único que quería era encontrar a James y volver a casa. Le había prometido que le sacaría de allí. Sólo era un crío.

El sargento se pasó la mano por la cara, restregando así toda la suciedad acumulada con la sangre y el sudor. Estaba cansado. Estaba cansado de buscar la senda de la autocompasión, del autodescubrimiento y de la deshumanización. Estaba cansado de la puñetera guerra. Estaba cansado de tener miedo. Y, sin embargo, no podía mostrar signos de flaqueza. La determinación del resto dependía de la suya propia. Cerró los ojos unos segundos, se concentró en su objetivo, y avanzó a tientas a la oscuridad de una nueva sala. De nuevo su mano marcó el camino a aquellos que tan bien guardaban su espalda.

Demasiado silencio. Ninguna bala en los últimos minutos. ¿Estaría James muerto? ¿o simplemente también estaba cansado y simplemente había decidido tirar el arma y contentarse con aceptar su destino?… El destino de todos.
Dio otro paso. Un tintineo desvió su atención. Después un ruido ahogado y movimientos descoordinados.

- ¡Granada! – gritó uno de sus hombres.

Pero para Vicary ya era tarde. Nunca cumpliría su promesa. Nunca encontraría a James. El viejo sargento cerró los ojos una vez más, pero ésta vez,… rezó.

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El Vuelo del Cuerpo (Parte II)

Publicado por champinon en Sábado, 16 enero, 2010

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La operación marchaba bien. Habían conseguido encontrar las minas abandonadas con facilidad gracias al mapa que les había facilitado Walter, el alcalde. La llegada hasta allí fue sencilla. Dirk, Wyatt, Hoban y “Quick Mickey” iban en la Sky Surfer, la vieja nave de Wyatt, un modelo mucho más pequeño que “el Cuervo” pero, a diferencia de éste, con armamento. Así pues lo usaban como caza o transporte ligero,  cuando dejaban la lanzadera que no estaba ocupada por Arhyssa.

Wyatt se quedó al cargo del caza, mientras Michael y Dirk entraban en el complejo. Hoban iba detrás de éstos con la mochila de las cargas a la espalda, avanzando un poco más lento. El capitán confiaba en que los delincuentes no fuesen más que un hatajo de borrachos y que no se esperarían una trampa como la que pensaban tenderles. Por eso esperaron hasta que se hiciera de noche para realizar la operación, cuando estuviesen durmiendo plácidamente. Por la cabeza de Van Ulrich sólo pasaba una y otra vez la imagen de los pobres desgraciados despertandose con el sonido de las explosiones. Este pensamiento conseguía arrancarle una sonrísa facilona.

Avanzaron hasta un lugar donde se abría una gran explanada. Antes era el patio del complejo, el lugar a donde se sacaban los minerales extraidos y se clasificaban y preparaban para el transporte. Ahora era usado como hangar improvisado para las dos naves ligeras.

Michael avanzaba el primero, con el revolver en la mano, agachado para evitar que algún posible guardia les avistara. Se detuvo detrás de unos bidones y les hizo una seña a sus compañeros para que avanzaran hacia él.

- Capitán - dijo el encargado de seguridad – esto será pan comido.- Le dió la vuelta a la pistola colocando por delante la culata. – Noqueamos al guardia y cubrimos al chico para que coloque las cargas.

Hoban de nuevo fue a responder, levantando un poco la mano, pero fue interrumpido por Dirk.

- No te olvides del plan. Una de ellas nos la llevamos para venderla en el siguiente planeta. Y me llevaría las dos si tuviese suficiente espacio en la bodega del Cuervo.- La cara de resignación del capitán demostraba que le dolía realmente deshacerse de dinero fácil.

- Muy bien, cap. Usted dirá ¿Cuál de las dos le gusta más o le parece que pueda ser mejor botín?

Dirk levantó la cabeza por encima de los bidones tratando de ver cuál parecía estar en mejor estado. Las dos naves eran quizás un poco más grande de lo que Van Ulrich había podido preveer, pero no importaba mucho. Ambas estaban viejas y parecían oxidadas con una forma que recordaba a los viejos helicópteros de combate, pero sin hélices. Tenían, por lo que pudo apreciar, motores de reacción. Eso significaba que sólo podrían usarse en distancias cortas, puesto que las naves interplanetarias disponían de motores de pulso. Si estuviera Minek aquí sabría decirmelo con seguridad, pensó el capitán. Tenían pequeñas alas a los lados, seguramente relacionadas con la estabilidad al entrar en atmósfera y además como soporte para el armamento, un par de cañones automáticos bajo cada una de ellas.

La única diferencia que encontró fue que uno de las naves parecía tener los motores más ennegrecidos, así que se basó en eso para su elección. Hizo un gesto con la mano para indicar que se llevarían la más alejada de su posición.

