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PARA TI:

Publicado por caminosdeviento en Martes, 27 enero, 2009

2008 ya ha quedado atrás, como cada segundo de mi vida  al llegar el que le sucede. Y no me da pena, al contrario, hace que una ansiedad extraña por abarcarlo todo se apodere de mí. Sé que no viviré para hacer todo lo que quiero, pero me da igual, eso sólo debe atormentarme llegado el momento, y estaré muerto, asique ¿a quién le importa?

A mí no, afortunadamente.

Tengo una vida maravillosa por delante, y no me había querido dar cuenta. No te deseo mal ¡ni siquiera me importas!

Este año pasado algunos desengaños y acontecimientos me han recordado a alguien al que por poco olvido completamente. Yo mismo. Lo he pasado mal, pero ha sido el precio de ser libre por primera vez desde que mis ojos vislumbraron el cielo.

Me he descubierto crecido, fuerte y seguro.

Me he descubierto persona.

A partir de ahora seré quien y como quiera para lo que quiera, pero, ante todo seré alguien con una forma de ver y hacer las cosas, alguien con la seguridad para tener una opinión y mantenerla cuando incluso la gente cercana ni la respete. Alguien capaz de tener su propio criterio, y, aunque siempre dispuesto aprender,  alguien capaz de defenderlo. Alguien que sabe hasta dónde llega su orgullo y tras qué línea empieza su dignidad, dispuesto a ser juzgado, pero consciente de que juicios y jueces le importan y cuáles no.

Alguien que ante todo sabe quién es, y que no necesita que nadie se lo diga…

Tu gobierno del terror ha terminado.

Adiós.

 

 

Cid

Publicado en Zona Basura | 1 comentario

Ilegalización!!

Publicado por caminosdeviento en Jueves, 15 enero, 2009

Droga.

En realidad ese es tu nombre. Eres una adicción inmediata y enfermiza, que lleva a una necesidad de consumir más y más intensamente cada vez, que martiriza con un mono repulsivo.

 

Me caes mal. Y lo cierto es que odio no poder odiarte. Odio esa manera tan malinterpretable que tienes de insinuarte, esa espada de doble filo. Si te sale bien has jugado con astucia, si te sale mal eres inocente, yo soy el loco, has jugado con prudencia. Nunca pierdes.

Alguien tendría que prohibir eso. Alguien tendría que prohibirte, a ti y a ese contonear cadencioso de tus caderas, al olor que se te escapa de los pechos y las trenzas.

 

Prohibida.

 

 Tendrías que llevar un cartel de:

 “¡cuidado, atracción inminente!” , para que pudiese echar cuerpo a tierra antes que descubrirme imaginando el sabor de tu boca durante horas y con la mirada perdida;

 

Prohibida…

 

una leyenda que advirtiera sobre tus devastadores efectos sobre la dignidad humana y la estabilidad emocional :

“ÉSTA PUEDE MATAR”

“LAS AUTORIDADES ADVIERTEN QUE AQUÍ LA AMIGA PERJUDICA GRAVEMENTE LA SALUD”;

 

¡¡Prohibida!!

 

un prospecto con la interminable lista de los efectos secundarios de mirarte durante un espacio de tiempo demasiado prolongado

“migraña”, “frustración aguda” , “inseguridad”, “perdida del propio autoestima”, “alucinaciones”, “déficit de atención

 

¡Prohibida, prohibida y prohibida!

 

Al menos una alarma en esa mirada felina que advirtiese a los imbéciles desprevenidos como yo de que aunque tus curvas son perfectas tu lengua es áspera y afilada, de que no sólo eres astuta, también profundamente retorcida.

 

i-l-e-g-a-l-i-z-a-d-a

 

No.

No, no, no… Espera, me corrijo.

Mierda.

¡Seré imbecil!

Ya llevas la lujuria escrita con neón rojo en la frente ¡ese es el problema!

Y si estuvieses prohibida te desearía aun más.

 

Cid

Publicado en Romántico | 4 Comentarios »

NO ERES NADA

Publicado por caminosdeviento en Martes, 13 enero, 2009

No eres nada.