- Vamos chavalotes – susurró el capitán – no podemos fallar, sólo tenemos un intento. Confío en vosotros. A mi señal.

Ésta frase no hizo sino poner más nervioso a Hoban. Era su primera incursión desde que se uniera a la tripulación  del cuervo, y el hecho de llevar una carga explosiva a la espalda no era un factor que le ayudara mucho a retener la tensión. Pero siempre había sido un chaval confiado y la voz no le tembló cuando se dirigió al capitán Van Ulrich.

- Señor, sigo pensando que si vamos los tres es más sencillo que nos descubran. - Hoban era muy sigiloso, se había acostumbrado a moverse entre las sombras de la noche para poder sobrevivir. Pero a ojos de éste, era extraño que los bandidos no se hubiesen despertado ya con el sonido que hacían los dos grandes hombres que le acompañaban. Un ronquido proveniente de la choza le hizo darse cuenta de que aún no estaban en peligro. Así que continuó. – ¿Por qué no os centrais en cómo salir de aquí con la nave 2 y me dejais a mi que coloque las cargas?

Pero Michael, temiéndose el perderse la diversión, volvió a cortarle.

- No hay más que hablar, tú encargate de las explosiones mientras yo noqueo al guardia.

- No te arriesgues a despertar a nadie si no es necesario – Contestó el capitán ante la cara de protesta de Michael. E hizo el gesto con la mano para que avanzaran.

Champinon. 16 de enero de 2010

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En el agua

Publicado por champinon en Miércoles, 29 abril, 2009

“Nada, nada todo lo que puedas. Hay un tiburón detrás de tí. Cerca de tus pies sus afilados dientes sisean con el agua, tiene hambre. Estira los brazos lo más lejos que puedas, agarra el agua como si fuese el último desfiladero al que amarrarse antes de caer al abismo. Empuja después el agua como si ello pudiera frenar al escualo que te persigue. No respieres, piensa lo mínimo, sólo esfuerzo. Eres ahora una máquina, mero instinto de supervivencia. ¡Cuidado! Se acerca. Un último esfuerzo.

Pero… ¿qué es esto? ¿una pared?. ¡Mierda! Tengo que huir.

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Mientras la megafonía anunciaba el final de la carrera, el españól Rafa Muñoz salió del agua y corrió pasillo abajo hacia los vestuarios. Lo que dejaba a sus espaldas… la cara de sorpresa de sus contringantes, una carrera perfecta y una marca impresionante… nuevo record del mundo en prueba corta de mariposa.

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A Rafa Muñoz, porque lo que hace: “no es normal”

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Mensaje de Navidad de S.M. El rey

Publicado por champinon en Lunes, 27 abril, 2009

Antes de nada, siento la tardanza, y espero que a partir de ahora pueda retomar con mas calma y mas ganas lo que he dejado, sin darme cuenta, apartado de mi vera.

Para todos los que en algun momento me han leido con ganas, les dedico esta poesía con la que entro en el concurso de este mes. mas vale tarde que pajaro en mano, digo…que nunca.

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Españoles,

la Reina y Yo, servidores,

os demostramos nuestras atenciones,

tocandos los… corazones.

Un año más,

como viene siendo habitual

con el típico mensaje de navidad.

Lo que he de decir primero

es, no se me enfaden ustedes, pero

sufriremos al menos otro año entero

a nuestro querido y odiado Zapatero.

Mas no se preocupen, que yo no me voy,

además imaginen que sería hoy por hoy,

tener en lugar de “ese” a Rajoy.

Hablemos pues de economía,

bueno, la de todos menos la mía;

del paro que hay hoy en día,

aunque cuatro millones nos parezcan tontería.

Pues, por encima de “Robenes y de Mesis”,

está el dichoso tema de la crisis,

que ahora duele más que una tisis.

Pero, esperad, ahora me acuerdo.

La próxima semana hay encuentro,

Madrid y Barça serán el centro

de atención de cualquier medio

deportivo. Y que a mí nadie me diga

que el Madrid no gana la liga,

que me caen más mejor, los del centro que los de arriba.

Y, hablando de las televisiones,

por favor compañeros, por favor señores,

dejen de tocarnos… las programaciones,

y devúelvanos una tele de valores.

Algo que no produzca tortura,

y no esto que nos lleva a la locura,

lo que todos conocemos como tele basura.

Y ya me despido queridos hermanos,

no sin antes agradeceros y recordaros

que no escucheis a los republicanos,

manada de cochinos, sucios marranos.

Y tranquilos que el año que viene más,

repasaremos la actualidad

como cada año, siempre en Navidad

con el mensaje de Su Real Majestad.

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