Día tras día se hace tan pesado arrastrar tu propia vida que llorar ya no contribuye a recordarte siquiera tu patética existencia.

Ya no sabes por qué lloras…

¿Lloras aun?

¿Respiras acaso?

Tu sangre ha ido volviéndose gris. Si tuvieses el valor de abandonar este mundo por tu cuenta el cuerpo se te desharía en una columna de suspiros y humo al cerrar los ojos.

Pero no tienes ese valor, esa cobardía, llámalo como quieras. Te limitas a ver amanecer y anochecer tras tu ventana esperando desvanecerte sin más.

Ni siquiera te mereces estar muerta.

Tu corazón hace tiempo que ya sólo siente lo mismo, tus labios se han apagado hasta fundirse con el rostro en una estática mueca de indiferencia. Ya ni te brilla la mirada, ahora es un pozo de la más profunda e indescriptible nostalgia.

Si no fuese yo el que está muerto pondría fin a esa manía tuya de despreciarte, de despreciarlo todo, sólo para que nadie más pudiese ser testigo de cómo se desaprovecha la suerte de tener una cadencia dentro del pecho.

No eres nada.

Incluso yo soy más que tu, y ni siquiera existo.

               

Cid

Publicado en Surrealismo, Tragedia | 5 Comentarios »

1641-El abanico de hierro (I)

Publicado por caminosdeviento en Lunes, 5 enero, 2009

El atardecer derramaba fuego sobre Madrid.

Los últimos transeúntes erraban en silencio esquivando en vano los aires inmundos y el polvo que levantaban los carros. Trágicamente, la lenta e imparable decadencia consumía un imperio en que, en el fondo, siempre se había puesto el sol. En pocos minutos la grandiosidad de la destronada capital del mundo sería poco más que una ciénaga de sombras y desgracia.

 

Mientras el cielo y la tierra se fundían en un fulgor escarlata, un hombre atormentado por el amor y los recuerdos caminaba sin rumbo, luchando por mantener la sobriedad y la cordura. Don Álvaro de la Torre. Joven, adinerado, diestro en la estrategia y la espada, capitán de la guardia personal del Duque de Medina-Sidonia… pero ¿qué importaba aquello ya?. Nada. Desde el día en que la conoció nada ni nadie más ocupo sus pensamientos. Su deber mismo, su vida, su honra, todo había perdido el significado. Había estado tan cegado…

¡Desbaratando totalmente su vida! Ella, una simple criada de su señor, la hija de un herrero, la pasión desatada escondida bajo la piel de un ángel. Una traidora. La dama del abanico de hierro.

Se estremeció recordando aquel extravagante objeto. Ella le confesó que su madre, en el delirio que la consumió durante el parto, dijo a su marido que la Virgen tenía una misión para su pequeña, que les había ordenado forjar un abanico con hierro y entregárselo al cumplir los diez años. Cuando por fin abandonó este mundo, desangrada, el pobre hombre se sumió en una espiral de desesperación de la que no habría de salir jamás. Su hija no sabría nada hasta pasado mucho tiempo, hasta el día en que le entregó un objeto extraño. Nunca llegó a comprenderlo del todo, decía, pero el amor a su padre ligó ese objeto a su cuerpo y a su destino.

Álvaro recordó las lágrimas, puras, el tacto delicado de aquel rostro sobre su hombro, las confidencias, la melodía de aquellas palabras que ahora le apuñalaban el vientre… ¿Sería verdad acaso?¿Sería verdad siquiera algo de lo que le contó? Su amor…

Fue todo una farsa.

Había acariciado sus cabellos de ébano, las curvas perfectas de su cadera y sus pechos, había cabalgado la infinidad azul de los mares irisados de su mirada. La había poseído como ningún hombre habría nunca soñado, pero, en el fondo, nunca había sido suya.

El sol expiraba exhalando el último de sus resplandores y una vez más el negro se apoderó del mundo. Don Álvaro levantó la mirada, jurando al cielo que todo acabaría esa noche. Tenía una misión, una última misión y no iba a fracasar.

 

 

Ni muy lejos ni demasiado cerca, la iglesia de San Felipe abría sus puertas a la oscuridad con las exequias de un noble cortesano. Tendido bajo el altar, su anciano cuerpo reposaba a la luz de las miles de velas que desgarraban las formas de la capilla. Nadie rezaría por él esa noche, tendría suerte si al menos Dios lo recordaba. Caminando apresuradas dos sombras turbaron la paz, cruzando el transepto y adentrándose en la escalinata  que descendía a las entrañas del edificio. Con el resplandor de un candelabro, el párroco y el hombre embozado atravesaron el laberinto de sepulcros y estrechos pasillos que formaban aquellas catacumbas, donde un centenar de calaveras apiladas contemplaban la eternidad en silencio; allí la piedra misma de las paredes hablaba de tiempos que los hombres ya no recuerdan. Las dos figuras se deslizaron entre los nichos mientras, docenas de ratas los observaban, chillando con curiosidad. Al final de un pasadizo comenzó a entreverse otra luz. Una doncella les esperaba, meciendo un objeto metálico entre las manos. Se reunieron, y por fin, aunque con premura, el párroco habló:

-Tenga a bien vuestra merced de escucharme cuidadosamente, Don Miguel.

Ella levantó la cabeza. La luz dibujó trazos de ámbar en sus suaves facciones,

-… Es esta la dama de cuyo lance os hablé, una espía de su majestad.- calló un instante y Miguel pudo observarla con más detenimiento. Era esbelta, morena; el cabello recogido sobre un cuello de cisne que delataba una falsa fragilidad. – Sabed que aquí lleva refugiada desde el ocaso, y que, como os he venido informando, había de encontrarse con su enlace en el puente de Segovia para despachar asuntos reales. Ha sido descubierta por unos traidores que pretenden impedir que la información llegue a su destino. Vuestra misión no es sino escoltarla hasta el puente.

-Fray Marcial…- el embozado quiso preguntar algo, pero éste le interrumpió, cargado de una inquietud difícil de disimular.

-Hijo mío, bien sé que sois hombre de palabra, pero también que son las palabras las que os pierden. Es menester que sepáis cuanto menos de esta empresa. No perdáis un instante más Miguel, el Señor os lo recompensará,  recibid vuestro pago y mi bendición.

 

La solemnidad de su voz se fue apagando en un eco que pareció eterno. Entregó al embozado un candil y un saquito, quien tras comprobar su contenido, tomó a la mujer de la mano y  se adentró en la oscuridad.

 

 

Cid

Publicado en Aventura, Histórico, Relatos por Capítulos | 4 Comentarios »

Réquiem

Publicado por caminosdeviento en Sábado, 3 enero, 2009

 

 

            El llanto nublado de Octubre cae entre titanes de hormigón y cristal, mientras el silencio de los caminantes se funde con el asfalto y el agua.

La ciudad ha muerto.

Las sombras vagan por sus aceras envueltas en los cascarones vacíos de lo que un día fueron personas; los niños buscan en las calles el rastro de la luz del sol, incapaces de recordar su caricia.

La ciudad ha muerto.

Su cadáver yace postrado donde siempre estuvo, y donde por siempre estará, condenada al abandono en una eternidad que la olvidó incluso antes de concebirla.

La ciudad ha muerto.

La brisa ya no arrastra el aliento gris de sus corceles de acero. Los hombres han dejado de pensar en el presente y de creer en el futuro. Ya no hay vigor en las miradas, solo oscuridad. No hay día. No hay noche. No hay vida. No hay esperanza…

La ciudad ha muerto.

Murió el día que tú la dejaste, abandonándome. El eco de tu voz dejó de oírse con los años, tu perfume se disipó entre las nubes y el calor de tu aliento desapareció arrastrado al vacío que nació con tu ausencia.

 

            Quizás murió hace más de lo que creo. Quizás era tu luz la que iluminaba las cosas, haciéndolas de otra manera. Quizás. Pero poco importa ya… Te has ido y la ciudad ha muerto, y yo he muerto con ella.

 

 

 

 Cid

 

 

Publicado en Poesía, Surrealismo, Tragedia | 13 Comentarios »

 
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